Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

Wikileaks: ¿quién reflexionará sobre la ética periodística?

¿Queda algo más que decir acerca de Wikileaks? Quizás mucho. Este portal de Internet que se hiciera famoso este año por subir al web documentos privados relacionados con la guerra de Afganistán, ha centrado la atención prácticamente en la censura y represión que ha desatado el gobierno de Estados Unidos, y sobre todo, ha apuntado todos los reflectores a su fundador, el periodista australiano Julian Assange pero poco se ha reflexionado aún sobre la ética periodística.

Me explico:

Time Magazine ha bautizado a Wikileaks como la herramienta periodística más importante del momento. Hasta ahora, no he encontrado quién cuestione este calificativo. Han sido más de 1.2 millones de archivos confidenciales que se han subido al sitio desde el 2007, de los cuales, prácticamente ninguno devela de dónde o cómo se obtuvo.

La idea original de este sitio, era que todo aquel que quisiera justicia pudiera publicar documentos e información, sin miedo a la represión, pues no tenía que revelar quién era ni de dónde había obtenido los datos. La idea sonó siempre bien... pero no en la práctica. Organizaciones como Periodistas sin Fronteras no han dejado de considerar que esto se presta a la desinformación, y claro, a las malas intensiones.

Estoy de acuerdo. Siempre creí y sigo creyendo, que el motor de un periodista, a diferencia de un mero informador, es verificar el origen de un dato, por pequeño o grandioso que éste sea. De hecho, siempre he creído que antes de soltar cualquier información, es deber ético y profesional analizar, aunque sea en fracción de segundos, las posibles consecuencias que se puedan generar con su publicación.

Y antes de que a los fans extremos de Wikileaks les rechinen los dientes, aclaro que no dudo de la veracidad de los documentos que se han publicado sobre las prácticas de guerra del gobierno de Estados Unidos. Este mismo país ha confirmado su autenticidad al perseguir a su fundador y al presionar a empresas como PayPal, MasterCard y Amazon, para que corten sus relaciones con el sitio.

Lo que sigo poniendo en tela de juicio es la volatilidad con la que los medios estamos asimilando la historia, sin siquiera cuestionarnos lo que pudiera estar detrás de todo esto. Sólo han sido cinco periódicos los que han publicado y analizado a fondo los contenidos de Wikileaks: The New York Times (Estados Unidos),The Guardian (Reino Unido), Le Monde (Francia), El País (España) y Der Spiegel (Alemania). Sí, ¡sólo cinco!, sin embargo, casi todos los periódicos, revistas y portales del mundo (no creo estar exagerando) han replicado en las últimas semanas noticias de Wikileaks y los defectos del gobierno de Estados Unidos y sus reacciones.

En México, varios han colgado en sus portadas quejas de ¿Qué hará México al respecto? sin siquiera haber verificado que los pocos documentos alusivos al gobierno mexicano son más que conocidos y que ya han sido publicado infinidad de veces (sólo se han subido documentos del proyecto Pemex Gas; información que revela irregularidades de las elecciones del 2006; y reportes del Servicio de Investigación de EU sobre los cárteles de droga en México y sus operaciones). Pocos han analizado que hay miles y miles de infiltrados sobre otros países de Medio Oriente y China y nadie parece notarlo, quizás porque ¡nunca lo verificaron!

La historia de Wikileaks, vista a un simple clic en Internet, pareciera la de un sitio indefenso y heroico que se lo único que quiere es denunciar las atrocidades del gobierno de Estados Unidos. Si es así, ¿estamos defendiendo la libertad de prensa o sólo nos estamos dejando llevar por los enemigos de Estados Unidos?

En Twitter y Facebook he encontrado comentarios meramente radicales de quienes hablan incluso de unirse para hackear masivamente al país que tanto daño le ha hecho al mundo (sí, sólo a Estados Unidos) pero no he encontrado aún a quien quiera reflexionar sobre la falta de análisis que se ha tenido al publicar toda esta información.

Sí. Reconozco y aplaudo el poder que ha logrado Wikileaks para demostrar que en Internet no se puede callar una voz. No lo pudo hacer el gobierno de China y no ha podido hacerlo el de Estados Unidos. Tampoco ha podido el de Cuba ni el Corea del Norte. Ni siquiera el poder del narco ha podido con la libertad de difusión que tiene el web. Y Wikileaks y Julian Assange pasarán a la historia por haberlo demostrado.

Pero, ¿todavía habrá quien crea que tantos documentos confidenciales y fidedignos llegaron sólo a Wikileaks por buena voluntad o un ataque de honestidad? ¿No deberíamos de estar animando a la industria de Internet a crear nuevos conceptos de privacidad online y de veracidad de fuentes?

Me pregunto qué dirían los millones de fans de Wikileaks si empezara a publicar sus conversaciones de mensajero con amigos, amantes o jefes. ¿Apoyarían igual la causa si se ventilara la nómina de la empresa en la que trabajan, y sus libros contables y los expedientes de todos los empleados?

No, no es un caso extremo. La forma en que se pudieron subir documentos confidenciales a Wikileaks y la manera en que se han difundido no dista mucho de lo que se le ha criticado a Facebook y a otros sitios de internet

¿Aún queremos seguir hablando de este tema sin tocar la parte ética del periodismo?

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete