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Opinión

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Ya ni la burla perdonan

Señores de la Fundación City Mayors: ¡Por favor! No tienen ni la menor idea de lo que es ser un habitante común y corriente en este sufrido DF.

Probablemente se trata de una broma. O de un error en el que sólo personas desorientadas o de mala fe pueden incurrir. O más aún, quizá estamos hablando de un fraude en el que muchos manipulados se prestaron a aportar un voto no representativo a través de una consulta por Internet que organizó no se sabe quién.

Las calles de la ciudad de México se encuentran llenas de baches, de obras inconclusas y chafas, de policías descorteses que buscan extorsionar a los ciudadanos… Los servicios públicos de seguridad, limpia, alumbrado, drenaje, por decir sólo algunos, son en el mejor de los casos mediocres e insuficientes.

Y ahora resulta que la desconocida -y por lo que se aprecia muy mal informada- organización denominada City Mayors ha ungido a Marcelo Ebrard como el mejor alcalde mundial del 2010.

Mi apreciación y la de la inmensa mayoría de los residentes en esta urbe que conozco fluctúa entre dos extremos: o la Fundación City Mayors nunca ha visitado la ciudad de México o Ebrard y su grupo les untaron la mano fuerte.

Si viviera en esta ciudad, el distraído editor de la organización electora, Tann Vom Hove, sabría -como lo sabemos todos nosotros que vivimos en la ciudad de México- que Ebrard no es ningún reformista liberal .

¿Cuál reforma de ese corte digna del nombre ha impulsado el controvertido Jefe de Gobierno? De reformista liberal, Ebrard no tiene un pelo y más bien se nos aparece como un demagogo patrimonialista que se ha apropiado arbitrariamente de las calles y los espacios públicos para organizar actos de promoción que son abiertamente personalistas así como para que grupos que lo apoyan organicen marchas y plantones en detrimento del resto de la ciudadanía.

Ya quisiera ver a ese iluso que debe ser el periodista Vom Hove saliendo del Metro en las estaciones Juárez o Tacuba y tener la experiencia repugnante y peligrosa de atravesar una maraña de puestos clandestinos de fritangas y mercancía robada o de contrabando.

Y todo, a ciencia y paciencia de los funcionarios de esa administración que seguramente se benefician de ese comercio ilegal y agresivo. ¿Es ese el pragmatismo atribuible a Ebrard?

Señores de la Fundación City Mayors: ¡Por favor! No tienen la menor idea de lo que es ser un habitante común y corriente en este sufrido DF. De menos ahórrense la burla y el desprecio.

bdonatello@eleconomista.com.mx

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