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La inversión en infraestructura es la clave del crecimiento de China
El gobierno de China estableció su objetivo de crecimiento para 2026 en un 4.5-5%. Con el deflactor del PIB de China aún en territorio negativo y un amplio margen de maniobra para una política fiscal y monetaria más expansiva, esto es alcanzable, pero requerirá impulsar tanto el consumo como el gasto en inversión.

PEKÍN – A pesar de un entorno geopolítico complejo y una guerra comercial liderada por Estados Unidos en 2025, China alcanzó su objetivo de crecimiento del 5%, con un PIB que alcanzó los 140.19 billones de yuanes (20.4 billones de dólares). Las contribuciones al crecimiento del PIB del año pasado de los tres componentes de la demanda agregada —consumo final, formación de capital y exportaciones netas— fueron del 52%, el 15.3% y el 32.7%, respectivamente.
A pesar del impresionante desempeño del crecimiento general para 2025, la estructura de la demanda agregada fue problemática. El crecimiento del consumo, medido por las ventas minoristas totales de bienes de consumo, se situó en solo el 3.7% interanual. La inversión en activos fijos, un indicador de la formación de capital, cayó un 3.8%, el segundo nivel más bajo desde la década de 1980. De las tres categorías principales de FAI, la inversión en manufactura creció un 0,6%, significativamente más lento que en el período del año anterior, mientras que la inversión inmobiliaria se desplomó un 17.2% y la inversión en infraestructura cayó un 2.2%, la primera disminución anual desde que se dispone de estadísticas. Inesperadamente, las exportaciones netas en 2025 se mantuvieron tan fuertes como en 2024, registrando un superávit comercial de 8.5 billones de yuanes. En ausencia de datos oficiales sobre la participación de las exportaciones netas en el PIB a principios de 2025, se puede inferir razonablemente que las exportaciones netas de China crecieron a una tasa de dos dígitos.
El gobierno chino ha fijado su objetivo de crecimiento para este 2026 en un 4.5-5 %. Esto es alcanzable con el deflactor del PIB de China aún en terreno negativo y con un amplio margen de maniobra para una política fiscal y monetaria más expansiva. Sin embargo, requerirá acelerar el crecimiento tanto del consumo como de la inversión.
Para empezar, el gobierno chino debe aprovechar las políticas relativamente exitosas que implementó en los últimos años para estimular el consumo. Estas incluyeron la emisión de bonos del Tesoro a ultralargo plazo por valor de 300,000 millones de yuanes para un programa de intercambio de bienes de consumo, la exención del impuesto sobre la compra de vehículos de nueva energía (con un valor superior a 200,000 millones de yuanes) y la oferta de cientos de miles de millones de renminbi en subsidios para la compra de vehículos y electrodomésticos. El gobierno también aumentó el gasto en prestaciones de la seguridad social, incluyendo pensiones y programas de subsistencia.
Un desafío más serio es la disminución de la inversión. Sin duda, la inversión en manufactura de alta tecnología fue un punto positivo, con un crecimiento de dos dígitos. Sin embargo, no fue suficiente para compensar la continua disminución de la inversión inmobiliaria, que ha caído más del 10% durante tres años consecutivos. El gobierno chino ha respondido con una serie de políticas, que incluyen la compra de viviendas sin vender y la reducción de los tipos de interés de las hipotecas existentes. No obstante, llevará más tiempo del previsto estabilizar el mercado y que la inversión inmobiliaria vuelva a terreno positivo.
La caída sin precedentes de la inversión en infraestructura representa el principal desafío. Si bien China ha logrado avances notables en el desarrollo de infraestructura, aún queda mucho por hacer, como modernizar las redes de transporte, energía, conservación del agua y comunicación, y construir nuevos marcos para apoyar a una sociedad en proceso de envejecimiento. Esto costará una enorme cantidad de dinero. Por ejemplo, en los próximos cinco años, China construirá y renovará más de 700,000 kilómetros de tuberías subterráneas urbanas, lo que requerirá más de 5 billones de yuanes.
En vista de lo anterior, y dado que la estrategia de “doble circulación” del gobierno chino exige impulsar la demanda interna y reducir la dependencia de la demanda externa, las autoridades se centrarán este año en ello y en reequilibrar el comercio. En términos de gestión macroeconómica a corto plazo, la solución más eficaz para ambos problemas es aumentar la inversión en infraestructura.
A pesar de los resultados positivos, los esfuerzos del gobierno para impulsar el consumo tuvieron menos éxito de lo esperado a la hora de estimular el crecimiento del PIB. Esto se debe a que el consumo de los hogares depende de los ingresos permanentes. Si los hogares no confían en que el aumento de los ingresos sea permanente y que estos sigan aumentando en el futuro previsible, es poco probable que incrementen significativamente el consumo.
Se trata de un dilema de la gallina y el huevo: un mayor crecimiento del PIB requiere un mayor consumo, pero este último depende del primero. Para superar este impasse, las autoridades deben ampliar significativamente la inversión en infraestructura, la cual queda a discreción del gobierno y es independiente tanto de los niveles de ingresos como del gasto de consumo existentes. Esto la convierte en la manera más eficaz de empezar a impulsar el crecimiento económico.
Por supuesto, se podría argumentar que el estímulo al consumo de China, incluyendo subsidios directos y reformas a la seguridad social, no fue suficiente. El paquete del año pasado fue, de hecho, mucho menor que el estímulo pos-Covid que Estados Unidos introdujo en 2021. Pero no hay que olvidar que la inflación estadounidense alcanzó su máximo en cuatro décadas, el 9.1%, en junio del 2022. En cambio, aumentar la inversión en infraestructura tiene menos probabilidades de generar presiones inflacionarias, ya que incrementa la capacidad de producción a largo plazo.
Afortunadamente, China no enfrenta una amenaza inflacionaria (aunque esto podría cambiar debido a shocks externos) y aún cuenta con un amplio margen fiscal, que el gobierno debería aprovechar para adoptar una política más expansiva, respaldada por una política monetaria acomodaticia. Muchas otras autoridades fiscales ya han abandonado la adhesión a objetivos rígidos, como los criterios europeos de Maastricht; China debería hacer lo mismo. Aumentar sustancialmente la ratio de déficit presupuestario/PIB para financiar la inversión en infraestructura ayudaría a China a establecer una composición más sostenible de la demanda agregada y, fundamentalmente, a seguir alcanzando sus objetivos de crecimiento.
El autor
Yu Yongding, expresidente de la Sociedad China de Economía Mundial y director del Instituto de Economía y Política Mundial de la Academia China de Ciencias Sociales, formó parte del Comité de Política Monetaria del Banco Popular de China entre 2004 y 2006.
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