En este 2021 que está por terminar, América Latina tuvo una nutrida agenda electoral que en gran medida modificó su mapa político. La ciudadanía envió un claro mensaje que los nuevos gobiernos deben descifrar. En países como Chile, Perú, Argentina, Honduras y Nicaragua se celebraron contiendas electorales que vale la pena analizar por sus resultados, pero también, por las repercusiones económicas y políticas que tendrán efectos considerables para su población y la región.

Chile tuvo sus elecciones presidenciales bajo el contexto de un proceso constituyente, los ciudadanos acudieron a votar en primera vuelta por su próximo presidente. El candidato de la derecha, José Antonio Kast se impuso con 28% de los votos contra 26% que obtuvo el favorito de la izquierda, Gabriel Boric. La sociedad chilena se encuentra dividida y polarizada -circunstancia predominante en democracias del mundo- y muchos quieren cambios, pero no a cualquier costo. En la segunda vuelta a celebrarse el 19 de diciembre, se decidirá el modelo de país en el que, por primera ocasión desde el retorno a la democracia en 1990, la presidencia será disputada entre dos visiones completamente opuestas.

En el Perú ganó el profesor rural Pedro Castillo que venció por muy pocos votos a Keiko Fujimori, la hija del controvertido expresidente que contendió por tercera ocasión. La ciudadanía se expresó contra la disparidad y la corrupción de la clase política que han convulsionado al país andino, que en cinco años ha tenido cuatro presidentes. Cabe anotar que se ha disipado el temor que se había despertado en la sociedad peruana a la obstinación populista y al monólogo político. La apertura y sensatez mostrada hasta hoy por el presidente han dado paso al diálogo y a la normalidad democrática. 

Argentina celebró elecciones intermedias en este otoño. El 71% concurrió a votar -un porcentaje alto para países de América Latina, pero no en un país donde el voto es obligatorio- y esta baja participación puede interpretarse como el disgusto ciudadano ante el contexto económico y social, así como a un franco rechazo a los liderazgos tradicionales. La clase política debe pasar de las palabras a las acciones, lo que resulta urgente ante el creciente enfado ciudadano.

Honduras por primera vez en su historia será gobernado por una mujer. Xiomara Castro -esposa del expresidente Manuel Zelaya- ganó las elecciones y con ella regresa la izquierda al país centroamericano después de 12 años, cuando Zelaya fue depuesto por un golpe de Estado en 2009. 

En Nicaragua se vive una profunda erosión democrática por un régimen que atropella los valores democráticos y las libertades con desmesura y cinismo. Las elecciones del 7 de noviembre fueron meramente cosméticas -en un contexto de persecución contra adversarios políticos y sin competencia política- y la comunidad internacional repudió el proceso.

La pandemia golpeó con furia en América Latina. La pobreza y la desigualdad se incrementaron -de 189 millones de pobres en 2019 a 209 millones en 2020- lo que ha derivado en un evidente descontento ciudadano y desequilibrios en la gobernabilidad. No obstante, una lección ha sido que, a pesar de la enorme indiferencia generada por el fastidio social y los obstáculos por la crisis sanitaria, se ha optado por la democracia y no se ha renunciado al voto como instrumento para decidir el presente y construir el futuro.

Por otra parte, más allá de ideologías, los gobiernos electos deben responder de inmediato y con responsabilidad a las ascendentes demandas de la población y presentar soluciones inteligentes, factibles y contundentes a los graves problemas a los que se enfrenta día a día. Al final del día eso expresó la ciudadanía de la región en las urnas.