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Historia de dos ciudades

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OpiniónEl Economista

Jaime Guerrero Vázquez

“Érase el mejor de los tiempos y el más detestable de los tiempos; la época de la sabiduría y la época de la locura, el período de la fe y el período de la incredulidad, la era de la Luz y la era de las Tinieblas, la primavera de la vida y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos y nada poseíamos, caminábamos en derechura al cielo y rodábamos precipitados al abismo (…).”

Esta descripción que cito arriba parece adecuada para nuestros tiempos, aunque la publicó Charles Dickens en 1859 refiriéndose a historias de los últimos años del siglo XVIII. Es una de las mejores entradas a una novela y una de las más memorables. Las dos ciudades de referencia son Londres y París, aunque para nuestro interés podríamos hablar de Washington y la CDMX.

En efecto, parafraseando a Dickens, esta es la mejor de las épocas un cuanto a avances en tecnología, medicina y conocimiento en general, pero buena parte de este se utiliza para las guerras o la explotación de personas y países. Es una época de sabiduría para unos cuantos, pero también de locura e ignorancia para muchos.

En Washington gobierna un hombre que es un delincuente probado, cómplice de un genocidio en Gaza, culpable de violar leyes y normas internacionales y asesinar a lancheros por suponerlos narcotraficantes, sin aportar ninguna prueba. El gobierno de EUA convoca a una lucha que ya está perdida mientras exista una demanda de estupefacientes, legales e ilegales. Realmente, a Trump no le interesa mejorar la salud de los estadounidenses, le importa obtener votos que le permitan seguir abusando y enriqueciéndose gracias al cargo para el que fue electo. Escribir o creer que la justicia para nuestro país vendrá de ese pantano de corrupción y atrocidades es inocente o simplemente oportunista.

Desde la CDMX, Claudia Sheinbaum gobierna a nombre de un partido y una alianza que terminó con la frágil e incipiente democracia que teníamos, que ha permitido niveles de corrupción récord en la historia moderna de México (SEGALMEX y huachicol fiscal) y que protege a delincuentes por ser parte de “su” movimiento. Exige pruebas cuando le conviene y ataca cuando sus adversarios son sospechosos de algún delito.

No esperemos que la ayuda llegue desde EUA o que en México se defienda la soberanía cuando en realidad se protege a una camarilla. Este es un juego fársico. Al menos hay que tener claro esto.

Trump está en problemas no sólo electorales. Ha creado un abismo entre su país y Europa; los viejos aliados se ven con desconfianza creciente. Su guerra con Irán es para permitir la expansión de Israel hacia el Líbano y consolidar su presencia y hegemonía en la región, pero no le ha salido nada bien. Como de costumbre, hay personas y empresas que se están enriqueciendo con la guerra. Su pleito con el Papa Leon XIV también le ha sido perjudicial. La captura de Maduro y el sojuzgamiento del gobierno chavista no le ha dado votos, pero tampoco ha llevado la democracia a los venezolanos. La mayoría de los estadounidenses ni siquiera saben dónde está Venezuela. Tomar Cuba no le será difícil, pero es dudoso que le traiga beneficios en noviembre.  Por si fuera poco, hay inconformidad por la situación económica y social dentro de EUA.

Queda México, es decir, llevar a cabo alguna acción espectacular a costillas de nuestro país para ganar votos. Abandonar el T-MEC le traería a Washington más problemas que beneficios. Un tratado muy abusivo correría el riesgo de no ser firmado. Los migrantes ya no son un problema externo y el ICE se encarga de perseguir a los que están adentro. Pero queda el narcotráfico. Juzgar y condenar capos ya no atrae como antes, además las leyendas como el Chapo, el Mayo o el Mencho ya están en la historia. Pero ahí están los narcopolíticos y los narcoempresarios. Y a montones. Los hay en el gobierno, en el Congreso, en los gobiernos estatales y en las empresas. ¿Su captura, extradición y juicio le darán a Trump alguna rentabilidad política sólida? Es difícil, pero lo cierto es que algunas incursiones armadas y misiles bien colocados le podrían ser de utilidad.

La presidenta Sheinbaum sabe todo esto y no tiene opción. Resistirá hasta donde pueda la presión del norte, pero llegado el momento entregará a los 10. Mientras, su prioridad es preparar la elección del 27 y esforzarse para que no se le caiga la economía.

Si entrega o se arresta y juzga a los narcopolíticos tal vez pueda decir Sheinbaum como Sydney Carton: “La santa dicha que ahora saborea mi alma no la hubiera encontrado jamás en la tierra.”

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