Lectura 3:00 min
Jackson Hole: La independencia del dinero en juego

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Cada vez que se acerca la fecha para la celebración del simposio de Jackson Hole, el lugar común dicta lo mismo: es uno de los momentos más importantes para saber cuál es la postura de la Reserva Federal (Fed) respecto al futuro monetario de Estados Unidos.
Y es cierto, esta conferencia económica anual –organizada por el Banco de la Reserva Federal de Kansas City en Wyoming, Estados Unidos, que reúne a banqueros centrales, titulares de las áreas financieras y académicos del mundo– es una oportunidad única para debatir sobre los retos de la política monetaria global.
Pero en especial en esta edición, que se llevará a cabo el jueves y viernes de la próxima semana, sí se enfrenta a un momento en el que será mucho más que un foro académico. Aunque el tema central elegido este año sea la innovación financiera y las implicaciones para los pagos y las políticas, la cita pinta para ser, como dicen muchas firmas financieras importantes, “un verdadero cambio de régimen” ante las presiones inflacionarias, los mercados sobrevalorados y la sombra constante de Donald Trump buscando inclinar la balanza en la política monetaria.
Son casi 50 años de tradición de esta reunión y a lo largo de ese tiempo se han dado coyunturas importantes, pero la actual es una encrucijada compleja que tiene como carta de presentación el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años en niveles no vistos desde los años previos a la crisis “subprime”.
Ante los ojos de los mercados Estados Unidos sostiene dos hechos: un complicado panorama fiscal y una guerra en Medio Oriente de la que difícilmente puede salir y que provoca fricciones inflacionarias por los altos costos de los combustibles.
Es ahí donde todos voltean la mirada al nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, ante la descripción de los libros de texto de que acceder a una baja en las tasas de interés para estimular el consumo, como pretendería Donald Trump, en momentos de presiones en los precios es la fórmula perfecta para desanclar las expectativas de inflación.
Por eso, delimitar los niveles de autonomía de la Fed en tiempos de Warsh, en estos tiempos de populismo monetario de la Casa Blanca, es uno de los mensajes más importantes que esperan los mercados de Jackson Hole; además, claro, de ver cómo lidiar con la tormenta perfecta que ahora se forma en los mercados.
Todo esto para México es muy importante, porque además de los nubarrones globales que también amenazan a nuestro país, tenemos el componente local de una inercia conformista, carente de reformas estructurales y con una agenda política tendiente más hacia un camino autoritario que a la atracción de capitales.
Si el costo del dinero se mantiene elevado a nivel internacional por la desconfianza fiscal en Estados Unidos, las exigencias de los capitales a los países emergentes serán la suma de ese reclamo más la percepción de riesgo de cada mercado.
Los mercados cuestionan al dólar, Warsh tiene que dar señales contundentes y México no puede seguir con sus actitudes políticas impulsivas en momentos en que el dinero se vuelve caro y volátil.

