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Opinión

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Tiempos turbulentos

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Lucía Melgar | Transmutaciones

Lucía Melgar

En estos tiempos turbulentos, ante un horizonte obscuro, cargado de nubarrones que anuncian tormentas y estallidos, toca al gobierno de México y a la ciudadanía mirar hacia adentro, reconocer los errores y , con determinación, corregir el rumbo para enfrentar lo urgente, los problemas que nos aquejan, más allá de las crecientes presiones y amenazas del nada nuevo imperialismo norteamericano, renovado ahora por quien hoy hace cinco años intentó un golpe de fuerza (golpe de Estado legislativo y armado fallido) para perpetuarse en el poder.

La presidenta Sheinbaum reiteró ayer que México es un país “libre y soberano”, dispuesto a cooperar, no a subordinarse, a Estados Unidos; llamó a la sociedad a “fortalecer” la soberanía; mencionó la “responsabilidad compartida” de cada país ante el narcotráfico y el consumo de drogas. También aludió a la “estrategia integral” del gobierno contra la inseguridad y el crimen organizado, y anunció un mayor impulso a la educación, la cultura y el deporte para la juventud. En su discurso y respuestas a los medios, la presidenta repite palabras significativas, fórmulas hechas, adecuadas para un entorno diplomático. Sin embargo, ni el contexto adverso le impide reiterar también sus acusaciones contra los medios críticos y las redes sociales (no toda nota molesta es “desinformación”), ni la falacia de que en México se gobierna para el pueblo y se respeta la libertad de expresión e información.

En un año de por sí complicado por la situación económica mundial, empeorada por la incertidumbre –o el temor– ante las arbitrariedades de quien se cree dueño del hemisferio, apelar a la soberanía sin modificar la política actual es sembrar en el aire. Si hablar de “responsabilidad compartida” es que cada gobierno se ocupe de remediar sus problemas en su territorio, deben emprenderse acciones efectivas contra la pobreza, la desigualdad, el estancamiento, la corrupción, además de la inseguridad (que no desaparecerá con cifras alegres).

¿Qué implica fortalecer la soberanía? ¿Se atacarán por fin los intereses económicos de los carteles? ¿Se aplicará el gobierno en cortarle los flujos de dinero a éstos y a sus cómplices políticos o empresariales? ¿Se investigará a fondo a políticos corruptos?, ¿o se esperará a que nuevas presiones lleven a otra “guerra impuesta” (objetivo trumpiano según algún comentarista)? Si la soberanía reside en el pueblo y el gobierno se debe al pueblo, ¿se protegerá por fin a poblaciones y comunidades de criminales y caciques deleznables?, ¿cesarán los despojos de tierras, violaciones y desapariciones a manos de cárteles o de agentes gubernamentales?

Si va a asumir su responsabilidad compartida, el gobierno federal tendrá que exigírsela también a los gobiernos estatales. A uno y otros corresponde fortalecer al país con un sistema de salud decente y digno, que atienda con recursos monetarios y humanos suficientes a toda la población. Más que “apoyar” a niños/as y jóvenes, les toca garantizarles una educación que les permita entender el mundo, conocer la historia, desarrollarse como personas y ciudadanos/as responsables, críticos/as, creativos/as. Usar la escuela pública como ámbito de propaganda o entretenimiento es pisotear el derecho a la educación y clausurar el futuro. Corresponde en particular al gobierno federal enmendar el desastre jurídico llamado “reforma judicial” que poco ha contribuido a “fortalecer” la soberanía ,y menos la democracia, al difuminar los límites entre poderes y encumbrar a personajes dispuestos a debilitar la legalidad, justo cuando abundan en el mundo autócratas que se pretenden por encima de toda Ley.

Para fortalecernos como país y como sociedad, nos toca a la ciudadanía asumir nuestras propias fallas, exigir nuestros derechos, denunciar las arbitrariedades públicas y privadas en nuestro entorno, dejar de lado las posturas polarizantes y los prejuicios excluyentes, informarnos y apoyar a quienes buscan la verdad y señalan los errores. No podremos “cambiar el mundo”, como soñábamos hace décadas. Podemos contribuir al menos a no degradar más nuestro ámbito cotidiano, a frenar la injusticia, la desigualdad, la violencia.

Lucía Melgar

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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