Esta columna lleva por título el mismo del poemario, jamás publicado, de Avelino Pilongano, el hijo de doña Gamucita Pericocha. Poeta por vocación y bohemio por inclinación. Defensor a ultranza del principio que a la letra dice:

Que trabajen los motores . Creador de inmortales versos como el siguiente:

Estaba un pajarote/ comiéndose un elote/ con piquín y salesita./ Llegó altanero zopilote/ y díjole con sonorita:/ dame de tu elote/ o te quiebro la patita.

El título y el personaje vinieron a mi memoria al momento de sentarme a redactar lo que usted lee. Enterado, ayer –antes de ayer para el lector- por la noche de la muerte del genial hidalguense, desperté con la intención de, a través de esta colaboración, rendir un homenaje al autor de esa fenomenal comedia mexicana llamada La Familia Burrón.

Con papel y pluma en las manoplas, para anotar las expresiones utilizadas por los singulares personajes habitantes del Callejón del Cuajo que fuera yo recordando, imaginé el velorio de don Gabriel donde ante su ataúd desfilarían todos los personajes de su creación, comenzando por la flaca güereja doña Borola que en su tristeza por la desaparición de quien le dio vida, luego de fumarse un cigarro de papel periódico, derramaría las de cocodrilo por los de apipisca y le plantaría dos picoretes salivones a la caja –mua, mua- en señal de despedida.. Me figuré al zotaco don Regino cerrando, por luto, la peluquería El Rizo de Oro y acompañado de sus bodoques Macuca, el Tejocote y Foforito, el pirrimplin adoptivo, acelerando las de cabalgar para hacerse presentes en la funeraria donde ya estaría haciendo guardia ante el feretro con todo y su auto compacto en el brazo Floro Tinoco, el Tractor, Ruperto Tacuche con la cara cubierta, la eterna pretendiente de éste: Lucila Ballenato lanzándole sus perros. Tampoco podían faltar en el velorio Susano Cantarranas, padre biológico de Foforito, en estado burro producto de su afición al caldo de oso, acompañado de su inseparable novia la Divina Chuy.

Desde París, en su avión particular, llagaría sólo para asistir al velorio de quien para estos momentos ya estaría viendo crecer los rábanos por abajo, la chorromillonaria y timborota tía Cristeta con su asistente Bella Bellota, su cuate del alma Dodo Cucuruche y su amorciano de turno Matías Modongué.

No podían estar ausentes en el último adiós a don Gabriel, don Briagoberto Memelas, el cacique de la Coyotera y creador de los cuaco-pollos -una mezcla de caballo y gallina- y su amigo Juanón Teporochas, cacique de San Cirindango de las Iguanas y compadre de don Regino. Ambos lucirían burbujitas alrededor de su rostro por venir de libar las ricas cremas del maguey.

De lo anterior iba yo tomando nota para la elaboración de la columna. Pensé que sería bueno que en pleno velorio se armara el descuajeringue. Tal vez acompañados por la orquesta que dirige don Sinfónico Fonseca, de la que Foforito forma parte tocando la mandolina, Isidro Cotorrón el violín y Alubia Salpicón el tololoche, los asistentes se pusieran a sacudir chabochamente la zona del aguayón. Elucubré que en la parte culminante del bailongo alguno de los del sexo espantoso se propasara con una de las rorras cuatitas de la güereja, quizá con Leona Leonarda o con Brigitte Naborita. Doña Borola hubiera salido al quite y utilizando su bolsa en la que siempre trae una plancha se hubiera sonajeado al malora –cuas- con tremendo mamporro en el comedor que lo hubiera bañado en mole.

Una vez organizados los trompones hubieran salido a relucir las matonas de Briagoberto y don Juanón, aventando plomazos a diestra y siniestra. Y así el velorio de quien pasará a la historia como el más importante cronista urbano del siglo XX mexicano hubiera terminado de furris manera con la intervención de los acólitos del diablo.

San Nabor los proteja

Cuando ya tenía yo apuntados los elementos de la historia-homenaje a don Gabriel, sólo para sentarme a escribirla, me acordé que había futbol. Nuestra Selección se enfrentaría a la de Holanda en Friburgo, Alemania, en el segundo de los cuatro partidos de la gira europea previa al Mundial Sudáfrica 2010. Si en el primer partido –contra Inglaterra- me quedó la impresión que nuestros delanteros parecen recién casados inexpertos –no saben meterla-, en el primer tiempo que vimos hoy –ayer para el lector- la Naranja Mecánica hizo jugo a la defensa mexicana.

Si bien las cosas mejoraron con los cambios hechos para el segundo tiempo, me quedé desilusionado ante el espectáculo que brindó nuestro representativo futbolero que a menos de 15 días del Mundial no tiene ni pies ni cabeza.

Entonces, lo reconozco, la historia-homenaje que estaba casi lista pasó a un segundo término y me puse a diseñar en mi mente probables alineaciones.

Le di varias vueltas y opciones al cuadro titular. Y así me pasé la tarde hasta que hace un momento reparé en la hora y en el poco tiempo que me quedaba para entregar mi colaboración.

Por eso recordé a Avelino Pilongano, capaz de pasarse en la cama todo el día construyendo mentalmente versos que jamás nadie leerá mientras su anciana y arrugada jefa se la pasa lavando y planchando ajeno para acarrear las alubias a casa.

Por lo que respecta a la Selección, pese a todo creo que va a hacer buen papel, no está de más encomendársela a San Nabor, el santo favorito de doña Borola.

Don Gabriel Vargas

Entre los años 70 y 90 fueron muchas las veces que vi a don Gabriel en el restaurante La Góndola de la calle de Génova al que éramos asiduos. Él siempre iba acompañado de su esposa. A fuerza de vernos llegamos a saludarnos a distancia. Él siempre correcto, modesto, bien vestido de traje y corbata. Nunca me atreví –tímido que soy- a declararle mi admiración por su obra. En una ocasión estaba con mis hijos, en ese entonces pubertos.

Cuando don Gabriel entró, salí y en el puesto de periódicos más cercano compré un ejemplar de la Familia Burrón, de regreso al restaurante se lo di a mi hijo Manuel y le dije: Pídele a ese señor que te firme la revista. Es el creador de la misma y es un personaje de época . Mi hijo, cómic-adicto y coleccionista de todos los que trataran de los súper héroes, me respondió con la mamonería y arrogancia propia de los de esa edad: Ay no, qué hueva .

Esta mañana me habló por teléfono para recordarme la anécdota y decirme lo arrepentido que está de no haberme hecho caso. Yo también la recordé y me arrepiento de haber recurrido a un niño para pedirle un autógrafo a un ser tan admirable.

Oí por ahí

Al ver la pobre actuación de México en el partido contra Holanda, José Mourinho, el director técnico de moda, se acercó a Javier Aguirre y le dio un consejo: Para que tus jugadores practiquen jugadas de pared y toques de balón ponlos a jugar contra 11 botes de basura que ocupen la mitad de la cancha . Aguirre agradeció la sugerencia. Hoy -para el lector y para los futbolistas que están en Europa- a primera hora Javier puso en práctica lo aconsejado por el próximo entrenador del Madrid. Después de los primeros 45 minutos de entrenamiento, El Vasco le habló al portugués: ¿Qué hago, nos van ganando los botes 2 a 1?