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La filosofía moral en la economía moderna

Carlos Alberto Martínez Castillo | Auctoritas
Desde sus orígenes en la antigua Grecia en el año 362 a. C., la economía es considerada como una ciencia social que surge a partir de la corriente conductista cuyo objeto es estudiar la mejor manera de administrar los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano.
Es hasta Adam Smith, quien esgrime la propensión natural, que tenemos tanto al intercambio como a la satisfacción de nuestras necesidades, que se comienza a relacionar científicamente con la filosofía, la historia, la psicología, el desarrollo y, sobre todo, la ética.
Es justamente a partir de Smith y hasta Keynes, Cortina, Sen, Kahneman y Tirole que de manera indubitable se vincula la economía con la ética y la moral y, más tarde, con las emociones así, podemos afirmar que, de siempre, ha estado ligada a la filosofía moral.
Ha sido, sin embargo, la economía logística la que se ha alejado enormemente de fundamentos esenciales como las virtudes humanas, los conceptos de felicidad, simpatía y empatía y, desde luego, la ética. Hemos pasado de la noción de administrar recursos escasos al acaparamiento, la sobreexplotación, la ganancia sobre la ganancia y la especulación desmedida, incluso existen postulados de expansión monetaria y supresión del estado como elementos de desarrollo económico, lo que claramente no ha funcionado.
En este momento en el que el mundo enfrenta los retos de rehacer la arquitectura económica global, afrontar los altos niveles de inflación, el sobre endeudamiento de los gobiernos, disminuir los efectos negativos de los conflictos bélicos presentes y futuros y, enfrentar de manera adecuada los retos de la IA y, cerrar la brecha entre pobres y ricos, es pertinente promover desde el ámbito académico, pero sobre todo político; el regreso de los modelos de desarrollo a los preceptos fundamentales de la filosofía moral para volver a entrelazar la economía con la ética y la moral.
Lo anterior sería la garantía de que las teorías de desarrollo estarían orientadas con un rostro humano alejado del egoísmo y la indiferencia.
El momento histórico que vivimos con la formación de dos grandes bloques económicos encabezados por EU y China en pleno ambiente de escaso crecimiento, altos niveles de precios, deuda pública creciente y profunda tensión geopolítica, invita a pensar en una economía que, ante todo, ponga a la dignidad humana en el centro para servir a las personas y no servirse de ellas bajo los principios de la ética que precisamente le dieron origen en el siglo XVIII y que aún siguen vigentes.

