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La guerra del helio y los fertilizantes

Jorge A. Castañeda | Columna invitada
A estas alturas es difícil predecir las consecuencias de la guerra en Irán y Medio Oriente. La situación cambia cada hora y las declaraciones de las partes son erráticas y contradictorias. Aún con los atisbos de un cese al fuego, el conflicto tendrá efectos duraderos en varios frentes, particularmente en ciertas cadenas de suministro clave —más allá de las energéticas— para las economías modernas.
La primera cadena afectada, comentada elocuentemente por Brenda Stefan en Reforma, es la de los fertilizantes. Un tercio del comercio global pasa por el estrecho de Ormuz y la mitad de la urea que se comercia en el mundo —el fertilizante nitrogenado más usado en la agricultura moderna— sale del golfo Pérsico. Con el estrecho prácticamente cerrado al tráfico comercial desde finales de febrero, el precio de la urea importada en EE. UU. se disparó 32% en una semana, de 516 a 683 dólares por tonelada métrica, según datos del CSIS. El incremento acumulado desde diciembre se estima en 77%.
El problema no es solo de precios. A diferencia del petróleo, no hay inventarios internacionales de fertilizantes. Y el momento es el peor posible: los agricultores del hemisferio norte están entrando en la temporada de siembra de primavera, el periodo de mayor consumo del año. Si la urea no llega a tiempo, los rendimientos de maíz, soya, trigo y arroz caerán inevitablemente. Cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, los precios de los alimentos en EE. UU. alcanzaron máximos de 40 años, en buena parte por el encarecimiento de los fertilizantes. La disrupción actual podría ser más severa porque no afecta a un solo productor —como en el caso ruso— sino a todos los exportadores del golfo: Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Irán y los Emiratos Árabes. Y China acaba de restringir sus exportaciones para acumular reservas.
Menos visible pero igual de preocupante es el caso del helio. Qatar produce un tercio del suministro mundial y su planta en Ras Laffan —la mayor concentración de producción de helio del planeta— fue bombardeada el 18 y 19 de marzo, con daños que QatarEnergy calificó como "extensos" y que tardarán años en repararse. Los precios spot del helio se han duplicado. El helio no es el gas de los globos de fiesta, es un insumo crítico para la fabricación de semiconductores, la resonancia magnética, los lanzamientos espaciales y la soldadura industrial. Sin helio no se pueden grabar obleas de silicio ni enfriar los imanes superconductores de un equipo de resonancia. Y aquí viene lo peor: un tercio de los contenedores criogénicos del mundo está varado en o cerca de Qatar: reposicionarlos tomará al menos tres meses y, como el helio líquido se evapora en 45 días, el inventario atrapado simplemente se perderá.
Corea del Sur, donde Samsung y SK Hynix fabrican la mayoría de los chips de memoria del mundo, importa 65% de su helio de Qatar. El gobierno surcoreano ya incluyó al helio entre 14 materiales de la cadena de semiconductores bajo monitoreo de emergencia. Incluso si mañana se firmara un cese al fuego, reactivar la producción tomaría al menos seis semanas y normalizar las entregas, meses.
Estas son solo algunas de las consecuencias del conflicto en Medio Oriente para las cadenas de suministro globales. EE. UU. no será necesariamente el más afectado: produce la mayoría de los fertilizantes que consume y es un gran productor de helio, aunque importa parte de su consumo. Pero los países que dependen de estas cadenas no la tendrán fácil, lo que inevitablemente afectará sus economías y la economía global.

