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Opinión

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América del Norte: por qué necesita una alianza económica competitiva

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Roberto Morales | Proyección comercial

Roberto Morales

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América del Norte requiere una alianza competitiva. Una alianza renovada. Ahora trastabilla como bloque comercial. A todas luces eso no es bueno para la inversión ante un panorama económico y social global cambiante y complejo. Y con China comiéndole el mandado en varios frentes.

Tras 15 años de negociaciones, China ingresó a la Organización Mundial de Comercio (OMC) el 11 de diciembre de 2001. Cumplirá 25 años en menos de dos meses. Representó 4.4% de las exportaciones mundiales de productos en 2001 y esta porción subió a 16.1% en 2025.

Como bloque, la historia comercial pactada de México, Estados Unidos y Canadá comenzó antes, el 1 de enero de 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En particular, Estados Unidos abarcó 12.1% de las exportaciones mundiales de productos en 2001 y ese porcentaje se redujo a 9.3% en 2025.

Geográfica y productivamente, América del Norte tiene una fuerte identidad. Más allá de la complementariedad entre Estados Unidos, México y Canadá en las cadenas de valor manufactureras —que hacen funcionar al bloque como una “fábrica norteamericana” —, la región está aislada. La ciudad industrial de peso más cercana es São Paulo, Brasil, a 6,500 kilómetros de Miami y perteneciente a un país relativamente cerrado al comercio de manufacturas.

El TLCAN fue sustituido por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) a partir del 1 de julio de 2020. Si bien con fricciones, ambos tratados han dado certeza a los flujos comerciales y de inversión. Uno de los principales cambios incluidos en el T-MEC consistió en realizar revisiones sexenales al texto del tratado, para mantenerlo actualizado y equilibrado.

En paralelo, para competir globalmente, el T-MEC incorporó el Capítulo 26 sobre Competitividad y creó el Comité de Competitividad de América del Norte. Este órgano tiene el objetivo de fortalecer las cadenas de suministro mediante proyectos logísticos transfronterizos, fomento a la innovación, integración de Pymes y resiliencia ante emergencias.

Con Estados Unidos como economía dominante y Canadá y México como economías complementarias, las tres naciones firmaron las reglas del juego en el TLCAN y en el T-MEC. Ahora, en la primera revisión del T-MEC, tienen la oportunidad de hacer ajustes para elevar la competitividad conjunta ante la nueva geopolítica.

En forma individual, sus tendencias en este ámbito están estancadas o en declive. Al comparar 2022 con 2026, en el Índice de Competitividad Mundial que elabora el Instituto para el Desarrollo Gerencial (IMD), Estados Unidos se mantuvo en la posición 10, Canadá bajó del lugar 14 al 16 y México descendió del escalón 55 al 62. Por el contrario, China subió del sitio 17 al 12.

China es un punto de referencia. Primer exportador de productos. Economía dirigida por el Estado y, por lo tanto, con ventajas únicas. Potencia que desafía la hegemonía de Estados Unidos. Pero, en parte, su poder descansa en una interdependencia comercial y tecnológica que Estados Unidos intenta reducir.

A su interior, la cuestión es cómo América del Norte puede competir conjuntamente contra China o Europa. La región tiene energía, capitales y complementariedad en la dotación de otros recursos.

Con su nuevo formato, el T-MEC es un tratado flexible y frágil. Sus cambios requieren análisis profundos para aprovechar al máximo el tratado y construir una alianza tripartita competitiva. No por la fuerza, sino por la confianza duradera. Juega un papel geoestratégico. No está para ocurrencias ni vaivenes políticos.

En su vector comercial, sin una integración regional competitiva, Estados Unidos perderá la carrera frente a China.

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