Tenemos un gravísimo problema de obesidad-país. Somos la segunda nación más gorda del mundo y líder global en obesidad infantil.

Dentro de cada gordito hay una persona delgada. Un flaco que no puede salir porque se encontró en el camino un pan, dos chocolates y un refresco. Quizá le faltó disciplina u otra cosa. El hecho es que perder peso es una tarea muy complicada y de consecuencias son impredecibles. Lo saben los nutriólogos, los gorditos y Woo­dy Allen. El cineasta neoyorquino lo expresa a su modo: Si perdemos 10 kilos, podríamos estar perdiendo los mejores 10 kilos que tenemos. Ésos que contienen nuestro genio, nuestra humanidad; nuestro amor y nuestra honestidad .

La batalla contra la báscula es durísima, tan dura que llevamos años cediendo terreno. Mire a su alrededor: somos un país de gordos. En 1988, 35% de la población mexicana tenía obesidad o sobrepeso. Veinte años después el porcentaje se ha duplicado. Según la Encuesta Nacional de Salud, 72% de las mujeres y 67% de los hombres son gordos.

La otra guerra que estamos perdiendo , la llamó el periodista Salvador Camarena. No exagera. Cada año mueren en México alrededor de 200,000 personas por causas relacionadas con la obesidad, este mal mata 20 veces más personas que la narcoviolencia en el país. Diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares encabezan la lista de enfermedades asociadas con el exceso de peso.

El combate tiene una dramática expresión presupuestaria. Los costos de atención a padecimientos relacionados con la obesidad amenazan con colapsar el sistema nacional de salud, reconoce el Secretario. El Presupuesto federal destinó 26,000 millones en el año 2000. Los recursos se incrementaron hasta 42,000 millones en el 2009. A esto habrá que sumar lo que destina el IMSS, el gasto de las familias y otros costos indirectos. La Secretaría de Salud afirma que las pérdidas de productividad alcanzaron los 25,000 millones de pesos en el 2009, aunque no detalla cómo llegó a esa cifra.

El diagnóstico está claro: tenemos un gravísimo problema de obesidad-país. Somos la segunda nación más gorda del mundo y líder global en obesidad infantil. ¿Por qué tenemos la mala costumbre de encabezar las listas donde deberíamos estar al final?

La situación es insostenible. Lo dicen los expertos, lo sabe el gobierno y lo reconoce la industria alimenticia. Hay avances, pero son miligrámicos comparados con el tamaño del problema. Empezamos el 2010 con una ofensiva discursiva del secretario de Salud, José Ángel Córdova, y llegaremos al final del año con problemas para implementar un acuerdo que más parece un pior es nada . Córdova nos convenció de que México necesita un plan de acción urgente y profundo, y entregó un acuerdo superficial que se implementará paulatinamente, tan laxo que el documento que lo expresa ha sido retocado más veces que el rostro de Verónica Castro. Tan deficiente que ninguno de los participantes se atreve a comprometer resultados. No sabemos cuánto bajará la obesidad infantil ni qué impacto tendrá en los costos del Sector Salud. Tampoco está claro cuánto invertirá la industria en hacer los cambios que se le exigen.

El Secretario y la industria nos quedan debiendo un compromiso para mejorar la dieta de los mexicanos. No será fácil obtenerlo. Estados Unidos se llevó más de 10 años en alcanzarlo. En México estamos empezando. Por lo pronto se nota que gobierno, empresas y sociedad no hablan el mismo idioma.

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