El inicio de las campañas reveló el grado de conflicto, la falta de originalidad, las ansias de poder y las inseguridades de cada uno de los candidatos presidenciales. Contrastan con la actitud de un candidato independiente que me parece que está haciendo muy bien su trabajo: Pedro Kumamoto. Un garbanzo de a libra, una curiosidad en medio de la guerra de lodo.

¿Qué ha hecho Kumamoto que lo distingue de los independientes  —como Margarita Zavala, cuya postulación es cuestionable— y de los candidatos partidistas? Lo primero, tener un currículum muy aceptable y consistente desde que era líder estudiantil en el ITESO y a su paso como diputado local en el Congreso de Jalisco. Lo segundo, es que comprende muy bien el tema de la ciudadanización de la ciudadanía, valga la redundancia, y apuesta por incrementar la participación de los ciudadanos en los procesos de formulación de políticas públicas. Tercero, como diputado local, su propuesta de #SinVotoNoHayDinero fue una advertencia que se convirtió en realidad cuando la Suprema Corte determinó que era constitucional la reducción hasta de 60% en el financiamiento a partidos políticos aprobada por el Congreso de Jalisco en 2015. Con ello, las franquicias partidistas minoritarias tienen menos incentivos económicos para competir.

Cuarto, su forma de hacer política es altamente eficiente. Lo ha hecho a través de redes sociales, sin propaganda contaminante y, en la medida posible, a través del contacto cotidiano, cara a cara con los electores. En verdad, sus campañas han sido austeras. En 2015 gastó sólo 249,000 pesos. Eso se gasta en un solo día de campaña cualquiera de los partidos mayoritarios.

Quinto, y lo más importante en esta coyuntura, su candidatura independiente al Senado es inmaculada: logró el número de firmas requeridas por la ley, sin ningún subterfugio, en tiempo y forma. 130,000 firmas que fueron avaladas por el INE, 15,000 más de las necesarias, y no se halló ninguna inconsistencia.

El modo de hacer política de Kumamoto es mucho más adecuado al contexto y a las necesidades del país. Ha pasado de hacer una campaña estridente y ha dado prioridad al contacto con la gente, lo que parece ser un rasgo propio de su personalidad. Se le ve natural, no impostado.

Uno de los grandes problemas de las campañas es que los candidatos representan un papel que no les es propio. Literalmente actúan ante distintos escenarios y públicos; algunos no parecen encontrarse cómodos en el papel, otros sí. Andrés Manuel, un político a la antigua, funciona muy bien en las distancias cortas de los actos masivos de campaña, Anaya, con una personalidad más proclive a las tareas de gabinete y a la intriga palaciega, tiene dificultades para contactar con la gente lo mismo que Meade, aunque éste cuenta con un carácter más ligero y se le ve más relajado, menos rígido que al candidato frentista. De Margarita, ni hablar porque su campaña tiene una repercusión muy corta, excepto por la capacidad que ha tenido para conseguir dinero, el grupo GAL (El Palacio de Hierro) de la familia Bailleres le dio un donativo considerable de varios millones de pesos, que seguramente serán gastados en sueldos, salarios e infiernitos. Una curiosidad que hace de Margarita la candidata “totalmente Palacio”.

La principal sorpresa en lo que va de la campaña es el papel de Donald Trump. En el momento que la guerra de lodo estaba en un punto álgido, el presidente norteamericano tuvo la ocurrencia de amenazar con militarizar la frontera, después de acusar a México de ser omiso en el control migratorio de la frontera sur, a propósito de una caravana de centroamericanos, el Vía Crucis Migrante, que pretende pasar por territorio nacional para llegar a Estados Unidos. La simple idea de que la Guardia Nacional norteamericana se estacione en la frontera para evitar el paso de migrantes es verdaderamente demencial, aunque existen precedentes cercanos. Es como matar hormigas con una bomba de neutrones. ¿Existe la capacidad en las fuerzas armadas de Estados Unidos para militarizar la frontera? Me parece que sí. Además de los entre 2,000 y 4,000 efectivos que Trump pretende movilizar, se utilizarán aviones de reconocimiento no tripulados, drones y otros artilugios, que seguramente ya reconocen la zona. Algunos amabilísimos rancheros de Arizona están felices con la inminente llegada de las fuerzas armadas para combatir a los migrantes. Por su parte, Trump está que se frota las manos por distraer la atención de los problemas por los que está atravesando, internos y externos. La crisis de la relación de Estados Unidos con China y la trama rusa, cuyo último capítulo fue el envenenamiento de un exagente soviético en Inglaterra y la probable sanción a diplomáticos rusos por parte de Estados Unidos, señalan las dificultades del gobierno de Trump en materia internacional. En lo interno, está el tema del proteccionismo que se refleja en las negociaciones del TLCAN, Trump acusa a México de ser el ganador en la sociedad comercial y el verdadero origen de la pérdida de empleo de los norteamericanos, cuando todo mundo sabe que es la automatización de procesos lo que ha propiciado la eliminación de la mano de obra humana. Pero algo tan pedestre como la demanda de una actriz porno  —Stormy Daniels, quien busca anular el contrato de confidencialidad que le obligó a  firmar el abogado de Trump a cambio del pago de 130,000 dólares por su silencio en torno a una supuesta relación sexual que tuvo con el presidente norteamericano en 2006— parece haber sido el detonador de la nueva y peligrosa andanada contra México. Donald Trump teme que la suma de demandas judiciales en su contra por delitos menores se convierta en la chispa de su Watergate.

A pesar de mi oficio, me sigue asombrando el impacto de las cuestiones personales en la toma de decisiones políticas, lo que explica, en más casos de los que suponemos, su irracionalidad. Las broncas internas de Trump lo obligan a voltear contra su chivo expiatorio favorito. Sin querer, logró que, por primera vez en mucho tiempo, el gobierno mexicano reaccionara adecuadamente. El mensaje del presidente Peña del jueves 5 de abril fue avalado por todos los candidatos presidenciales. Me parece que no se había visto ningún acuerdo de unidad nacional, al menos en el discurso, durante una campaña desde el asesinato de Colosio hace 24 años. Jamás se había visto que un presidente en funciones retomara los dichos de los candidatos presidenciales. Y en esta ocasión así fue. Fue una movida política bien jugada. Peña exhibió a Trump cuando le dijo que los problemas domésticos los arreglara con los legisladores de su país y que dejara de meterse con los mexicanos. The New Yorker tomó el asunto con humor: The Borowitz Report apuesta a que “los mexicanos terminarán por pagar el tratamiento psiquiátrico, no el muro, de Trump”.

Espero que esta sorpresa de Trump nivele a los candidatos presidenciales, que presenten más propuestas que resultados de encuestas y menos lodo. Me gustaría que se comportaran con la misma eficiencia de Kumamoto, que logren el 80% de sus resultados, con el 20% de sus insumos. El óptimo de Pareto.