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La presidenta de las Listas y las Pirámides que Nunca Fueron Suyas

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OpiniónEl Economista

En abril de 2025, Claudia Sheinbaum se plantó ante gobiernos de izquierda reunidos en Barcelona y pronunció una de las frases más audaces y falsas de su mandato: "Vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli y de Coatlicue. Vengo de la Pirámide del Sol." 

Con esta revelación genealógica sus abuelos lituanos y búlgaros, que huyeron de Europa para no morir asesinados por el simple hecho de ser judíos, se enteraron desde sus tumbas de que en realidad procedían de Teotihuacán.

Claudia Sheinbaum no desciende de ninguna pirámide. A toda honra, desciende de judíos askenazíes de Kaunas y de judíos sefardíes de Sofía. Sus abuelos paternos escaparon de Lituania en los años veinte huyendo de la persecución racial. Sus abuelos maternos huyeron de Bulgaria huyendo del Holocausto, salvados porque ese país resistió, a diferencia de casi todos los demás, las órdenes de deportación nazi. Ella misma escribió en 2009, que muchos de sus parientes de esa generación "fueron exterminados en los campos de concentración."

Que una persona con esa historia familiar heroica y trágica suba a un escenario en España a proclamar que viene de Huitzilopochtli es, en el mejor de los casos, apropiación cultural o política identitaria de mal gusto, en el peor, es una falsedad histórica que traiciona la memoria de los suyos, innecesariamente, dado que México es un país mestizo compuesto de mexicanos de orígenes diversas, étnica, cultural, geográfica y religiosa.

Lo de Barcelona hubiese quedado como otra anécdota ridícula de mesianismo tropical si no fuera porque, apenas unos meses después, su gobierno hizo algo que debería helarle la sangre a cualquier persona con su historia familiar o un poco de cultura general y conocimientos históricos.

¡Hizo una lista! ¡No una lista cualquiera, una lista de enemigos del régimen!

El 13 de agosto de 2026, la Consejera Jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, proyectó en pantalla gigante, en una presentación oficial del gobierno mexicano, los nombres de 54 periodistas, comunicadores y medios de comunicación. Carmen Aristegui. Denise Dresser. Carlos Loret de Mola. Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Doriga. Reforma. El Universal…. Identificados, catalogados, exhibidos como origen y motor de una red de críticas al gobierno.

No una lista de delincuentes. No una lista de evasores fiscales. Una lista de periodistas que hacen su trabajo: cuestionar al poder.

Una lista, y así como las listas del 3 Reich, las listas de la 4T.

Y la presidenta, cuando le preguntaron al respecto, respondió con la desfachatez que ya es su sello: "No hay ninguna lista. Luisa lo único que hizo fue decir cómo operan las redes sociales."

Cincuenta y cuatro nombres en una pantalla gigante presentada por la máxima asesoramiento jurídico del gobierno federal no es un análisis de redes sociales. Es una lista. Llamarla de otro modo no la convierte en otra cosa. Solo convierte a quien la niega en alguien que, además, nos toma por idiotas. Así como nos dice que el tren interoceánico no se descarillo, solo salió de sus carriles… y tantas otras mentiras que desmotan su desprecio a los mexicanos que parece creer idiotas. No lo somos.

Esta historia no es simplemente la de una presidenta autoritaria que persigue a la prensa, en el país más peligroso del mundo para periodistas. Hay una dimensión que va más allá de la hipocresía política ordinaria. En efecto en el 2021, cuando todavía no era presidenta, Claudia Sheinbaum declaro:

"¿Quién hace listas? El macartismo. El nazismo."

El nazismo. Hacia listas para exterminar judíos y opositores. Si señora Sheinbaum sus familiares.

Ella misma lo dijo. Fue ella quien estableció esa ecuación. Y tenía razón, por cierto probablemente porque lo sabe mejor que nadie. Porque el nazismo, en efecto, empezó por las listas. Listas de judíos, de Gitanos, de homosexuales. Listas de comunistas. Listas de periodistas incómodos. Listas de enemigos del régimen. El exterminio no comenzó con los hornos crematorios: comenzó con un funcionario que anotó nombres en un papel y los proyectó ante sus superiores como prueba de deslealtad al Estado.

Así el tercer Reich, así la Cuarta Transformación con listas de periodistas….

Sus correligionarios (lo son, que haya ella practique o no esa fe) sus familiares, murieron porque alguien, en alguna ciudad de Europa, puso sus nombres en una lista.

Hoy, su gobierno proyecta listas de nombres de periodistas en una pantalla gigante.

¿No recuerda que las listas llevan al Holocausto señora presidente?

Sus abuelos maternos no bajaron de la Pirámide del Sol. Llegaron desde Bulgaria, huyendo de la Alemania de Hitler y de sus listas, con documentos falsificados, por rutas clandestinas, porque en Europa ya no había lugar seguro para las personas de su nombre y de su sangre que figuraban en listas. Muchos de los suyos no llegaron a ningún lado. Se quedaron en Europa. En los campos. En las listas.

Esa es la herencia real de Claudia Sheinbaum. No Tláloc. Huitzilopochtli. o la Pirámide del Sol. Su dios tiene nombre en hebreo y en ladino, sus templos destruidos sus parientes listados y exterminados como los de tantos otros que si recuerdan el efecto de las listas…..

Que haya invocado en Barcelona una identidad que no es suya, mientras en Ciudad de México su gobierno construye la maquinaria que su propia boca definió como propia del nazismo, no solo es una contradicción política y vergüenza histórica, es, sobre todo, una traición a sus antepasados quienes, para que ella pudiera estar hoy en ese Palacio Nacional, tuvieron que sobrevivir a las listas de otros.

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