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Pérdidas necesarias en la familia empresaria. Humanismo Mexicano puro
Esta reflexión surge de mi experiencia como empresario, desarrollista humano y consejero de empresas familiares. A lo largo de los años, he observado patrones recurrentes en las dinámicas familiares y empresariales, muchos de ellos marcados por pérdidas inevitables. Hoy deseo abordar estas pérdidas desde una perspectiva sistémica y humanista, reflexionando sobre su impacto en las relaciones humanas, familiares y empresariales.
Las empresas familiares son, por definición, fruto de una dedicación intensa, de una entrega de tiempo, amor y esfuerzo compartido. Representan una apuesta con riesgo, uno que rara vez se visualiza al inicio y que se experimenta en el camino. Sin embargo, el verdadero riesgo no radica en las pérdidas económicas o materiales, sino en aquellas que inciden en lo más valioso: nuestras relaciones humanas y nuestra identidad personal.
Cuando hablamos de pérdidas en las empresas familiares, solemos pensar en la muerte de los fundadores, un hecho natural en el ciclo de la vida. Pero las pérdidas más dolorosas no siempre son inevitables; muchas veces surgen de desvinculaciones en la vida por rupturas familiares, traiciones, deslealtades o incluso el distanciamiento emocional de quienes alguna vez compartieron un propósito común.
Las pérdidas como parte del ciclo vital
En el universo sistémico de las empresas familiares —compuesto por personas, familia, empresa y propiedad—, las pérdidas son inevitables y necesarias para la evolución. Algunas de ellas son conscientes, como el cierre de un proyecto; otras, más dolorosas, son inconscientes: sueños abandonados, relaciones fracturadas, la pérdida de propósito o la dignidad minada por conflictos no resueltos.
Estas experiencias nos confrontan con una verdad ineludible, todas las relaciones humanas son imperfectas y transitorias. Nadie nos pertenece y tú no le perteneces a nadie. El amor convive con el odio, la confianza con la desconfianza, la camaradería con la conspiración. Nadie está exento de experimentar estas dualidades, porque son inherentes a nuestra condición humana.
En el contexto de las empresas familiares, estas pérdidas no solo implican un duelo personal, sino también una profunda sacudida al sistema. La traición de un vínculo, ya sea familiar o profesional, deja cicatrices que trascienden lo económico, laceran la espiritualidad del amor filial o comunal. Es el desdén por el esfuerzo compartido y la ruptura de la red de confianza lo que verdaderamente lastima.
Humanismo en las empresas: dignificar las pérdidas
El humanismo mexicano nos invita a dignificar a las personas, a validar su existencia y a reconocer su vulnerabilidad. En las empresas familiares, esto significa no solo asumir las pérdidas como parte del camino, sino también sensibilizarnos ante su impacto humano. ¿Qué importa más: el vínculo con una persona o el resultado, el patrimonio, el poder, etcétera? Esta pregunta debería guiar nuestras decisiones empresariales y relacionales y así reconstruir el tejido social, se empieza en casa.
Martin Buber, en su obra Yo y Tú, enfatiza la importancia de las relaciones auténticas, donde la otredad es reconocida en su totalidad y no como un medio para un fin. Aplicar esta filosofía en el ámbito empresarial implica valorar a cada integrante de la familia y la organización como un fin en sí mismo, fomentando relaciones genuinas y respetuosas.
Carl Rogers, por su parte, destaca la necesidad de una “consideración positiva incondicional” en las relaciones humanas, promoviendo una aceptación genuina del otro. Integrar esta perspectiva en la empresa familiar puede ayudar a crear un ambiente donde cada individuo se sienta valorado y comprendido, reduciendo así las posibilidades de conflictos destructivos.
Cuando las pérdidas son inevitables, el liderazgo humanista exige actuar con integridad, tomando decisiones que honren el esfuerzo colectivo y protejan la esencia del sistema familiar-empresarial. Esto no significa evitar el conflicto, sino afrontarlo con madurez y compromiso, entendiendo que cada pérdida es una oportunidad para crecer y transformarse.
El dolor de la traición y la importancia del perdón
Uno de los golpes más duros en las empresas familiares proviene de la traición de personas en quienes confiábamos plenamente, en ocasiones de la misma familia. Aquellas que, habiendo recibido apoyo, recursos y oportunidades, terminan priorizando intereses personales por encima del bien común. Hay personas que les gusta cosechar los frutos de árboles que no sembraron. Es en estos momentos cuando el liderazgo
© 11 / Enero / 2025, Jaime Cervantes Covarrubias. Todos los derechos reservados | Artículo 43 Humanismo Méxicano | Pérdidas en empresas familiares
humanista cobra relevancia y hay que aprender a soltar, a perdonar y a desvincularse con firmeza, respeto y dignidad..
