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¡Utah! Llegaron los médicos robots

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Primero llegaron los cajeros automáticos al súper y los coches autónomos llegan poco a poco a la ciudad. Ahora se anuncian las primeras consultas sin médico humano.
En especial para aquellos que se consideren hipocondriacos, pero va para todos: los ‘médicos digitales’ hacen su entrada al mundo y es un aviso para una oficina de la Colonia Nápoles.
Un anuncio reciente en el país vecino al norte me recordó el reciente decreto anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum para crear 12,750 nuevos consultorios de atención primaria en 24 estados del país. Estos tendrán un impacto social tan relevante como su costo y serán integrados al IMSS-Bienestar, que no está precisamente sobrado de recursos.
La novedad llega de Utah, uno de los 50 estados de la Unión Americana, en donde evitarán el gasto de nómina para atender a ciertos pacientes que puedan recibir una receta sin la intervención de un humano. Es un hito en materia de salud.
El software que ofrecerá el servicio no debería ser definido literalmente como médico bajo las reglas de la Real Academia Española, pues no se trata de una persona, pero sí cumple con el otro requisito. Juzguen ustedes: “Médico, ca: Persona legalmente autorizada para ejercer la medicina”. Eso dice el Diccionario de la lengua española.
En Utah, la iniciativa operada por la startup neoyorquina Nolla Health a través de su aplicación Nolla Derm entró en vigor el 5 de octubre y busca probar inicialmente consultas de bajo riesgo para saber si la IA puede ampliar el acceso a la atención dermatológica.
La Oficina de Política de Inteligencia Artificial de Utah aprobó legalmente el piloto tras meses de trabajo con Nolla Health, dentro de su programa de “sandbox” regulatorio, que permite probar tecnologías de IA con excepciones temporales y bajo supervisión estatal.
El programa está dirigido a residentes de Utah mayores de 18 años con acné leve o moderado. La IA evalúa un cuestionario médico y fotografías del rostro del paciente, y puede recomendar y prescribir ciertos medicamentos tópicos.
¿Cómo funciona? Los usuarios pagan 4.99 dólares mensuales, otorgan su consentimiento informado, completan un cuestionario de entre 10 y 15 minutos y se realizan un escaneo facial.
Después reciben un plan de tratamiento y, si corresponde, una receta. Además, deben pagar los medicamentos.
Luce como el primer programa piloto en Estados Unidos que permite a un sistema de IA emitir una receta inicial de medicamentos, no solo una renovación, sin una visita al médico.
Lo percibo como un serio aviso para el personal que suele usar batas blancas. No porque este proyecto pueda compararse directamente con la atención de un profesional humano, sino porque nos pone en el camino de hacerlo muy próximamente.
¿Cómo les va a ustedes con los médicos que hoy atienden en las farmacias? ¿Podría el Dr. Simi sustituirlos por máquinas?
Estoy en San Diego, California, para el Annual Summit del fondo de inversión 1200 VC, dirigido por Adriana Tortajada, en donde confluyen decenas de personas involucradas y comprometidas con inversiones como la que creó a la empresa Nolla Health.
Muchas ponen el ojo en el cambio que enfrentarán México y Latinoamérica muy pronto en servicios de salud. Hay muchas oportunidades y preguntas.
“¿Confiarías en el tratamiento que te ofrezca una máquina?”, me preguntó uno de los asistentes. Respondí con otra pregunta menos sensible para ampliar la discusión: si pidieras un resumen de la influencia del marxismo en el mundo, ¿confiarías más en un historiador expuesto a un sesgo individual o en la inteligencia artificial que hace un gigantesco compendio de documentos para darte una respuesta?
Pero bajemos el asunto al suelo. Independientemente de discusiones sesudas, a México le llegó la hora de regular el uso de la IA, ahora en la medicina.
La Cofepris, instalada en la colonia Nápoles de la Ciudad de México, es la puerta de entrada para medicamentos, vacunas y dispositivos médicos en México, pero solamente en 2025 reconoció 8,922 solicitudes pendientes, algunas con hasta 15 años de antigüedad, y cerca de 30,000 resoluciones sin entregar.
¿Cómo va a poder evaluar un servicio que avanza ahora, literalmente, cada semana?

