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Nearshoring y educación: la brecha que frena a México

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Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero

Irasema Andrés Dagnini

Escribo estas líneas con la convicción de que México atraviesa una coyuntura histórica. El fenómeno de la relocalización de empresas (nearshoring) ha colocado al país en el radar de las grandes corporaciones globales, que buscan reubicar sus operaciones más cerca de Estados Unidos. Entre 2020 y 2023, la inversión extranjera directa vinculada al nearshoring creció más de 11 puntos porcentuales y se estima que entre 2027 y 2030 podrían generarse entre 1 y 2.5 millones de empleos adicionales.

Sin embargo, detrás de este escenario prometedor se esconde un obstáculo que amenaza con frenar su potencial, el cual se relaciona con la mano de obra y la falta de talento especializado.

En una entrevista reciente con Luz María Moreno, subdirectora de Atracción y Selección de Pentafon HR, quedó claro que la brecha es alarmante. México gradúa apenas 20,000 profesionales en carreras que se consideran el motor de la innovación y el desarrollo económico en países industrializados, enfocadas en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) cada año, frente a una demanda de 60,000 puestos.

A esto se suma un déficit de bilingüismo: solo 6.8% del talento domina el idioma inglés a nivel profesional. El resultado es una guerra de talento en clústeres industriales como Monterrey y el Bajío, donde las empresas compiten agresivamente por los pocos perfiles disponibles. Ingenieros bilingües con habilidades en automatización y cadena de suministro pueden recibir hasta 30% más de salario que sus pares sin esas competencias, lo que genera rotación y presión salarial sin resolver el problema estructural.

El sector maquilador, que representa alrededor del 14% del PIB nacional y la industria automotriz, que aporta 4.5% del PIB y cerca del 30% de la producción manufacturera, son los más expuestos a esta carencia de capital humano. La paradoja es evidente: tenemos la ubicación geográfica, la infraestructura y un tratado comercial renovado, pero carecemos de la fuerza laboral que permita aprovechar plenamente la oportunidad.

La renovación del T-MEC en 2026 es, sin duda, positiva para México. Las reglas de origen más estrictas en el sector automotriz, considerando un 75% de contenido regional en vehículos, 40% de valor laboral en plantas con salarios de al menos 16 dólares por hora y 70% de acero y aluminio fundidos en Norteamérica, refuerzan la integración regional y favorecen la relocalización de plantas. Pero también elevan la exigencia sobre el talento local, que debe estar preparado para cumplir con estándares más complejos y sofisticados.

El Banco de México (Banxico) estima que la economía mexicana crecerá 1.1% en 2026, mientras que la OCDE proyecta 0.8%. Son cifras modestas frente al potencial que el nearshoring podría detonar si se resolviera la brecha educativa. La oportunidad está en nuestras manos, con un catalizador de inversión y empleo que podría transformar la estructura productiva del país. Pero sin una estrategia coordinada entre gobierno, universidades y empresas, corremos el riesgo de quedarnos rezagados.

La solución pasa por modernizar los planes de estudio, incorporar habilidades digitales avanzadas (cloud, data analytics) y fortalecer el bilingüismo desde etapas tempranas. Las empresas, por su parte, deben invertir en la capacitación de sus empleados para mejorar las habilidades en sus mismos puestos o área (upskilling y reskilling), fomentando la lealtad y reduciendo la rotación. El gobierno tiene que facilitar esta transición con políticas públicas que incentiven la capacitación y la vinculación entre academia e industria.

Como columnista, me resulta inevitable subrayar que el nearshoring no es solo una estrategia de relocalización; es una prueba de fuego para nuestro sistema educativo y laboral. México enfrenta un crecimiento económico débil de alrededor de 1.0%, cifras que reflejan la fragilidad estructural de nuestra economía. Sin embargo, desde las políticas públicas se puede hacer mucho para fortalecer este desempeño, como invertir en educación técnica, fomentar el bilingüismo y diseñar programas de capacitación que respondan a las necesidades de la industria.

Si México logra cerrar la brecha de talento, podrá capitalizar miles de millones de dólares en inversión y consolidarse como un hub industrial de primer nivel. Si no, la oportunidad se desvanecerá, dejando al país atrapado en su rezago estructural.

La pregunta no es si el nearshoring llegará, pues ya está aquí, sino si tendremos la capacidad humana para sostenerlo. Y esa respuesta depende de que actuemos hoy, con visión y urgencia, sin desaprovechar las oportunidades que nos brinda la simple geografía: estar junto al mercado más grande del mundo.

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Irasema Andrés Dagnini

Economista y analista de economía y finanzas. Consultor de personas físicas y morales. Docente nivel superior, conferencista. Miembro del Consejo Asesor de UVM-Coyoacán. Editor de Vínculo Económico, canal digital. Comentarista en radio y televisión y colaborador en revistas especializadas del sector financiero.

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