El otro día mientras leía las noticias del día me topé con una propaganda muy bonita creada por una entidad colombiana llamada COMFAMA. Una entidad basada en Medellín que tiene como objetivo –según su portal de Internet– mejorar la calidad de vida de aquellas personas de escasos recursos económicos.

Con un fondo rojo, la imagen mostraba un abrazo. De un lado se ubicaba lo que claramente era la imagen de mujer que se encuentra en cada paquete de famosa harina de maíz marca “Pan”, la preferida por los venezolanos al momento de hacer arepas, y por el otro lado la de una mujer que lleva un vestido que evoca a la bandera de Venezuela. Una imagen que es acompañada con unas palabras tan dulces como fuertes “venezolano rima con hermano”.

Dulces porque nos muestra el lado humano, ese pedido de apoyo para tantos miles que han tenido que abandonar su tierra, recuerdos y seres queridos en búsqueda de una oportunidad de ayudarlos. Fuertes porque en ese peregrinar lejos de su casa, muchos emigrantes han tenido que enfrentar desprecios, prejuicios e insultos. No olvidemos que los desubicados con la vida se encuentran en todas partes.

Sin embargo, en estos días son las redes sociales las que nos han ido narrando el polvorín en que se ha convertido la tierra de Bolívar. La historia ha cambiado y la tecnología permite que las imágenes de lo que sucede en el país puedan distribuirse sin caer bajo el control de alguna entidad en específico. Es también por medio de las redes sociales que nos vamos enterando, casi en tiempo real, de los cambios que se vienen dando en un país que se ha convertido en espejismo de lo que fue.

No, no hay que romantizar el pasado pues este no estuvo libre de problemas. Pero por lo menos la tasa de mortalidad infantil en los hospitales no era tan alta, el analfabetismo funcional en las escuelas públicas para niños de escasos recursos no sería rampante y el país no estuviese viviendo un escenario tecnológico con casi diez años de atraso.

Sí, existen nuevas tecnologías siendo ofrecidas pero la inmensa mayoría del pueblo no puede acceder a las mismas. No hay teléfonos, no hay servicios considerados básicos en otros mercados como la itinerancia (roaming), ni tampoco un plan nacional para digitalizar los sectores productivos de la economía. Lo que si hay es un trato distinto para quienes gobiernan, ellos no saben lo que es no tener medicinas ni perder en un año más de diez kilos (promedio de la población) sin tener que ir al gimnasio, solo pasando hambre.

Todo lo que escribo no es porque nadie me lo ha contado, cosas que he presenciado de cerca al ver lo que le sucede a los amigos y parientes, incluyendo aquellos que daban vítores al mismo gobierno cuando este les regalaba comida, televisión por satélite y hasta casas. Pero nada es gratis en esta vida y de algún lado salió el dinero de todos los regalos. Regalos que han salido muy pero muy caros.

Queda que la cordura prevalezca e impere la voluntad del pueblo. Simplemente no es una cuestión de derechas o de izquierdas sino de humanidad. Es necesario trabajar para reconstruir el país, intentar repatriar todos esos talentos que se han marchado, recuperar a los cerebros que se necesitan para entrenar a las próximas generaciones. Igual será muy difícil para muchos dejar el rencor a un lado y para quienes se han visto obligados a marcharse será casi imposible borrarles del pecho todas las lágrimas que han derramado por el dolor que les causa su tierra.

Yo sólo deseo que ya no haya más sangre.

 

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.