México ocupará durante el 2021 un sillón rotatorio del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero el presidente Andrés Manuel López Obrador suma 435 días de su gobierno sin realizar una sola visita al exterior. La correlación revela el eclipse geopolítico en el que se encuentra el país.

No hay mejor metáfora para hablar de la visión etnocéntrica del presidente que la rifa del avión. ¿Para qué tener una nave cuya autonomía rebasa las 15 horas de vuelo si los viajes más extensos que ha hecho el presidente no rebasan las tres horas (Tijuana)?

¿Para qué mantener o rentar 80 embajadas, 67 consulados y ocho misiones permanentes si la ambición geoestratégica de México, al parecer, es inexistente?

La opinión del peatón promedio sería que lo mejor para México es rematar las sedes de las embajadas para comprar medicinas. La visión etnocentrista que tiene una parte importante de la sociedad mexicana sobre la política exterior sigue siendo mutuamente excluyente si se compara con temas importantes. Es decir, ¿se mantienen embajadas o se construyen aeropuertos? ¿Se abren nuevas legaciones en África o se cubren baches? Siempre, la política exterior puede ser lastimada en el tema presupuestal o, incluso, sacrificada.

Desde Nueva York, Juan Ramón de la Fuente, representante permanente de México ante Naciones Unidas, se siente como león enjaulado al darse cuenta de las dificultades que el país tendrá para tomar posturas en temas calientes como son las guerras civiles en Siria, Yemen o la crisis del Líbano.

Es Estados Unidos el país que obliga a México a presentar respuestas ante la dinámica que presenta la relación bilateral, entendiendo que, antes de la existencia de una relación diplomática, para el Pentágono, México forma parte de su política de seguridad.

La visión reactiva y no proactiva por parte de AMLO fue desnudada durante la amenaza que hizo el presidente Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos si la política migratoria de México no cambiaba de los abrazos al muro militar en la frontera con Guatemala.

México tendría que estar preparando un plan geopolítico dando por descontada la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre.

Pero más allá de si el próximo presidente de Estados Unidos será Trump, Sanders o Warren, en lo que el gobierno del presidente López Obrador tendría que estar trabajando es en la diversificación geoestratégica.

El pasado jueves visitó México Serguéi Lavrov. El ministro de Exteriores ruso reveló en conferencia de prensa que su país apoyará a México para que ocupe una silla en el Consejo de Seguridad en el 2021. Importante apoyo. Rusia es uno de los cinco miembros permanentes y prácticamente se avizora un amplio consenso para que México gane el asiento no permanente.

Para México, es importante trabajar en equilibrios geoestratégicos durante los próximos cuatro años del sexenio de AMLO. De no hacerlo, la victoria de Trump cimbraría nuevamente la política exterior de México.

Para lograr los equilibrios, México debería empujar el tema de la no proliferación de armas nucleares, pues siempre ha sido una palanca importante de su política exterior.

El sábado, Emmanuel Macron ofreció a la Unión Europea su “paraguas nuclear”; la estrategia del presidente francés es clara: remarcar el liderazgo de su país en la UE ante la salida de Reino Unido.

En México, AMLO tiene la oportunidad de usar el asiento del Consejo de Seguridad para lanzar su plan de diversificación geoestratégica. ¿Lo hará sentándose con el presidente Putin o rifará las embajadas?

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.