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Aniversario de la unificación alemana

Federico Rubli Kaiser | Expectativa racional
Hace unos días, el 3 de octubre, se festejó el 36 aniversario de lo que formalmente se designa como El Día de la Unidad Alemana. Fue la fecha, en 1990, en que entró en vigor la reunificación de acuerdo con el contrato firmado por los dos gobiernos, el de la República Federal y el de la República Democrática. La caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, había abierto el camino a una de las transformaciones políticas y económicas más importantes de la Europa contemporánea. Treinta y seis años después, la unificación alemana puede ser considerada como un éxito histórico, aunque no haya sido una integración impecable exenta de riesgos y problemas.
¿Qué evaluación puede hacerse a treinta y seis años de distancia en las dimensiones económica, social y política? Primero, la tarea de unificación económica fue un proceso complejo, laborioso y delicado. El problema central fue que la integración se realizó en condiciones extraordinariamente asimétricas en términos de productividad, capital humano, capacitación laboral y tecnología. Ello significó, en los primeros años de la unificación, desempleo para los orientales. A medida que durante las décadas la brecha en capital humano se fue reduciendo, el mercado laboral se fue integrando cada vez más. Pero treinta y seis años después, persisten diferencias económicas. En los estados orientales continúan existiendo, en promedio, menores niveles de riqueza acumulada, salarios y patrimonio empresarial, así como una menor presencia de grandes corporaciones con sede en la región. Pero al mismo tiempo, algunas ciudades del Este —Berlín, Leipzig, Dresde y Jena, entre otras— han desarrollado sectores tecnológicos, científicos y culturales dinámicos.
Segundo, en el aspecto social puede decirse que la unificación dejó una huella social y psicológica profunda que, para numerosos alemanes orientales, significó no solamente recuperar la libertad, sino también experimentar desempleo, pérdida de estatus profesional y la percepción de que su trayectoria vital había sido desvalorizada. Algunos juristas y sociólogos sostienen que aún persiste cierta discriminación en el sentido de que reconocer la igualdad jurídica no garantiza respetar la igualdad social.
Tercero, la política ofrece señales de que persisten problemas. Los estados orientales han mostrado comportamientos electorales diferentes de los occidentales y una mayor volatilidad política. El fortalecimiento de partidos de protesta en varios estados del Este ha puesto de manifiesto que persisten malestares relacionados con la desigualdad regional, la identidad y la relación entre las élites políticas y determinados sectores de la población. Pero, por otro lado, el Este ha demostrado que tiene líderes políticos capaces para encabezar a la nación. Recuérdese que la extraordinaria Angela Merkel procedía de Alemania Oriental.
Treinta y seis años después, la principal conclusión es que Alemania logró algo excepcional: convertir la reunificación de dos sociedades separadas durante cuatro décadas en una realidad política, social y económica esencialmente estable. Pero también hay que reconocer que no se han eliminado las diferencias de riqueza, representación, identidad y percepción social. El reto para Alemania como potencia mundial es superar estas diferencias.

