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La unidad contra el proyecto de CSP

Miguel González Compeán | Columna invitada
Dos eventos señalan con preocupación la semana. Por un lado, el discurso pronunciado el domingo, como cierre de la gira de información sobre el segundo informe de gobierno, cuyo acento estuvo puesto en la defesa de la soberanía nacional y, el otro, la definición de los defensores de la 4t en los estados donde habrá elección de gobernador el año que entra, que en realidad son los precandidatos a los gobiernos estatales, contraviniendo cínica y vulgarmente la ley electoral.
Empiezo por lo segundo. El PRI surgido en 1929, surgió al calor de dos necesidades: El primero, administrar y controlar los cacicazgos locales que durante el siglo XIX le hicieron tanto daño al país en revueltas y sublevaciones, y encontrar una vía institucional para que dichos cacicazgos tuvieran un espacio de deliberación y negociación que no estorbara el curso de lo que se llamaba el proyecto nacional, que centralmente consistía en modernizar aceleradamente a México.
El segundo, era darle cohesión a un país a penas construido y acostumbrado a la fragmentación y la balcanización que impedían una unidad en la diversidad que igualara al país en educación, salud y desarrollo económico. En suma, el PRI logró lo que las leyes y las armas no lograron durante el siglo XIX.
A lo largo de estos 8 años de morenato en el poder, algunas cosas han quedado claras. Morena carece de un proyecto nacional que pueda definir en una cuartilla. Su hipócrita moralidad y su rescate de los pobres con ya visibles problemas estructurales y consecuencias no previstas, es acaso el resumen de su cantaleta cotidiana, pero inversiones en sectores, modernización de las ciudades, programa para los 70 centros urbanos, sectores prioritarios, nada. A los gobiernos de morena se les van los presupuestos en ocurrencias, clientelas electorales y caprichos, nada más.
La definición de las candidaturas en los estados, que estarán en disputa el próximo año, son una muestra inequívoca de que los intereses locales están por encima de -si lo hubiera- un proyecto nacional.
Lo de Morena es estar en el poder con los están en Morena y con ello construir una complicidad colectiva digna de las peores gavillas delincuenciales, pero no saben para qué quieren estar ahí y, por ello, quienes sean gobierno en los estados, no importa si se alinean a un proyecto; se alinearán, y ya veremos de qué manera, a los mandatos de la burocracia federal o a programas que les beneficien localmente, solamente. En eso consiste el proyecto.
Sin un congreso con mayoría absoluta (que es posible) y una presidente debilitada por las pugnas internas de Morena el país se antoja como mosaico de intereses contradictorios, unidos por la complicidad y la impunidad, pero sin rumbo colectivo.
Tal vez por eso o porque la presidente sabe algo que nosotros no, el discurso del domingo se centró en la soberanía. Es decir, en la búsqueda de un objetivo común, que amenazado o no y en que grado, dé cohesión y sentido de pertenencia para el futuro, que en muy pocos aspectos, se advierte positivo. Nada más, pero nada menos, también.


