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Opinión

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Amor neurodivergente

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Dra. Carmen Amezcua | Columna Invitada

Dra. Carmen Amezcua

Hace unas semanas, en el consultorio, una paciente llegó con una mezcla muy particular de enojo y tristeza.

—No entiendo —me dijo—. Cuando estamos juntos es increíble… pero luego desaparece. No contesta, no escribe, no confirma planes. ¿Cómo puede alguien amar así?

Poco después, su pareja llegó a la sesión. Le conté lo que habíamos estado hablando. Como siempre, tenía su propia historia:

—Claro que la quiero, pero a veces me saturo, siento que necesito apagar todo. Cuando estoy listo para volver, siento que la decepcioné.

Es decir, lo que ella interpretaba como desinterés, él lo vivía como una necesidad fisiológica. Ninguno mentía; hablaban desde sistemas nerviosos distintos.

Ese pequeño desencuentro ilustra uno de los temas más relevantes y menos comprendidos del amor contemporáneo: las relaciones neurodivergentes.

¿Qué significa realmente ser neurodivergente?

En los últimos años, el término neurodivergencia ha aumentado vertiginosamente su popularidad. A veces como etiqueta, a veces como identidad, a veces como moda. Pero, más allá del ruido, su origen es mucho más profundo.

Hablar de neurodivergencia es reconocer que no todos los cerebros procesan el mundo de la misma manera. El término incluye condiciones como el TDAH, el autismo y la dislexia, entre otras. No es un diagnóstico, sino una forma de nombrar diferencias en la atención, la regulación emocional, la sensibilidad sensorial, la vinculación y la forma de responder a la recompensa y la motivación.

Conviene entender la divergencia como un sistema operativo distinto. En términos muy simples, mientras que la mayoría usa una PC, las personas neurodivergentes usan una Mac. En algunos casos, estos sistemas no son compatibles.

Dopamina, atención y deseo

Se ha popularizado la idea de que las personas neurodivergentes “tienen poca dopamina”. La realidad es más compleja —y más interesante—.

En condiciones como el TDAH, lo que encontramos no es simplemente una “falta” de dopamina, sino una regulación distinta de los circuitos de recompensa, motivación y atención.

Esto se manifiesta en dificultades para sostener tareas poco estimulantes, una tendencia al aburrimiento rápido, búsqueda constante de novedad, impulsividad y, con frecuencia, una montaña rusa emocional.

Una persona con TDAH en una relación sentimental quiere amar igual que su pareja, pero necesita mayor estimulación para sostener la atención en el vínculo. En una relación, esto suele ser profundamente malinterpretado y puede resultar devastador.

¿Y el cuerpo?

Otro eje clave, aunque poco hablado es el procesamiento sensorial. Hay personas para quienes el mundo entra con más intensidad: el ruido, la luz, el contacto físico, los olores, la cercanía.

Para la mayoría de las personas una caricia puede regular. En otras, sin embargo, una caricia puede abrumar. Mientras hay quienes necesitan más contacto, otros lo que necesitan es espacio. Son necesidades diferentes, aunque el amor puede ser el mismo.

De hecho, muchas crisis de pareja nacen de las traducciones fallidas entre distintos sistemas nerviosos. Algunas frases que escucho comúnmente en consulta son:

—Si me quisiera se acordaría.

(A veces las personas olvidan cosas por una dificultad en sus funciones ejecutivas.)

—Alguien que está enamorado no necesita tanto espacio.

(Ese espacio es regulación y no tiene que ver con la distancia emocional.)

—Es muy frío.

(Puede deberse a la sobrecarga sensorial o a la dificultad de expresar sus sentimientos.)

El problema es que, cuando cada quien traduce la conducta del otro con su propio diccionario, es casi inevitable que algo en la relación se fracture. Pero, afortunadamente, existen muchas parejas formadas por una persona neurotípica y una neurodivergente que logran hacerlo funcionar. También hay personas neurodivergentes que sienten un gran alivio al encontrar una pareja similar a ellas.

En este último caso, la persona puede por fin sentirse entendida, menos juzgada y más libre. Sin embargo, incluso en parejas de personas neurodivergentes pueden aparecer otros retos. Dos sistemas sensibles pueden saturarse con facilidad. Dos mentes impulsivas tienden a escalar los conflictos rápidamente. Dos cerebros desorganizados pueden convertir la vida cotidiana en un caos funcional.

Esto se parece más a un arte que a una ciencia. No hay fórmulas simples para el amor.

¿Cómo expresa el amor una persona neurodivergente?

De muchas maneras, pero por lo general no de la forma esperada y, a veces, de manera aparentemente contradictoria.

La persona neurodivergente puede ser intensa, pero intermitente; leal, pero poco predecible; comprometida, pero con dificultades para sostener lo cotidiano.

Desde la psiquiatría integrativa, el amor deja de ser solo emoción para volverse práctica. Algunas recomendaciones clave son:

1. Dejar de moralizar el síntoma: No todo es “falta de interés”. A veces es neurobiología.

2. Hacer explícito lo implícito: Definir qué significa para cada uno estar presente, responder, acompañar y reparar.

3. Diseñar una relación que les funcione a ambos: No todas las parejas pueden improvisar; algunas necesitan estructura. Esto puede incluir acuerdos de comunicación, rituales de conexión y tiempos de descanso.

4. Regular antes de destruir: Un sistema nervioso saturado no puede pensar con claridad.

5. Cuidar el cuerpo: El sueño, la alimentación, el ejercicio, el consumo de sustancias y el tratamiento del TDAH o la ansiedad impactan directamente la capacidad de vincularse.

6. Traducir el amor en conductas observables: ¿Cómo sabe el otro que es querido? ¿Qué los regula? ¿Qué los desorganiza?

El amor en tiempos de diversidad mental

El gran reto del amor en nuestra época no es encontrar un alma gemela, ni siquiera a alguien totalmente compatible. Es algo más humano: aprender a leer el sistema nervioso del otro sin convertir la diferencia en agravio.

Porque hay muchas parejas que fracasan por un exceso de interpretaciones equivocadas. Y en un mundo que apenas comienza a entender la diversidad de la mente, quizá amar bien implique también dejar de exigir que todos amen desde el mismo lugar.

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Dra. Carmen Amezcua

Carmen Amezcua es consultora, conferencista y experta en psiquiatría integrativa. Tiene más de 17 años de experiencia dentro de la industria farmacéutica y de la salud.

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