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Opinión

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Volatilidad en los precios de ?los alimentos y sus efectos

Durante las últimas dos décadas, el precio de los productos primarios en México ha mantenido una tendencia creciente y, hasta mediados del 2012, presentaron una inflación semejante a la de los precios en general; sin embargo, a partir de esa fecha los primeros han aumentado en mayor medida. También han sido mucho más volátiles, sobre todo del 2001 a la fecha, lapso en el cual obtuvieron variaciones de hasta 6.6% de una quincena a otra, mientras que los movimientos de los generales en ningún caso rebasaron 1 por ciento.

El incremento y la volatilidad en los precios suelen originarse a nivel global e interno por factores de mercado; por ejemplo, los ajustes derivados de la pérdida de producción por la presencia de fenómenos climáticos cuando hay bajo nivel de inventarios y demanda creciente; o recientemente, por situaciones como el aumento acelerado de la demanda dada por el crecimiento económico de las economías emergentes y la elaboración de biocombustibles; por los bajos rendimientos de la producción, el deterioro de los recursos naturales y los bajos niveles de inversión en la agricultura, que ocasionan incapacidad para recuperar el nivel de producción que equilibre los precios ante una demanda cada vez mayor.

La elevada volatilidad es perjudicial tanto para los consumidores como los productores y aunque se esperaría que fuera benéfico para los segundos porque sugiere un ingreso mayor, esto no necesariamente es así, sobre todo cuando son pobres, pues siempre existe incertidumbre del ingreso que se obtendrá. Y cuando éste es alto, generalmente se ve neutralizado por el aumento paralelo en el precio de los insumos para la producción. Esta situación proyecta riesgo, lo que desalienta la inversión productiva y conlleva a que los precios se mantengan en niveles elevados por más tiempo, con consecuencias directas en el bienestar de la población.

Los consumidores se ven afectados porque los incrementos súbitos en los precios de los bienes primarios inciden en su consumo alimentario reduciendo la cantidad, diversidad y calidad de los alimentos que pueden consumir, haciéndoles más propensos a enfermedades y a la desnutrición. De igual modo, las principales repercusiones son para las personas más pobres; en México, el decil de menores ingresos de la población emplea 58% de su gasto para alimentación, en detrimento del gasto en educación o inversión física productiva, que podrían potenciar su desarrollo. Asimismo, en el 2006, de la de población rural 24.1% se encontraba en pobreza alimentaria y en el 2008 la crisis alimentaria provocó que dicha proporción se incrementara hasta alcanzar 33.1%, mientras que a nivel nacional fueron de 13.8 y 18.4%, respectivamente.

Una acción efectiva para contrastar los efectos de la volatilidad desde el plano nacional es el incremento de la productividad del campo, que actualmente es menor que la de los demás sectores de la economía: las inversiones en servicios de infraestructura, extensión, crédito, administración del riesgo, educación y capacitación, así como en investigación y desarrollo específicos para la agricultura conllevarían a aumentar la oferta de alimentos y mejorar el funcionamiento de los mercados locales y externos, con la consecuente estabilización de los precios.?

*Xóchitl Gil Camacho es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

xgil@fira.gob.mx.

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