En México aproximadamente 14 millones de hogares no gozan del derecho a la vivienda digna y decorosa, esto representa al 45% del total de viviendas registradas en el país. La principal razón es la falta de recursos económicos, de acuerdo con el informe de Derecho a la Vivienda del Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social).

Esto implica que sólo 17.5 millones de hogares se encuentran en condiciones favorables para el desarrollo humano, social y económico de quienes los habitan. Estas viviendas pertenecen mayoritariamente a los deciles más altos del país y a las regiones urbanas. En los deciles 9 y 10 sólo se presenta rezago en 20.9% de las viviendas.

En las zonas rurales la situación se profundiza a 8 de cada 10 hogares en condiciones lamentables de los espacios y materiales. Y si consideramos a la población por decibles, los más pobres (del I al IV) presentan rezago de vivienda en 6 de cada 10 casas urbanas o rurales con este nivel de ingresos, según cifras del Coneval.

Los estados más pobres del país, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, presentan más del 70% de su población en condiciones urgentes de mejoras o cambio total de vivienda. Especialmente en las regiones rurales de Chiapas el 96.5%, es decir 10 de cada 10 casas presentan rezagos físicos y de espacios.

Accesibilidad a la vivienda es desigual

Tener una vivienda digna y decorosa es uno de los principales derechos de todos los seres humanos en el mundo. De acuerdo con la ONU, este derecho implica que toda mujer, hombre, niño o joven tenga un hogar y una comunidad segura en donde puedan vivir en paz y con dignidad.

En México la accesibilidad una vivienda digna es altamente desigual y representa un riesgo importante para el desarrollo pleno de la población. Los más pobres tienen muchas menores posibilidades de habitar un hogar digno, debido a los frenos económicos por sus bajos ingresos y la dificultad para acceder a servicios financieros.

Más de la mitad de los mexicanos (50.6%) se encuentra por debajo de la línea de la pobreza por ingresos. El problema del acceso a la vivienda digna se refleja en estas cifras debido a que implican que 5 de cada 10 habitantes no pueden cubrir sus necesidades básicas, incluyendo las relacionadas con el hogar digno, aun cuando destinaran todos sus recursos a ellas.

Esta línea individual se cubre con 2,648.5 pesos al mes en las zonas urbanas, en donde cada hogar tiene en promedio 3.9 habitantes, de acuerdo con el Coneval, por lo que cada vivienda requiere de al menos 10,329 pesos cada mes. Los hogares de los deciles I, II, III, IV, V y VI tienen como ingreso mensual una cantidad inferior, de modo que su vulnerabilidad económica para gozar de una casa en condiciones dignas incrementa sustancialmente en comparación con los que componen los deciles restantes.

Esto quiere decir que aproximadamente 73.6 millones de mexicanos que componen los primeros seis deciles poblacionales no tienen ingresos equivalentes para cubrir sus necesidades habitacionales, según cifras para 2016 del Coneval.

El otro factor que imposibilita la accesibilidad a una vivienda digna es el sector de servicios financieros. En México las formas más comunes para adquirir una casa son mediante un crédito hipotecario y herencia de familiares o amigos, sin embargo, muchos de los habitantes no son candidatos a este tipo de productos financieros, ya sea con los sistemas contributivos como el IMSS o el ISSSTE, o de alguna otra institución financiera.

Esto genera una problemática de doble partida: por un lado, la mayor parte de los mexicanos no puede acceder a créditos por ingresos bajos y por otro, más de la mitad de la población trabaja en la economía informal, lo que los excluye de las instituciones de seguridad social, que les permitan acceder a créditos para adquirir una vivienda.

Acceso limitado a servicios 

Para que una vivienda se califique como digna es importante considerar la disponibilidad y accesibilidad a servicios básicos para mantenimiento, como el agua, la luz, la electricidad y el gas. En México 2 de cada 10 habitantes (19.3%) presenta carencia de acceso a este tipo de servicios, de acuerdo con cifras para el 2017 del Coneval.

Una parte significativa de las viviendas no tienen acceso a servicios:

  • 11.7% de los mexicanos utiliza leña o carbón para cocinar y no tienen chimenea
  • 10.5% de los mexicanos no cuentan con estufa de gas o eléctrica
  • 7.6% de los mexicanos no cuenta con agua entubada en sus viviendas
  • 7.3% de los hogares no cuentan con sanitario en la casa
  • 6.8% de los mexicanos no cuenta con servicio de drenaje sanitario
  • 0.4% de los mexicanos no tienen luz en el hogar

En este aspecto de la vivienda se considera la disponibilidad de infraestructura básica y complementaria en México, que presenta una brecha regional. En donde se registra mayor nivel de infraestructura se facilita el desarrollo social de los habitantes alrededor, por lo que en las ciudades es significativamente más alta la cobertura de servicios que en las zonas rurales.

En las comunidades urbanas la cobertura de agua alcanza al 97.2% mientras que en las rurales sólo es del 85%. En el servicio de drenaje la brecha es de 96.6% contra 74.2%, siguiendo datos para el 2015 de la Conagua (Comisión Nacional del Agua).

Atención a los focos rojos

Las brechas entre las comunidades urbanas y las rurales evidencian la necesidad de poner atención a los “focos rojos”, que son los grupos afectados de manera estructural en la violación a uno de sus principales derechos: la vivienda digna y decorosa, de acuerdo con el informe del Coneval, se deben atender las circunstancias que generan estas desigualdades, así como generar incentivos de inclusión a estos grupos en términos económicos y en términos financieros.

Los grupos que se identifican mayormente vulnerables a tener frenos para el goce de este derecho son los habitantes de los deciles más bajos, las comunidades indígenas, los habitantes de regiones rurales y los habitantes de los estados del sur del país (Chiapas, Guerrero y Oaxaca).

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