Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

El vendedor silencioso: cuando el empaque habla por la marca

main image

Alfredo Duplan | Más allá del éxito

Alfredo Duplan

En un anaquel lleno de productos compitiendo por nuestra atención, existe un vendedor que nunca descansa, no cobra comisión y tiene apenas unos segundos para convencernos de tomar una decisión. Me refiero al empaque, ese vendedor silencioso que muchas veces subestimamos, pero que juega un papel fundamental en la decisión de compra. Podemos invertir millones en publicidad, promociones, redes sociales y campañas de posicionamiento, pero al final, cuando el consumidor está frente al anaquel, el empaque tiene que hacer su trabajo: llamar la atención, comunicar una promesa y generar suficiente confianza para terminar dentro del carrito de compras.

Diseñar un buen empaque parece sencillo hasta que intentamos hacerlo. ¿Qué información debemos destacar? ¿Calidad, sabor, desempeño, precio, ingredientes, beneficios o diferenciadores? El espacio es limitado y la tentación de las marcas es querer comunicar absolutamente todo. El resultado puede ser un empaque saturado, complicado y difícil de entender. Un buen empaque debe tener claridad y jerarquía. El consumidor necesita identificar rápidamente qué producto es, para qué sirve y por qué debería elegirlo sobre las demás opciones. No se trata de decir más, sino de comunicar mejor. En ocasiones, una palabra, una imagen o un beneficio claramente presentado puede tener mayor impacto que diez mensajes compitiendo entre sí.

A esta complejidad se suma un elemento que ha transformado la industria: la regulación. Hoy las marcas tienen mayores restricciones sobre lo que pueden decir, prometer y mostrar en sus empaques. En México, los famosos octágonos negros que advierten sobre excesos de calorías, azúcares, grasas saturadas o sodio cambiaron radicalmente el paisaje de muchas categorías. De pronto, productos con empaques atractivos tuvieron que ceder una parte importante de su espacio frontal a estas advertencias. Para los equipos de marketing y diseño esto representó un nuevo desafío: ¿cómo mantener la personalidad, diferenciación y atractivo de una marca cuando una parte del empaque está determinada por la regulación?

También llegaron las restricciones para utilizar personajes infantiles en determinados productos. Durante décadas, algunas marcas construyeron una conexión emocional extraordinaria con los consumidores gracias a personajes que terminaron formando parte de la cultura popular. Pensemos en el Osito Bimbo, el Tigre Toño de Zucaritas o Pancho Pantera de Choco Milk. Estos personajes no eran simplemente dibujos en una caja o una bolsa; representaban personalidad, confianza, diversión y familiaridad. Los niños reconocían los productos desde lejos y, en muchos casos, influían directamente en la decisión de compra de sus padres. Las nuevas regulaciones obligaron a replantear esta estrategia y demostraron algo importante: construir una marca poderosa requiere mucho más que tener un buen producto.

Pero el empaque no solamente debe comunicar. También tiene que funcionar. Antes de diseñarlo es necesario entender dónde y cómo será vendido. ¿Estará colocado verticalmente en un anaquel? ¿Se colgará de un gancho? ¿Se apilará junto con otros productos? ¿Estará dentro de un refrigerador? ¿Competirá por espacio en una tienda pequeña o tendrá una exhibición especial en un supermercado? Cada decisión puede modificar completamente el diseño. Un empaque extraordinario en una presentación puede fracasar cuando llega al punto de venta porque no destaca, ocupa demasiado espacio o simplemente resulta complicado para la operación de la tienda.

El tamaño también importa. Un producto demasiado grande puede ser difícil de transportar y almacenar, mientras que uno demasiado pequeño puede perder visibilidad en el anaquel. Además, debemos pensar en el consumidor después de la compra. ¿Puede llevarlo fácilmente a casa? ¿Cabe en su refrigerador, alacena o baño? ¿Es sencillo abrirlo? ¿Puede volver a cerrarlo? ¿Se derrama? ¿Se rompe? ¿Necesita unas tijeras, un cuchillo y quince minutos de paciencia para sacar el producto? Todos hemos comprado alguna vez algo cuyo empaque termina generando más frustración que satisfacción. Y aunque parezcan pequeños detalles, esas experiencias también construyen o destruyen la percepción de una marca.

Hoy existe otra variable adicional: el comercio electrónico. Durante años diseñamos empaques pensando principalmente en el anaquel físico. Ahora también debemos considerar cómo se verá el producto en la pequeña pantalla de un teléfono celular. Un empaque con demasiados detalles puede resultar atractivo físicamente, pero completamente ilegible en una fotografía digital. Además, debe resistir procesos logísticos más complejos, traslados, centros de distribución y entregas de última milla.

Por eso, desarrollar un empaque no debería ser solamente responsabilidad del área de marketing. En su diseño deben participar operaciones, logística, comercial, calidad, legal y, por supuesto, el consumidor. Cada área observa necesidades diferentes y todas pueden impactar el éxito del producto. El mejor empaque es aquel que logra encontrar el equilibrio entre atraer, comunicar, proteger, transportar, almacenar y facilitar el uso.

La próxima vez que tomemos un producto del anaquel, vale la pena observarlo unos segundos antes de colocarlo en el carrito. Probablemente descubramos que nuestra decisión estuvo influenciada por factores que ni siquiera habíamos considerado conscientemente. Un color, una palabra, una imagen, el tamaño o la facilidad para transportarlo pudieron inclinar la balanza.

Porque en el mundo de los negocios, muchas veces la venta no la cierra una gran campaña publicitaria ni un vendedor extraordinario. La cierra, en apenas unos segundos, un empaque que supo decir exactamente lo necesario.

Esto es más allá del éxito!! Nos leemos pronto!

Temas relacionados

tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete