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El futuro del crédito: más inclusión, mejores decisiones y confianza

Soraya Pérez | Entre números
El crédito es uno de los motores del desarrollo económico. Permite a las familias atender sus necesidades, a los emprendedores hacer crecer sus negocios y a las empresas invertir y generar empleos. Sin embargo, ampliar el acceso al financiamiento no es suficiente: necesitamos hacerlo con responsabilidad, con productos que realmente respondan a las necesidades de las personas y sin comprometer los estándares mínimos de integridad que puedan comprometer nuestro sistema financiero.
Esta reflexión estuvo presente en la décima edición de Crevolution 2026, celebrada los días 7 y 8 de octubre en la Ciudad de México, bajo el lema “Integridad Sistémica: La Nueva Frontera del Crédito”. Este encuentro reúne a representantes del crédito, la cobranza y la innovación financiera para analizar los desafíos de una industria en transformación. Mi reconocimiento a Luis Eduardo Pérez Mata por impulsar durante diez ediciones un espacio de diálogo y construcción de soluciones para el sector.
Las cifras muestran la magnitud del reto. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, el 76.5% de la población de entre 18 y 70 años tenía al menos un producto financiero formal, pero solamente el 37.3% contaba con crédito formal. Aunque este último indicador aumentó 8.2 puntos porcentuales respecto de 2015, todavía existe un amplio margen para acercar el financiamiento a más personas.
También persisten diferencias entre hombres y mujeres: el 38.8% de los hombres contaba con crédito formal, frente al 36.1% de las mujeres. Estas cifras nos invitan a revisar cómo evaluamos a los solicitantes y cómo podemos atender a quienes, aun teniendo capacidad de pago, carecen de un historial crediticio tradicional.
Precisamente en esa materia, tuve la oportunidad de participar en el panel “Nueva Inclusión Financiera: Confianza, Datos Alternativos y Diseño de Producto para un Crédito Responsable”, con Alexandro López Cárdenas, de ASOFOM; Gerardo Obregón, de AFICO; Liliana Herrera Martín, de TALA y AMFE; y Alejandro Escobedo, de DiDi y AMSOFIPO, sus organizaciones están haciendo un enorme trabajo en este objetivo, desde aquí todo mi reconocimiento.
La conversación puso sobre la mesa una oportunidad concreta: aprovechar los datos alternativos y las nuevas herramientas tecnológicas para conocer mejor a los solicitantes, evaluar su capacidad de pago y ampliar el acceso al financiamiento. Para quienes no cuentan con antecedentes suficientes en los sistemas tradicionales, como usar estas herramientas para abrir nuevas posibilidades.
Pero más información no significa necesariamente mejores decisiones. La innovación debe acompañarse de protección de datos personales, criterios transparentes, prevención de finanzas ilícitas y una evaluación responsable de la capacidad de pago, evitando el sobreendeudamiento de los clientes. Desde la Unión de Instituciones Financieras Mexicanas (UNIFIMEX) estamos convencidos de que la inclusión financiera no debe medirse únicamente por el número de personas que acceden al crédito, sino también por su capacidad para utilizarlo de manera sostenible y mejorar sus oportunidades de vida.
El desafío no es solamente otorgar más crédito, sino otorgarlo mejor. Combinar tecnología, confianza y responsabilidad será fundamental para que la nueva inclusión financiera se traduzca en desarrollo económico y oportunidades reales para los mexicanos.