El perdón, desde esta perspectiva, no exime a nadie de asumir las consecuencias de sus actos. La ignorancia no nos exime de la responsabilidad. Por ello perdonar a las personas y comprender los hechos es un acto liberador que permite sanar, desde dentro, pero no implica volver a otorgar confianza ciega y convivir con quienes la han traicionado.
Un llamado a la lealtad y la gratitud
A quienes lideran empresas familiares, les invito a no olvidar sus raíces ni las personas que les impulsaron a llegar hasta donde están. La lealtad, la gratitud y el respeto son pilares fundamentales para construir no solo empresas sostenibles, sino también comunidades que promuevan el bienestar colectivo por encima del individualismo.
Las estadísticas son reveladoras: según el Centro de Investigación para Familias de Empresarios (CIFEM) y BBVA, el 52% de las empresas familiares en México están en riesgo de desaparecer debido a la falta de institucionalización y procesos de sucesión adecuados . Este dato subraya la importancia de fortalecer nuestras organizaciones desde una perspectiva humanista, priorizando las relaciones humanas y la cohesión familiar.
En mi tesis doctoral, titulada “La persona, eje de la Consejería Sistémica Humanista. Una intervención Acción”, afirmo que “la integración de valores humanistas en la gestión empresarial no solo fortalece la cohesión interna, sino que también potencia la resiliencia organizacional ante las adversidades”. Esta reflexión es especialmente pertinente cuando consideramos las pérdidas inevitables en el ciclo de vida de una empresa familiar.
Las pérdidas son inevitables, pero cuando nuestras acciones se guían por principios éticos y humanistas, podemos transformar estas experiencias en oportunidades de aprendizaje y crecimiento. Como empresarios y líderes, tenemos la responsabilidad de humanizar nuestras decisiones, entendiendo que el verdadero motor de nuestras vidas no son los bienes materiales, sino los vínculos humanos que construimos en el camino.
Cerrar ciclos con esperanza
Aunque este mensaje nace desde la reflexión sobre las pérdidas, también surge desde la esperanza. Es posible construir un futuro en el que las empresas familiares sean ejemplo de prosperidad colectiva y humanismo en acción. Para ello, debemos aprender a valorar las relaciones genuinas, a soltar lo que nos daña y a rodearnos de personas comprometidas con un propósito común.
Soltar no es un acto de debilidad; es una manifestación de madurez y crecimiento. Desde una perspectiva psicológica, Carl Rogers lo describía como la capacidad de confiar en el proceso, incluso cuando implica dejar ir algo que valorábamos profundamente. Soltar permite liberarnos de la carga emocional que nos ancla al sufrimiento, para abrirnos a nuevas oportunidades de evolución personal y relacional.
En el ámbito tanatológico, soltar es parte del proceso de duelo, como señala Elisabeth Kübler-Ross en su modelo de las cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Llegar a la aceptación implica entender que no todo puede controlarse ni salvarse, y que hay pérdidas que forman parte de la vida misma. Aferrarse a relaciones o dinámicas insostenibles puede perpetuar el dolor y retrasar nuestro crecimiento, tanto individual como sistémico.
En las empresas familiares, aceptar que ciertos vínculos han llegado a su fin es un acto de amor propio y de respeto hacia los demás. Soltar no significa abandonar, sino reconocer que hemos hecho todo lo posible para resolver la entropía relacional, y que nuestra energía debe dirigirse hacia lo que sí podemos construir y sostener.
A los líderes empresariales, les invito a tomar esta reflexión como una oportunidad para hacerse cargo de su vida con madurez, autonomía y libertad. Al soltar aquello que ya no contribuye al bienestar personal o sistémico, abrimos espacio para relaciones más sanas, proyectos más sólidos y un propósito renovado.
Las empresas familiares no son solo patrimonios económicos; son, ante todo, comunidades humanas. Para prosperar, necesitan líderes capaces de asumir las pérdidas necesarias con valentía, aprendiendo de ellas y transformándolas en oportunidades para crecer. Como escribió Martin Buber: “Todo verdadero vivir es encuentro”. Que nuestras decisiones reflejen este principio, cultivando relaciones auténticas y dignas, en las que el bien común prevalezca sobre el interés personal.
Cuidemos nuestras relaciones, honremos nuestra historia y construyamos empresas que trasciendan generaciones no solo por su éxito económico, sino por el impacto positivo que dejan en la vida de quienes las integran. Soltar, en este contexto, no es un final, sino el principio de una nueva posibilidad.
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Abrazo esperanzador en letras.
*El autor es doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México; Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.
Correo electrónico: jaime.cervantes@desarrollistahumanocom | https://www.linkedin.com/in/jcervantesc | Instagram: @jaimecervantescovarrubias | X: @JCervantesC007
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