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Corte de caja de medio año

Juan Carlos Baker | Pistas de Aterrizaje
Antes de que apuremos los últimos días de vacaciones, y en preparación para los meses que nos quedan en 2026, se vuelve necesario hacer una reflexión sobre dónde estamos en materia económica y comercial.
Al comenzar 2026 existían razones suficientes para anticipar un año particularmente complicado para México, por la revisión del T-MEC y por lo estrecho de las finanzas públicas, que demandaban bastante disciplina y prudencia de parte del gobierno en su gasto, lo cual desde luego incide en la capacidad de crecimiento de la economía nacional. ¿Cómo nos ha ido?
Empecemos por el T-MEC. El pasado 1 de julio no se alcanzó la renovación del Tratado por otros 16 años, como todos hubiéramos deseado. La posibilidad de otorgar un horizonte de largo plazo a las empresas era precisamente uno de los objetivos que México buscaba con la renovación, además de reducir los aranceles que actualmente pagan ciertas industrias exportadoras mexicanas. Sin embargo, el T-MEC continúa vigente; de hecho, México se ha consolidado cada vez más como el principal socio comercial de EU.
No obstante, los aranceles estadounidenses bajo la sección 232 continúan afectando seriamente a determinados sectores, particularmente a los que tradicionalmente han sido grandes exportadores, como automotriz, acero / aluminio y sus derivados. Sus efectos sobre costos, competitividad y decisiones de inversión son reales y no deberían minimizarse.
De manera importante, mientras tenemos estas tensiones con EU, se firmó la modernización del acuerdo comercial con la Unión Europea (TLCUEM), lo que constituye una señal importante de que México puede y debe seguir diversificando sus relaciones comerciales.
En la economía encontramos una historia parecida. El desempeño de México está lejos de ser imponente y las perspectivas de crecimiento siguen siendo más bien modestas. Sin embargo, el rebote observado durante el segundo trimestre permitió recuperar algo del terreno perdido y alejó, al menos temporalmente, algunos de los escenarios más pesimistas.
Pero todo esto coexiste con señales preocupantes en otros frentes: el deterioro de la calificación de la deuda mexicana debe tomarse con seriedad, aunque el país conserva todavía el grado de inversión.
Todo esto permite llegar a una primera conclusión: México ha logrado preservar estabilidad y, sobre todo, algo de margen de maniobra. Pero sería un grave error convertir esa conclusión en una narrativa triunfalista, como a veces escuchamos en varios círculos de opinión ya que, en muchos sentidos, estamos sostenidos por hilos frágiles. Una combinación relativamente pequeña de decisiones equivocadas -en materia fiscal, comercial, regulatoria o de inversión-, sumada al agravamiento de algunos eventos internacionales, podría modificar rápidamente el panorama para nuestro país.
Por eso será fundamental para el país la manera en la que organicemos nuestras políticas públicas en la materia para lo que resta del año. El paquete económico para 2027 será una primera prueba. Las decisiones presupuestarias serán observadas cuidadosamente por inversionistas y calificadoras en un momento en que el margen fiscal es reducido. México necesita transmitir simultáneamente disciplina, capacidad para financiar sus prioridades y certidumbre sobre la trayectoria de las finanzas públicas.
La segunda prueba estará nuevamente en la relación con EU. Conforme se aproximen las elecciones intermedias en dicho país, en noviembre próximo, la política inevitablemente ocupará más espacio en la relación bilateral. Esto incrementa los riesgos, porque los temas de la agenda bilateral con México (desde comercio hasta seguridad, pasando por migración, drogas o agua) puede convertirse fácilmente en instrumento electoral.
Finalmente está el T-MEC. Después de que el 1 de julio no se alcanzara su renovación, es urgente encontrar algún tipo de esquema que permita administrar la relación mientras continúan las negociaciones de fondo. En este sentido, resulta esperanzador que el representante comercial estadounidense (USTR), Jamieson Greer, haya hablado ante el Senado de alcanzar un interim arrangements con México antes de terminar el año, dejando algunos de los asuntos más complejos para 2027.
Aunque no sabemos exactamente qué tipo de acuerdo sería ese, la idea parece ser la única posibilidad de aminorar los aranceles que nos aplica EU. Si un acuerdo interino supone que México haga algunas concesiones para acercar determinadas políticas a los objetivos de Washington -por ejemplo, en materia de seguridad económica o reindustrialización- y que, a cambio, obtenga soluciones en materia arancelaria, la idea debe considerarse.
Pero también debemos ser cuidadosos con las expectativas: un acuerdo de este tipo no equivaldría a renovar el T-MEC, y mucho menos significaría que las presiones comerciales estadounidenses sobre México desaparecerían. Aun en un escenario de eventual renovación del Tratado, todo indica que Washington continuará utilizando el acceso a su mercado, los aranceles y las reglas comerciales como instrumentos para buscar concesiones de sus socios.
Creo que México ha conseguido en estos primeros meses algo que, dadas las circunstancias, no es para nada menor: tiempo y espacio para tomar decisiones. La pregunta ahora es qué vamos a hacer con ellos. El presupuesto de 2027, las elecciones estadounidenses, las decisiones sobre inversión y la posibilidad de alcanzar un acuerdo interino o no con EU determinarán si la estabilidad que hemos preservado se convierte en una plataforma para avanzar o simplemente en una pausa antes de enfrentar problemas mayores.
* El autor es profesor investigador de la Universidad Panamericana; previamente colaboró, por veinte años, en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales.

