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El fin de la zona de confort laboral

Maribel Núñez Mora F. | Columna Invitada
Comienza 2026 y con él un nuevo ciclo económico. Un ciclo donde el trabajo en México está dejando de ser sinónimo de empleo, y el empleo formal dejó de ser garantía de estabilidad.
Durante años, la aspiración fue tener un puesto fijo, un salario constante y un contrato firmado. Hoy, ese modelo se está desmoronando. Y lo que antes se veía como una alternativa —el autoempleo, el trabajo independiente, la creación de proyectos personales— se está convirtiendo en la nueva base de la economía mexicana.
El fin de un modelo que ya no alcanza
México llega a este 2026 con señales claras: la estructura tradicional del empleo se fracturó. El salario promedio real prácticamente no creció en una década, y la brecha entre el costo de vida y el ingreso laboral sigue ensanchándose. A eso se suma un mercado saturado de talento, donde miles de profesionistas, especialmente mayores de 40 años, enfrentan enormes barreras para reinsertarse laboralmente.
Muchos de ellos - ingenieros, contadores, especialistas técnicos con años de experiencia - no dejaron el empleo formal por elección, sino por desplazamiento. El resultado: más de la mitad de los trabajadores en México hoy operan en condiciones de informalidad. Y detrás de esa cifra hay historias de resiliencia, reinvención y, sobre todo, de adaptación.
Cuando el sistema también se rompe
Esta transición no es teórica ni gradual; está ocurriendo frente a nosotros. De acuerdo con cifras publicadas esta semana por Reforma, México cerró 2025 con la mayor pérdida de patrones registrada en más de dos décadas. Miles de micro y pequeñas empresas bajaron la cortina ante el aumento de costos, la incertidumbre y el freno al crédito.
Detrás de ese dato hay algo más que una crisis empresarial: hay un cambio estructural. El modelo que sostenía el empleo formal se está fragmentando, y eso explica por qué la economía independiente está emergiendo como el nuevo motor del país. Cuando las empresas se debilitan, el talento busca rutas alternativas. Y esas rutas son, cada vez más, la autonomía laboral, el emprendimiento y la oferta de servicios profesionales independientes.
El nuevo rostro del trabajo mexicano
Lo que está surgiendo es una nueva clase trabajadora: profesionistas que no esperan a que los contraten, sino que construyen su propio lugar en el mercado. Personas que, ante la falta de oportunidades, decidieron convertir su experiencia en propuesta de valor.
Ya no buscan un puesto; buscan propósito. Ya no compiten por salario; compiten por relevancia. Y, sobre todo, están aprendiendo que el ingreso puede depender menos de un patrón y más de su capacidad de generar soluciones, productos o conocimiento.
Este fenómeno no es marginal: el número de trabajadores independientes creció tres veces más rápido que el empleo formal en los últimos dos años. Eso no es casualidad. Eso es adaptación.
De los “papelitos” a la ejecución
Durante mucho tiempo creímos que el camino para mantenernos vigentes era acumular diplomas: otro curso, otro diplomado, otro taller. Pero la realidad de 2026 es más cruda y más clara: la economía ya no recompensa certificados, sino capacidad de ejecución.
El mercado actual no paga títulos, paga resultados. Saber aplicar lo que sabes -vender, comunicar, resolver, ejecutar- se ha convertido en la nueva moneda de valor. Y eso marca un punto de inflexión: el aprendizaje sin acción ya no protege a nadie.
El profesional que se reinventa hoy no es quien estudia más, sino quien pone su conocimiento a trabajar de nuevas maneras.
El poder del riesgo
No hay transformación sin riesgo, pero el riesgo tiene hoy otro significado. Ya no es saltar sin red, sino moverse con propósito. El riesgo no está en moverte, está en quedarte donde ya no creces. No en renunciar, sino en permanecer donde la mente se apaga y la experiencia deja de tener sentido.
Ese es El Poder del Riesgo: la capacidad de usar la incertidumbre como impulso, no como freno. Porque en una economía que cambia tan rápido, la inacción es la nueva vulnerabilidad.
Y para quienes hoy enfrentan el vértigo de reinventarse -profesionistas mayores de 40 años, con carrera sólida pero sin espacio en el sistema formal-, el riesgo es también una forma de libertad. El poder no está en la nómina, sino en la mentalidad.
El desafío para el Estado
Este desplazamiento no solo impacta a las personas. También debilita la base de contribución y seguridad social del país. Cada profesionista que pasa del empleo formal al independiente fuera de los esquemas de seguridad, representa menos ingresos para el sistema, menos aportaciones y, en consecuencia, menos recursos para operar políticas públicas sostenibles.
Si más del 50% de la fuerza laboral ya no cotiza, el modelo de protección social actual se vuelve insostenible. México necesita reconocer que la economía independiente no es una excepción ni una moda: es una realidad que requiere nuevas métricas, nuevos incentivos y una regulación flexible que acompañe, en lugar de penalizar, la reinvención laboral.
Atrévete al cambio: el nuevo empleo es tu mentalidad
México 2026 no será recordado como el año de las crisis, sino como el año del cambio de modelo. El empleo dejó de ser el centro de la vida económica; ahora lo es la capacidad de generar valor con autonomía.
El trabajador del futuro -ue ya es el del presente- no buscará estabilidad, buscará propósito. Y quien entienda que el riesgo no es moverse, sino quedarse inmóvil, encontrará en este nuevo ciclo una oportunidad para crecer, no una amenaza.
El nuevo empleo no está afuera. Está en tu mentalidad. Y el futuro, más que nunca, será de quienes se atrevan a construirlo.
*La autora es mentora de Transformación Integral.

