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La economía en los boletos del Mundial y el costo del hype

Opinión
A menos de 100 días del Mundial, una amiga ya tiene boletos para tres partidos, pero yo aún no. Lo divertido y frustrante es que los dos seguimos buscando boletos para ver a la Selección Mexicana. Seguramente ésta es una conversación muy común: ¿Dónde consigo boletos para el Mundial? Y como economista, me gusta verlo como un problema de asignación de un bien escaso.
En el mercado primario, el mecanismo elegido para distribuir los boletos fue la lotería en distintas rondas, con tres tipos de precios relativamente estables. La lotería tiene una virtud evidente: parece justa. Pero esa misma virtud revela su límite económico: la lotería no necesariamente asigna el boleto a quien más lo valora. Cuando el precio oficial no refleja la disposición a pagar de los aficionados, aparece una brecha que es explotada en mercados secundarios. Desde el punto de vista del diseño de mercado, un esquema de subastas habría permitido que el organizador internalizara ese valor.
En el caso particular de los boletos, el mercado secundario es la reventa. Actualmente, existen plataformas reconocidas que ofrecen venta garantizada con entrega futura, transformando el boleto en un activo, se compra hoy, pero se consume después. Esta brecha se aprecia mejor con un ejemplo: el partido México–Corea en Guadalajara, donde el precio original del boleto más barato era 4,955 pesos; pero en reventa, el costo final del mismo boleto asciende a 32,698 pesos, 6.6 veces el precio original. Del total, 71% corresponde al revendedor, 25% a cargos de servicio, y 4% a impuestos.
Este desglose deja ver que la reventa es un mecanismo de asignación con dos reglas particulares. La primera, la reventa opera como una subasta encubierta donde los precios se van ajustando de manera continua. Los revendedores observan la demanda, hay competencia entre listados de boletos y para los aficionados el tiempo importa, comprar pronto asegura disponibilidad; esperar puede capturar una caída de precio si aparecen más boletos o si algunos revendedores necesitan liquidez.
La segunda, las comisiones cambian el juego. El comprador toma decisiones mirando el costo total, pero el revendedor piensa en su ingreso neto. Esa diferencia genera ineficiencias donde los jugadores toman decisiones estratégicas con información imperfecta: los revendedores eligen precios y momentos de venta; y los aficionados deciden entre comprar ahora o esperar. Un problema clásico de teoría de juegos.
Un concepto que ayuda a decidir si comprar un boleto en reventa es financieramente inteligente es conocer nuestro precio de reserva o precio máximo que estamos dispuestos a pagar durante el Mundial, es decir, también contemplar el costo de vuelos, hospedaje, traslados, comidas, etcétera. Por ello, es importante definir el presupuesto máximo a gastar en el Mundial y restar el costo total de los boletos. Una diferencia positiva indica lo disponible para financiar la experiencia del mundial; si el costo total de los boletos excede el precio de reserva, la estrategia racional es no comprar o seguir esperando y monitoreando hasta encontrar un precio que se ajuste a nuestro presupuesto.
Al final, la reventa no es un accidente, sino una consecuencia del diseño del mercado primario. Cuando el precio oficial se aleja de lo que muchos están dispuestos a pagar, el ajuste ocurre en el mercado secundario. Para quien ya tiene boletos, es momento de planear y disfrutar. Para quien aún busca, la regla útil es simple: conocer tu precio de reserva, el de la experiencia completa, y no superarlo.
*El autor es economista senior de BBVA México.