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Opinión

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Un trato con Washington

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Alexia Bautista | Columna invitada

Alexia Bautista

Termina el verano y, luego de una breve pausa, regreso a este espacio. Esta semana la atención diplomática está puesta en Nueva York, donde se celebra la Asamblea General de Naciones Unidas. No me detengo demasiado en este foro porque serán varios los internacionalistas que escriban sobre el tema y porque, a pesar de la urgencia de alcanzar grandes acuerdos en asuntos como el avance de la inteligencia artificial, difícilmente será en este encuentro multilateral donde se logren.

Con todo, Estados Unidos sí será sede de una de las reuniones con mayores consecuencias para el mundo cuando Donald Trump reciba en Washington a Xi Jinping. De lo que ocurra entre ambos dependerá el siguiente capítulo de la relación comercial entre las dos mayores economías del mundo. Y también buena parte de lo que venga para México.

Para ningún lector es novedad que China es uno de los temas centrales de la negociación con Estados Unidos. Lo hemos comprobado una y otra vez en las decisiones que ha tomado el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para limitar importaciones asiáticas y fortalecer las cadenas regionales de valor. En ese mismo contexto, se inscribe la reciente iniciativa de reforma a la Ley de Inversión Extranjera, que propone un nuevo mecanismo de escrutinio por razones de seguridad nacional.

Todo esto está naturalmente ligado a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Aunque persiste la incertidumbre, las negociaciones continúan y, hace algunos días, los presidentes Claudia Sheinbaum y Donald Trump confirmaron que México y Estados Unidos avanzan hacia un acuerdo antes de las elecciones intermedias estadounidenses.

Leí entonces varios titulares que hablaban ya de un acuerdo bilateral, lo que merece una precisión. Desde que comenzó la revisión se ha planteado la posibilidad de que el marco trilateral se fragmente en entendimientos bilaterales. Pero, al menos por ahora, lo más probable es un arreglo bastante más acotado. Me explico: el T-MEC sigue en revisión. Una extensión por 16 años puede acordarse dentro del propio mecanismo del tratado, pero una modificación sustancial de su texto es mucho más compleja y difícilmente ocurrirá antes de las intermedias de noviembre.

Lo que podríamos ver antes es un entendimiento específico entre México y Estados Unidos que permita resolver algunos de los principales puntos de fricción, en particular los aranceles al acero, aluminio y automóviles, sin sustituir ni modificar todavía el marco trilateral del T-MEC. Es otras palabras, un acuerdo político y ejecutivo que sería más fácil de alcanzar, pero también de revertir.

Con todo, para México un escenario así supondría un respiro y reforzaría la apuesta de Sheinbaum por evitar una confrontación abierta con Washington, sobre todo frente a la posición canadiense. El enfrentamiento con la Casa Blanca ha tenido costos para el gobierno de Mark Carney, pero también lo ha empujado a acelerar una diversificación que, a mi juicio, tiene sentido. De ahí la discusión sobre una posible nueva fórmula de asociación con la Unión Europea, aunque un mecanismo así tendría que construirse prácticamente desde cero.

México tiene mucho menos margen para reducir su dependencia, al menos en el corto plazo, y más aún frente a un panorama económico poco alentador. Ahí están las propias previsiones del paquete económico para 2027. Por eso, un trato con Washington que reduzca los aranceles vigentes sería una buena noticia. Pero nada de esto será gratis y habrá que ver qué más exige Washington a cambio, porque mucho se ha cedido ya. Al final, tan importante como alcanzar un arreglo será saber cuánto cuesta conseguirlo.

Alexia Bautista

Analista internacional y exdiplomática mexicana.

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