El presidente Andrés Manuel López Obrador está utilizando el enfrentamiento contra los expresidentes Felipe Calderón, Vicente Fox y Ernesto Zedillo como una estrategia distractora, aseveró el politólogo Fernando Dworak.

En entrevista, dijo que lo que estamos viendo es que trata de movilizar la víscera frente a cierto tipo de “enemigos” visibles para tratar de legitimarse.

Explicó que el presidente recurre a ese tipo de acciones porque su liderazgo es esencialmente emotivo y esencialmente personalista y siempre trata de movilizar pasiones contra alguien, contra un “enemigo” y en este caso, ese “enemigo” son los expresidentes.

Dijo que fue algo que le redituó en la campaña, cuando habló de la necesidad de eliminar la pensión de los expresidentes, pero consideró que se trató más bien de algo parecido a una venganza política.

Luego, ya desde el gobierno federal, los siguió amenazando un día sí y otro también con someterlos a juicio y últimamente recurrió al asunto de que no está bien que sean asesores de empresas o corporaciones privadas.

En ese sentido, dijo que el tema no es que sea malo que sean o no asesores, siempre y cuando se cumpla el requisito básico que hay en los países que se conoce con evitar que haya una puerta giratoria o política de puerta revolvente, lo que significa que una persona pasa del sector privado al sector público y luego regresa al sector privado utilizando los beneficios de poseer información estratégica.

Por lo general, las políticas de puerta giratoria dicen que una persona no puede volver al sector privado, salvo que pase un plazo de entre uno y cinco años, según el país, porque después de ese tiempo la información privilegiada que tiene pierde vigencia.

En ese sentido, consideró que tanto el priísta Ernesto Zedillo como el panista Felipe Calderón cumplieron con esa política revolvente. Calderón dejó pasar cuatro años para ser consultor y con Zedillo sucedió que cuando se separó del cargo no existían esas leyes de puerta revolvente.

Por esa razón, afirmó que el presidente Andrés Manuel López Obrador quiere manejar el tema desde una perspectiva falaz exponiendo que no es ético que un expresidente sea contratado por una corporación privada porque con ello le están pagando favores, lo cual en estos casos no es comprobable pero sí es muy emotivo.

“Lo que estamos viendo es que trata de movilizar la víscera frente a cierto tipo de enemigos visibles para tratar de legitimarse como lo hacen ese tipo de personas”, expresó el  politólogo.

No deben responder a sus agresiones

El también maestro en estudios legislativos señaló que López Obrador no necesita recurrir a este tipo de acciones, “pero pasa que no sabe hacer otra cosa (…) no tiene idea de qué significa gobernar en realidad y es una cosa que me parece bastante grave”.

En vez de asumir responsabilidades como jefe del Ejecutivo federal, lo que hace es decir que otras personas son malas y que los expresidentes dejaron el caos. No sabe tomar responsabilidades y eso es una cosa muy grave.

En su opinión, los expresidentes no deben responder al presidente en funciones sino transparentar lo que están haciendo.

Para el analista político lo grave de este asunto es que López Obrador puede convertirse en un líder autoritario, además no tiene acción táctica, ni acción estratégica de largo plazo, por eso hace tácticas coyunturales y, al tener muchos frentes abiertos, eso incrementa la posibilidad de que cometa errores.

Además, aunque tiene un gabinete de gobierno, parece que actúa solo y no tiene contrapesos porque los partidos políticos están en la ruina o, en todo caso, transitan por un proceso en dirección a reconfigurarse.

En el caso de Morena, señaló, no tiene grandes herramientas de cohesión.

Ante esa situación lo que se observa es a un presidente que está ganando el micrófono y si no encuentra oposición podría adueñarse de los espacios.

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