Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Y salió con su batea de babas

Mucho mejor hubiera sido reconocer un error y ?pagar una pena para quedar bien con la opinión ?pública y la confianza.

Si algún chance le daba yo al señor Enrique Peña Nieto se desvaneció cuando oí su petulante, prepotente y tonto discurso a raíz del fallo exoneratorio del empleado de la eficiente Función Pública sueldazo, prestaciones, ya demostrada lealtad a toda prueba , el señor ya no de los rizos, sino de los ricitos. Quien dude de la justicia del fallo, que consulte en Internet las 16,000 páginas del expediente, no está mal, algo así como 90 diarias en los seis agotadores meses de trabajo que llevó discernir el caso. Pésimo montaje el organizado por el licenciado Peña y sus asesores. ¿La debilidad mental será del primero o de los segundos? O de ambos. El doblegamiento y el respaldo de los priístas ante un monumental desfiguro, como ocurrió, salvadas las diferencias, con López Portillo y su expropiación. Se acabó la sana distancia. Poder federal y partido son uno mismo. Y ahora sí, ¡que vengan medidas anticorrupción!

Don Enrique (PN) nos pide disculpa a todos los mexicanos. ¡Dios mío, qué narcisismo!, pues con su proceder, tortuoso, ha lesionado la confianza. Que no se preocupe, la ahonda con esta farsa y justo cuando factores propios y ajenos afectan la certidumbre de productores, consumidores e inversionistas.

El señor desplaza un tema de seguridad nacional para exhibir sus problemas personales, con la cabeza hacia arriba, como quien quiere alcanzar la estatura de que carece. Y de paso lava el nombre de doña Rivera, esposa solidaria, madre ejemplar y entregada, le reitera amor y gratitud. ¿A quién le importan estas intimidades? Sólo a los lectores de ¡Hola!

Miente don Peña: las instituciones privadas no se pueden poner, en materia de decencia, en la misma canasta de las públicas. A menos de que se hable de Higa y de Televisa, en el caso de que se las pudiera llamar instituciones; la segunda que hace una no solicitada defensa de su empleado de oropel, López-Dóriga, en cuyo noticiero dedica todo el tiempo del mundo a los dichos y hechos de su jefe máximo, el multicitado don Enrique. Y que no se nos olvide nuestro querido doctor Videgaray Caso, que calca el discurso del mandamás pero por fortuna para nosotros con pocas palabras.

Mucho mejor hubiera sido reconocer un error y pagar una pena para quedar bien con la opinión pública y la confianza.

paveleyra@eleconomista.com.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete