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Ante incertidumbre del T-MEC conviene buscar esquemas de cooperación en la frontera México-EU

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OpiniónEl Economista

Mario C. López

Históricamente hemos hablado de la frontera entre México y Estados Unidos como una línea que divide y separa, e incluso como un punto de conflicto y tensión permanente entre ambos países. Sin embargo, quienes somos fronterizos sabemos que, en la práctica, las fronteras son un puente de oportunidades para las empresas, cadenas de suministro, intercambio de tecnología, nuevos mercados y, sobre todo de intercambio de ideas y talento. Por lo mismo, la pregunta que debemos hacernos es cómo convertir esa potencial integración entre nuestras fronteras en una posible estrategia de desarrollo regional entre ambos países.

El reciente acuerdo anunciado entre CANACINTRA Tijuana y la California Manufacturers & Technology Association (CMTA) para impulsar una Estrategia Industrial Binacional entre California y Baja California representa, en ese sentido, la posibilidad de pasar de la colaboración reactiva, de mercado y de ventas, a una estrategia de cooperación regional estructurada de largo plazo.

Y esa diferencia es fundamental.

California y Baja California cuentan con capacidades industriales que se complementan. Baja California ha construido durante más de seis décadas una experiencia manufacturera que incluye talento especializado, proveedores, infraestructura productiva y conocimiento de procesos globales. Del otro lado de la frontera, California concentra patentes, tecnología, innovación, capital de riesgo y algunos de los sectores industriales más sofisticados de Norteamérica.

El reto es que todavía no aprovechamos plenamente esa complementariedad.

Durante las últimas décadas, el costo de operar y contratar en California se ha incrementado de manera significativa. El alto costo de la vivienda, el aumento en el salario mínimo y otros costos asociados a la operación industrial han representado un desafío para el sector industrial. Como consecuencia, empresas y procesos productivos se han desplazado hacia otros estados como Arizona y Texas y, en otros casos, hacia países de Asia.

Existe, sin embargo, una paradoja que deberíamos atender.

Por su posición geográfica, California ha desarrollado históricamente una relación económica y comercial muy fuerte con Asia. Pero para determinadas actividades manufactureras, la solución a algunos de sus retos de competitividad puede estar mucho más cerca: trabajar de manera más estratégica con México.

No se trata de sustituir a California ni de trasladar empleos a México. Se trata de construir una región productiva más competitiva, donde cada parte aporte aquello que hace mejor. Ese es el verdadero potencial de la región CaliBaja como le llamamos a la frontera de California con Baja California.

Podemos imaginar, por ejemplo, cadenas de valor en las que el diseño, la investigación, la innovación, la ingeniería avanzada y determinadas etapas de producción permanezcan en California, mientras Baja California aporta capacidades manufactureras, talento técnico, proveedores y procesos productivos competitivos.

El resultado no tiene por qué ser un juego de suma cero. Puede significar más competitividad para las empresas, más inversión para la región y más oportunidades laborales en ambos lados de la frontera. Pero para lograrlo necesitamos dejar atrás la lógica de los proyectos aislados.

La estrategia binacional que desde CANACINTRA se está impulsando debe traducirse en objetivos concretos: identificar sectores prioritarios, mapear capacidades industriales, detectar brechas de proveeduría, desarrollar talento especializado, mejorar infraestructura, facilitar la innovación y construir mecanismos para atraer nuevas inversiones.

Y, sobre todo, debemos medir los resultados. Medir, medir, medir y comunicarlo a los tomadores de decisión de ambos lados.

Una cooperación regional seria necesita metas, indicadores y una estructura de gobernanza que permita saber qué funciona, qué debe corregirse y dónde existen nuevas oportunidades. La integración económica no puede depender únicamente de las relaciones personales entre empresarios o de iniciativas que cambian con cada administración.

Necesitamos institucionalizarla. Esto es fundamental.  

Este modelo también puede convertirse en una referencia para otras regiones de la frontera entre México y Estados Unidos. Pensemos en los dos Nogales, en El Paso–Ciudad Juárez, en Laredo–Nuevo Laredo y en muchas otras comunidades binacionales. Cada una tiene una realidad industrial diferente, pero todas comparten una característica: sus economías están profundamente conectadas y enfrentan retos que difícilmente pueden resolverse mirando únicamente hacia un lado de la frontera.

La cooperación regional permite precisamente eso: identificar problemas comunes y aprovechar capacidades complementarias.

No existe una fórmula idéntica para todas las regiones. Pero sí existe un principio que puede ser común: las fronteras más competitivas serán aquellas que aprendan a coordinarse mejor y este nuevo acuerdo de California y Baja California debe de ser el ejemplo.

Por el nuevo orden económico impulsado desde la Casa Blanca vivimos un momento de incertidumbre económica y de transformación de las cadenas globales de suministro, la cooperación regional adquiere todavía mayor relevancia. Las empresas buscan resiliencia, cercanía, talento, infraestructura y capacidad de respuesta.

La frontera México–Estados Unidos tiene una ventaja que ninguna política industrial puede fabricar de la noche a la mañana: ya existe una relación empresarial, productiva y humana construida durante décadas. Esto es nuestro mejor activo: la experiencia del éxito.

Lo que falta es darle dirección, orden y socializarlo con otros sectores industriales y que se pueda convertir en política pública para ambos lados de la frontera.

Por eso, este MOY debe verse como el inicio de una conversación mucho más amplia. No solamente sobre Baja California y California, sino sobre el futuro de las regiones fronterizas de Norteamérica. La pregunta no debería ser qué país gana cuando una empresa decide dónde producir, la pregunta correcta es cómo podemos hacer que la región completa sea más competitiva.

Si logramos responderla juntos, la frontera dejará de ser vista únicamente como el punto donde termina un país y comienza otro.

Podrá convertirse en algo mucho más poderoso: el lugar donde dos economías complementarias construyen, juntas, una ventaja competitiva que ninguna podría alcanzar por separado.

*El autor es CEO de The Border Group

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