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La OMS en la encrucijada: de la desglobalización a la salida de EU
¿Qué pasará con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un mundo que se fragmenta por la desglobalización? Mientras ésta gana terreno y Estados Unidos amenaza con abandonar la OMS, esta institución enfrenta una de las crisis de más grandes proporciones en su historia.
La globalización, un término acuñado conceptualmente por T. Levitt en los años 80, ofrecía un panorama optimista sobre la interconexión entre países, destacando beneficios económicos y culturales. Su desarrollo estuvo impulsado por avances tecnológicos y políticas de libre comercio. Esta dinámica favoreció no solo la expansión de organismos económicos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC), sino también fortaleció agencias no económicas como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la UNESCO y UNICEF. La globalización no solo facilitó el comercio y las finanzas internacionales, sino también la consolidación de organismos internacionales no económicos, fortaleciendo su capacidad para abordar desafíos globales.
En contraste, la palabra desglobalización comenzó a ganar popularidad tras la crisis financiera de 2008, consolidándose con eventos como el Brexit (2016) y la política "América Primero" impulsada por Donald Trump. La pandemia de COVID-19 llevó el concepto a nuevos niveles de relevancia, al evidenciar la fragilidad de las cadenas de suministro globales y el "nacionalismo de la vacunación". En palabras simples, el término describe la reversión o desaceleración del proceso de globalización económica, social y política que había dominado los últimos 40 años.
¿Cómo se expresa la desglobalización en 2025?
En el ámbito económico, se observa una reducción del comercio internacional y la paulatina y costosa reubicación de la producción a los países de origen (“reshoring”). En lo político, hay un mayor control de las fronteras y un repunte de las políticas de militarización. En lo cultural, se promueven productos, valores o identidades locales frente a las influencias extranjeras. Aunque el futuro del proteccionismo es incierto, existe una clara intención de desarrollar economías autosuficientes. Por ejemplo, la Unión Europea plantea un “proteccionismo de interposición”, es decir, colocaran barreras entre los mercados internacionales y el mercado interno de cada país. Por su parte los BRICS buscan expandir sus alianzas incluyendo más países para fortalecerse mutuamente.
Estas tendencias generan una creciente deslegitimación del sistema global vigente, y su impacto en organismos internacionales como la OMS es irrefutable. La pandemia erosionó la confianza y el liderazgo de la OMS. Algunos Estados miembros criticaron su neutralidad y prefirieron seguir sus propios lineamientos sanitarios. Cuando los países priorizan lo local, la cooperación financiera internacional se ve afectada. Actualmente, gran parte del financiamiento de la OMS proviene de contribuciones voluntarias de agencias privadas y países ricos, mientras que las aportaciones obligatorias son de menor proporción.
Si Estados Unidos retira su presencia definitivamente, las repercusiones irían más allá del impacto financiero. Programas globales como las respuestas a pandemias y vacunación, los salarios de servidores internacionales y los gastos operativos de la organización podrían verse gravemente afectados. Esto podría forzar a la OMS a reducir dramáticamente su capacidad operativa, limitando su relevancia global.
Desde su fundación en 1948, la OMS tiene la misión de lograr “que todas las personas alcancen los más altos grados posibles de salud, sin distinción de raza, religión, ideología política, nivel económico o condición social”. Sin embargo, su historia ha estado marcada por claroscuros. Entre sus logros destacan la erradicación de la viruela (1980), los avances en el control de enfermedades infecciosas como la filariasis y la oncocercosis, y la creación del Reglamento Sanitario Internacional (RSI 2005). Pero también ha tenido fracasos notables, como la fallida erradicación de la malaria y la poliomielitis, las respuestas tardías a crisis como el Ébola (2014) y el COVID-19 (2020), así como su incapacidad de forzar medidas acordes al RSI en los países poderosos, como sucedió en la pandemia de COVID-19. Lo que debe quedar claro, es que la misión original de la OMS no ha cambiado, pero sí el contexto en el que fue diseñada. 78 años despues de su creación, el mundo en el que existe la OMS no es el mismo. Los retos que enfrenta la organización de hoy se relacionan con una amplia digitalización del mundo de la salud; amplias transferencias de conocimientos y tecnologías entre los países, así como financiamiento limitado, normatividad fragmentada, tensiones geopolíticas y una crisis de credibilidad y confianza.
La desglobalización representa una amenaza sistémica para la OMS, al debilitar las alianzas internacionales y priorizar las agendas locales. Sin embargo, la salida de Estados Unidos tendría un impacto inmediato, que puede afectar la sostenibilidad de la organización y enviar un mensaje político que podría incentivar a otros países a reducir su apoyo. A pesar de estos desafíos, la OMS también tiene oportunidades. Las amenazas sanitarias (pandemias, cambio climático, resistencia antimicrobiana) refuerzan la necesidad de coordinación global, lo que podría ser una plataforma para que la OMS demuestre su relevancia. Para ello, la organización necesita reformarse profundamente, fortaleciendo su transparencia, eficiencia y adaptabilidad a un mundo fragmentado.
Un momento de decisión
La OMS enfrenta el reto de leer con cuidado el panorama geopolítico actual. Las tensiones entre bloques como el Este-Oeste y el creciente liderazgo de países del Sur Global son factores que definirán su futuro. En lo personal, considero que la desglobalización es una amenaza mayor, pero también una oportunidad. Si logra adaptarse, reformarse y trabajar más estrechamente con los países emergentes, podría mantener su influencia en la salud global. De no hacerlo, corre el riesgo de desdibujarse, transformándose en una organización irrelevante y consultiva, incapaz de cumplir con los desafíos que el siglo XXI demanda.
*El autor es profesor Titular del Dpto. de Salud Pública, Facultad de Medicina, UNAM y Profesor Emérito del Dpto. de Ciencias de la Medición de la Salud, Universidad de Washington. Las opiniones vertidas en este artículo no representan la posición de las instituciones en donde trabaja el autor.
Contacto: rlozano@uw.edu; rlozano@facmed.unam.mx; @DrRafaelLozano