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Opinión

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Pemex, el dogma y la tragedia

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Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

Gabriel Quadri de la Torre

Todas las grandes empresas petroleras en el mundo ganan mucho dinero, con lo que remuneran generosamente a sus accionistas, desarrollan intensos programas de inversión, financian fondos soberanos, y generan una considerable renta para los países donde operan. Excepto Pemex. El monopolio estatal petrolero mexicano ha perdido 2.1 billones de pesos entre 2018 y el primer semestre de 2026. De hecho, algo totalmente insólito, los gobiernos de la 4T le han aportado casi 2 billones de pesos en el mismo periodo, en forma de transferencias directas de capital, condonaciones, reducciones y exenciones en pago de impuestos y derechos, y pagos de deuda por capital e intereses asumidos por el gobierno. Si restamos de los ingresos petroleros del gobierno sus aportaciones de capital o transferencias directas a Pemex, puede observarse que la contribución fiscal neta de Pemex (lo que aproxima a la renta petrolera) se desplomó entre 2022 y 2025, hasta convertirse en negativa en ese último año, por más de 156 mil millones de pesos. Es el caso inaudito de un país con un monopolio petrolero estatal que no sólo pierde dinero a raudales, sino que representa un pasivo neto brutal para las finanzas públicas. Pemex es una máquina formidable de destrucción de valor.

Las causas de esta tragedia tienen que ver con: 1) Derrumbe de la producción petrolera de 3.5 Millones de Barriles Diarios (MDBD) en 2004 a 1.3 MDBD en 2026, por declinación de grandes campos como Cantarell y Ku-Maloob-Zap, y la incapacidad del monopolio de incorporar y explotar nuevos yacimientos productivos. 2) Costos y pasivos financieros sin paralelo por deuda acumulada, oneroso servicio de la deuda, y un régimen laboral y pasivos pensionarios insostenibles. 3) Inversiones masivas no rentables como Dos Bocas. 4) Una sangría imparable y astronómica en refinación, por márgenes negativos de operación, donde se pierden entre 30 y 40 USD por cada barril de petróleo refinado (las peores refinerías son Madero y Minatitlán). Esto, a pesar de que Pemex Exploración y Producción suministra a las refinerías crudo tramposamente barato para enmascarar pérdidas, diluyéndolas en toda la empresa. Los todavía respetables márgenes que se obtienen por producción y exportación de (cada vez menos) petróleo son despilfarrados en las refinerías de Salamanca, Salina Cruz, Minatitlán, Cadereyta, Tula, Madero y Dos Bocas.

Los problemas en refinación son virtualmente insolubles. Las refinerías reciben 580 mil barriles diarios de crudo pesado del yacimiento Ku-Maloob-Zap de menos de 15 API (lo que mide la densidad del petróleo), con contenidos altísimos de asfaltenos, que son los componentes más pesados, complejos y difíciles de procesar, así como de azufre (más de 5%), y elevadas concentraciones de metales como níquel y vanadio. Se trata de crudo para el cual no están diseñadas las refinerías mexicanas (incluyendo la nueva, Dos Bocas, por lo que seguirá la trayectoria de las demás), lo que impide niveles de utilización adecuados, y concentra los costos fijos en poca producción. El crudo pesado obstruye y tapa trenes de calentamiento, daña intercambiadores de calor y reactores, incrusta con coque las tuberías, y bloquea las columnas de destilación, lo que provoca paros no programados continuos. En realidad, por estas razones se utiliza sólo entre el 36% y el 55% de la capacidad de refinación. Además, el crudo pesado genera una inaceptable proporción de combustóleo en los productos de refinación (más de la cuarta parte), altamente contaminante, y que se vende 10 USD por debajo del valor del crudo. La mayor parte del crudo más ligero y de mejor calidad se exporta en volúmenes decrecientes, junto con condensados de petróleo (gases en los yacimientos que se licúan al bajar la presión cuando se extraen), que son hidrocarburos aún más ligeros de alta calidad que no van a refinación sino a petroquímica o directamente a mezclas de gasolinas.

Para resolver este nudo gordiano, tendría que: 1) Hacerse disponible un volumen mucho mayor de crudo ligero en México con el cual alimentar las refinerías; algo imposible por la eliminación de licitaciones petroleras y de inversión privada en exploración y producción. 2) Refinar los crudos ligeros que hoy se exportan, y exportar crudos pesados; el problema es que son insuficientes y el costo de oportunidad sería muy alto, ya que el precio del crudo pesado en el mercado internacional es mucho menor. 3) Importar petróleo ligero de Estados Unidos para ser procesado en las refinerías; esto sería para la 4T una blasfemia. 4) Cerrar las refinerías, venderlas o liquidarlas, para abatir las pérdidas en Pemex; esto, obviamente, sería anatema. La “soberanía” pasa por la refinación y la “autosuficiencia” (aunque imposible de lograr) y es un dogma cardinal para la 4T revelado por su siniestro profeta. Es decir, no va a cambiar la política de exportar cada vez menos y tratar de refinar cada vez más destrozando las refinerías con crudo pesado, y perdiendo cada vez más dinero a costa de las finanzas públicas, de déficit y deuda explosivos, y del bolsillo de los mexicanos.

Gabriel Quadri de la Torre

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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