Lectura 4:00 min
Interpretación e intervención política en México

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Toda organización humana perdura en tanto permanentemente renace. Hermann Heller
Lejos estamos de la economía circular, acuerdos para reducir el consumo de combustibles fósiles, ni siquiera nos acercamos a las energías limpias de cara a ese calentamiento global más palpable con los intensos calores en el trópico y las lluvias que nos causan estragos de todo tipo, desde no llevar consigo el paraguas hasta las inundaciones catastróficas.
Pero todo ello no resulta a la vista importante para el ciudadano, acostumbrado a quejarse desde que amanece, si hay sol o frio, tráfico vehicular o retraso en las líneas del transporte público, que no deja de ser deficiente, la carestía nos alcanzó en las aplicaciones que no resuelven esos problemas.
Vamos más por las suposiciones del entorno político, las acusaciones que se cruzan los que detentan el poder, con quienes ya lo tuvieron y fueron un gran desastre para todo el país, donde el sinónimo de constancia eran los actos de notable enriquecimiento ilícito, en apego a esa corrupción galopante que no nos deja crecer en el entorno mundial.
Una economía en decaimiento, como el sentimentalismo de la derrota, del ya merito, esos pensamientos que no nos acercan al éxito, porque somos muy dados a repartir culpas, a señalar sin pruebas, a acusar y hasta tirar la piedra y esconder la mano adulta, que sí se ve y se nota, cuando de tomar lo que no es de su propiedad se hace.
Hoy el desgaste al interior en la política de la presidenta Sheinbaum sufre en demasía, porque hacer presencia todas las mañanas, en un mismo escenario, con preguntas y cuestionamientos hasta ridículos muchas veces, que además no fija agenda como su antecesor, que respondía en otros sentidos, nos preocupa.
Y no solo eso, debe ocuparnos de hacer mejor nuestras tareas diarias, dejar de lado lo que irrita a las mayorías, desde el Guanajuato panista, porque no toda la población es azul, ni los que habitan Sinaloa están de acuerdo con las definiciones de las recientes semanas, en un intervencionismo a ultranza por parte de quien no muestra pruebas.
Dirían los clásicos, ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario, pero vaya que tomamos partido, la crítica y ese lenguaje de comunicación asertiva con las otras inteligencias que tenemos al alcance en el trabajo y en casa, más las ociosidades del pensamiento mágico, nos dan muestra de coraje, porque generalmente prejuzgamos, queremos a todos culpables, mientras no estamos en un lecho de rosas.
Y por si no faltara nada, hacemos pronósticos de renuncias, colocamos a tal o cual servidor público en un cargo, imaginamos mejores tiempos, o hasta cruzamos apuestas en tiempos que nunca alcanzan a llegar, ni los impulsos de los comentarios al margen, surten el efecto no deseado quizá.
Vamos a fondo de los problemas de cada cual, porque la globalización si está en todo, pero cada ente tiene no sólo discursiva, sino el pretexto de la vagancia, el señalamiento al gobierno de lo que deja de hacer, pero no hay un análisis comprometido con los complejos momentos que nunca antes se habían tenido con el vecino irrespetuoso y hasta dueño de mentiras para salvar su mayoría en el Congreso en noviembre.
ENTRE LÍNEAS
Un país como todos deben ser libres y soberanos de sus decisiones políticas, sobre todo cuando el gigante ha despertado con una realidad en la imaginación, tenemos que vernos en la unidad, en la creación de mejores horizontes, porque de ello depende el humor, el carácter y hasta la razón que pueda asistirnos, entre esa maldad que construyen los que no saben construir un mejor país.

