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Las camionetas

Miguel González Compeán | Columna invitada
Si a alguien le quedaba duda de que la nueva SCJN se había convertido en un ente político, a servicio del régimen, la semana pasada le tundieron a la corte, por el bochornoso asunto de las camionetas blindadas.
Inmediatamente la corte tomo cartas en el asunto y dio conferencia de prensa en el que explicaron el porqué de la compra. En términos mecánicos las camionetas que usaban los ministros anteriores estaban muy deterioradas, algunas habían sido vencidas estructuralmente por el peso, otras por el uso, después de más de 5 o 7 años de uso, su reparación era incierta y costosa, tanto que por esa razón valía la pena cambiarlas por unas nuevas.
Por el lado de la evaluación de las funciones sustantivas: las camionetas son necesarias para los integrantes de tan alto tribunal que se ocupa de asuntos muy delicados y de gran trascendencia. Así lo evaluó la guardia nacional, el ejército y la policía de la CDMX. Los órganos administrativos internos concluyeron de manera similar en ambos ámbitos.
Habiendo unanimidad en el diagnóstico y la solución, la SCJN compró las nuevas camionetas. Les tundió la opinión pública toda la semana. Algunos artículos y opiniones eran claramente fuego amigo, otras eran opiniones desinformadas e interesadas y algunas cuestionaban el asunto con dudas razonables.
Hubiera bastado que el presidente de la corte como hizo el día de hoy explicara las razones y el cuerpo colegiado enfrentara en conjunto las críticas con buenos argumentos y razones de peso. En vez de eso, optaron por regresar las camionetas y, ahora si, quedar completamente desprotegidos y a merced de amenazas y posibles agresiones, como la que se intentó contra el periodista Ciro Gómez Leyva.
Con ello, la corte no sólo atajó “políticamente” la crítica, sino que se volvió vulnerable y demostró que para hacer política, hay que saber hacer política. Contrario al poder ejecutivo y al legislativo -y sólo a veces- el poder judicial no está pensado para caerle bien a nadie, ni para hacer propias las opiniones de la prensa, comentocratas, editorialistas y demás medios de comunicación. Tampoco está pensado para caerle bien o complacer al poder ejecutivo o legislativo, está para hacer lo que le corresponde, velar por la constitucionalidad de las normas y de las sentencias emitidas por el poder judicial en su conjunto.
Muy mal hace la corte en dar muestras de sometimiento al escrutinio público, al cuestionamiento de autoridades o a algún partido sea del signo que sea. ¿qué va a pasar en día que tengan que tomar una decisión que afecte a miles de ciudadanos y sea poco del gusto de la borregada, azuzados por un partido o turbas de gente en la calle? ¿Se van a dejar presionar o a intimidar? En esta primera prueba están reprobados y han sentado un precedente del que les va a costar mucho trabajo salir. Insisto, para hacer política hay que saberla hacer, aunque tengan o no alguna preferencia en particular. Nada más, pero nada menos, también.

