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Sarampión y el Mundial de Futbol 2026

Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios
En vísperas del Mundial de Fútbol 2026, Norteamérica tiene un desafío sin precedentes, y ése no es deportivo, sino sanitario. El evento que unirá a México, Estados Unidos y Canadá como anfitriones conjuntos, se ve ensombrecido por un brote de sarampión que amenaza con empañar la fiesta. Esta enfermedad altamente contagiosa, que se creía controlada en la región, ha resurgido con fuerza en el último año, recordándonos lo frágiles que son los logros en salud pública.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha emitido alertas urgentes, destacando el drástico aumento de casos en este 2026 con más de 1,000 confirmados en las Américas, un incremento de 43 veces respecto al 2025. El sarampión es un factor de riesgo para la salud en la región, pero también su imagen como destino seguro para un mega evento que atraerá a cientos de miles de visitantes de todo el mundo.
Cómo negar que lo que estamos viviendo es consecuencia del declive en la vacunación. Nos confiamos demasiado, y las brechas en la cobertura se agravan por la desinformación, la migración y las interrupciones causadas por la pandemia de Covid-19. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió alertas e instó a intensificar la vigilancia epidemiológica, búsquedas activas de casos y campañas de vacunación suplementarias para cerrar estas lagunas de inmunidad.
El problema es que en un contexto de alta movilidad poblacional, como el que generará el Mundial, la OPS enfatiza la necesidad de proteger a viajeros y poblaciones vulnerables.
Norteamérica ha ostentado un estatus privilegiado en la eliminación del sarampión, pero ahora está a punto de perderlo si no contiene la transmisión sostenida. El dato es contundente: 78% de los casos de sarampión involucran a personas no vacunadas; por tanto, es claro por dónde puede cerrarse la brecha con acciones coordinadas.
En México, el brote ha escalado aceleradamente y está ya en los 32 estados. Hoy Jalisco es el epicentro. Hasta febrero, se reportan más de 1,100 casos confirmados en ese estado, sumados a miles de sospechosos a nivel nacional. La Secretaría de Salud ha intensificado campañas de vacunación, especialmente en Jalisco y Chiapas, y ha impuesto medidas como el uso obligatorio de cubrebocas en escuelas. El secretario David Kershenobich solicitó una prórroga de dos meses a la OPS para demostrar el control del brote y preservar el estatus de eliminación; mientras tanto se publican informes diarios para transparentar el avance.
Sin embargo, los esfuerzos se limitan al sector público que ya sabemos no cubre a toda la población. La verdad es que se podrían agotar los recursos de salud ocupacional. Se ignora la labor que podrían hacer las empresas con campañas, verificando esquemas completos de vacunación con sus empleados y vacunando a quienes lo requieran. Pero en lugar de ello, hay desabasto de vacuna contra sarampión en el sector privado.
Estados Unidos, por su parte, registra un brote acelerado con más de 700 casos confirmados en 20 estados, la mayoría asociados a transmisiones locales y vinculados a brotes de 2025. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) refiere que el 95% de los pacientes no están vacunados o tienen estatus desconocido. EUA también solicitó extensión a la OPS para analizar datos y contener los brotes. Aquí el país de Trump enfrenta la paradoja de que se retiró de la Organización Mundial de la Salud (OMS), criticando su manejo de la pandemia, pero ahora depende de la OPS —rama regional de OMS— para validar su control sanitario. Y mientras entre funcionarios hay contradicciones; el secretario Mehmet Oz urge a la vacunación, mientras otros como Ralph Abraham minimizan el impacto.
Canadá no pudo salvar el estatus de eliminación. Pese a que sus casos apenas llegan a 100 en 2026, lo perdió en noviembre pasado debido a que tuvo transmisión sostenida por más de un año. La Agencia Canadiense de Salud Pública insta a dos dosis para niños y adultos nacidos post-1970. Los casos actuales están sobretodo en provincias como Manitoba y Quebec, pero expertos llaman a declarar emergencia en Alberta, para mejorar la cobertura de vacunación.
México y Estados Unidos tienen reunión agendada con la OPS para el 13 de abril próximo, evaluarán evidencias epidemiológicas para decidir. Se ve difícil que mantengan el estatus, y lo más probable es que esta cita dicte medidas adicionales para el Mundial, como protocolos estrictos en estadios y aeropuertos.
Esta vez la expectativa está sobre la OPS pues lo que determine influirá directamente en la percepción de seguridad durante el Mundial que arranca el 11 de junio, y será determinante para el manejo de los visitantes.
La gran duda es: ¿se requerirá certificado de vacunación contra el sarampión a visitantes foráneos? Esto elevaría la complejidad logística, exigiendo verificaciones en fronteras, apps de salud y coordinación con aerolíneas, lo que podría disuadir a algunos fanáticos o encarecer el viaje.
Sin embargo, sería entendible y sensato dada la transmisión en eventos masivos, protegiendo tanto a locales como a turistas. Ya tenemos la experiencia de los certificados de vacunación durante la pandemia de Covid-19, donde pese a controversias se implementaron como pasaportes globales con relativo éxito. Aquella lección demostró que, en crisis sanitarias, la prevención colectiva está por encima de la comodidad individual, y podría replicarse aquí para evitar un desastre mayor.
El sarampión frente al Mundial será este año un test crucial para Norteamérica: ¿será capaz la región de equilibrar la salud pública con la euforia del Mundial?
Epilepsia, 7 de cada 10 podrían evitar convulsiones
Hoy es Día Internacional de la epilepsia, uno de los trastornos neurológicos más comunes y, al mismo tiempo, uno de los más subestimados. En el mundo unos 50 millones de personas viven con esta condición, y en México se estima una prevalencia de 10 a 20 casos por cada 1,000 habitantes, lo que implica más de 2 millones de personas. A pesar de su alta frecuencia, el desconocimiento sobre cómo se manifiesta y cómo actuar ante una crisis sigue siendo una barrera que afecta directamente la calidad de vida de los pacientes. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se estima que el 70% de las personas con epilepsia podrían vivir sin convulsiones si se diagnosticaran y trataran adecuadamente. Además hay que considerar que el 80 % de las personas con epilepsia vive en países de ingresos bajos y medianos, donde aún existen brechas importantes de atención.

