México es una economía que cuenta con grandes fortalezas que lo convierten en una opción atractiva para la inversión, la innovación y el desarrollo de bienes y servicios (muestra de ello son 585,000 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa que arribaron a nuestro país en las últimas seis administraciones federales, lo que representaría la mitad del PIB de México en la actualidad). Sin embargo, a pesar de ser un país de ingresos medios-altos, con fundamentales macroeconómicos sólidos y con capacidades productivas relativamente sofisticadas, en el país, 43.6% de la población vive en condiciones de pobreza, lo que presenta enormes retos en materia de crecimiento económico y desigualdad.

En ese sentido, una condición fundamental para atender los retos que enfrenta el país, es la democratización de los servicios que ofrece el sistema financiero, es decir, que todos los hogares y empresas mexicanos, independientemente de su lugar de origen, condición social o sector económico, tengan las mismas oportunidades de acceder a los servicios y productos que ofrecen las instituciones financieras de acuerdo a sus necesidades particulares.

Recientemente, el Banco de México y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anunciaron una serie de acciones para promover el fortalecimiento del sector financiero. Éstas buscan fortalecer al sector bancario y al mercado de valores, contar con sistemas de pago más eficientes para la población y con esto, consolidar una cadena de financiamiento que va desde la captación de recursos mediante el ahorro, hasta la colocación en inversiones productivas a través de crédito y otros vehículos financieros.

Las acciones anunciadas por las autoridades financieras son resultado de años de trabajo coordinado entre los distintos participantes del sistema financiero mexicano, principalmente el Banco Central, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la Asociación de Bancos de México que representa los intereses de la Banca Múltiple y la Banca de Desarrollo en el país.

Además, un factor que facilita la implementación de estas nuevas acciones, es la solidez del sistema financiero reflejado en sus altos niveles de capitalización, un ciclo de expansión crediticia de los más prolongados en la historia del país y una regulación robusta que garantiza un entorno de competencia e innovación en los servicios financieros.

De acuerdo con el anuncio, es posible clasificar las medidas en dos grandes apartados, aquellas para el fortalecimiento de la inclusión financiera y aquellas encaminadas a fortalecer el mercado de valores.

Respecto a las cuatro medidas para fortalecer el mercado de valores, las autoridades financieras anunciaron: acciones centradas en mejorar las condiciones de liquidez en los mercados de renta fija y variable; incentivos a la incorporación de empresas a las bolsas de valores; para incrementar la atracción de inversionistas extranjeros en el mercado de deuda corporativa, y por último, medidas para flexibilizar las operaciones con valores por parte de las afores, y modificar el régimen de inversión de éstas para lograr una mejor diversificación de sus inversiones.

Por su parte, las medidas para impulsar la inclusión financiera, que merecen especial mención, apuntan claramente a llevar la oferta de servicios a 25 millones de adultos que hoy están fuera del sistema financiero. Este no es un reto menor, pues implicaría, por ejemplo, atender a la población completa de Corea del Sur.

En primer lugar, la Secretaría de Hacienda anunció la eliminación de barreras para que jóvenes entre 15 y 17 años puedan abrir su primera cuenta de ahorro sin la necesidad de la firma de algún tutor. Esta medida es central para garantizar la implementación de los programas sociales anunciados por el gobierno de la República, principalmente para los beneficiarios de los programas de becas para estudios de educación media superior. Sin duda, bancarizar a las nuevas generaciones será estratégico y hace propicio que, a través de la innovación, las empresas financieras ofrezcan soluciones y productos enfocados en los jóvenes.

En el mismo sentido, la Secretaría de Hacienda anunció la atención de 15 millones de nuevos usuarios por parte del Banco del Bienestar, en beneficio de comunidades rurales, municipios marginados y áreas semiurbanas. La reconfiguración de instituciones de desarrollo y fideicomisos de fomento como FND, Focir, Firco y Agroasemex en un nuevo grupo financiero que atienda de manera más eficiente al sector agropecuario, cierra la pinza, pues las actividades primarias se llevan a cabo en localidades eminentemente rurales.

En segundo lugar, el Banco de México hizo públicas medidas que posibilitarán que los trabajadores usen sus cuentas de nómina como fuente de pago para todo tipo de créditos y con cualquier institución financiera, no sólo con los que tienen contratada su cuenta de nómina. Sin duda, esto promoverá una mayor competencia dentro del sistema bancario, haciendo más accesibles productos y servicios con potencial de generar un patrimonio para las familias, como los hipotecarios.

Como he mencionado en este espacio, la infraestructura financiera, física o virtual, es clave. En este tenor, el anuncio que el Banco de México hizo sobre el lanzamiento de CoDi, una plataforma de pagos electrónicos inmediatos y sin costo para el emisor y receptor que promoverá una mayor eficiencia en el uso de sistemas de pago y aprovechará el uso de teléfonos inteligentes para llevar a cabo estas transacciones (similar a la tecnología que se usa en la aplicación WeChat en China; referencia internacional en la eficiencia de los sistemas de pago). Si consideramos que alrededor de 65 millones de mexicanos cuentan con un teléfono inteligente, esta acción podría tener un efecto significativo en el corto plazo.

Estas medidas nos recuerdan que nos encontramos en una época de grandes oportunidades para el sistema financiero, oportunidades sin precedentes en sectores que buena parte de la banca ha olvidado y que deben ser atendidos para contribuir al desarrollo incluyente de todas las regiones del país.

Hoy, el liderazgo de la banca en México requiere fijar su norte hacia la inclusión de los sectores y regiones que representan los cimientos de nuestro país. Lo anterior pasa por entender, palpar y conocer de primera mano sus condiciones económicas, sociales y culturales.

Hoy necesitamos una banca que entienda y atienda al pueblo. Las condiciones y la tecnología existen; echemos mano de ellas.