Si Estados Unidos quiere un acuerdo, lo está disimulando muy bien. La propuesta de poner un plazo de caducidad de cinco años al TLCAN es venenosa y se lleva casi todos los titulares, pero qué opinan de la exigencia de que al menos 50% de los vehículos de la región NAFTA sean hechos en Estados Unidos. Si se implementara, haría trizas la forma en que funciona la producción automotriz en América del Norte. Pegaría durísimo en las ciudades automotrices de México.

Los negociadores la están pasando mal y deben cuidar las formas. Son herméticos, por eso en Washington es refrescante escuchar a alguien que describe las cosas sin echarles endulzante: “Esto no va para ningún lado. Si sigue así, se va a ir al caño”, dice Jerry Dias, el líder sindical canadiense.

Él tiene información de primera mano, porque está muy cerca del equipo negociador de Canadá. Ha sido muy crítico del acuerdo, pero está preocupado. Por la expresión de su cara, al declarar, queda claro que quiere que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte mejore, no que se muera.

¿Es posible llegar a un acuerdo con Estados Unidos? Las propuestas son tan agresivas para México y Canadá que hacen imposible aceptarlas. Son agresivas de forma y de fondo. La sunset clause, que terminaría el acuerdo en cinco años, a menos que se vuelva a ratificar, ya había surgido a mediados de septiembre pasado y generó un rechazo radical de canadienses y mexicanos.

La razón es muy simple: un tratado como el NAFTA va mucho más allá de la regulación de los flujos comerciales. Hace posible la realización de cuantiosas inversiones porque otorga certidumbre de largo plazo. Esta cláusula mataría la realización de muchos proyectos que están diseñados para tener retorno en plazos de 10, 15 o 20 años como los que ejecutan la industrias aeronáutica y la automotriz.

¿Qué tan mala es la sunset clause? El presidente de la US Chamber of Commerce la describe como una cápsula de cianuro.

El embajador de Canadá en Estados Unidos se sirve de otra analogía que me parece más eficiente para explicar: si cada matrimonio tuviera una cláusula como ésa, les aseguro que tendríamos una tasa de divorcios mucho más alta, dijo el diplomático David MacNaughton, el 14 de septiembre.

¿Por qué Estados Unidos insiste en una propuesta que ya fue rechazada? Los negociadores se rascan la cabeza buscando decodificar el mensaje que lleva la sunset clause. Puede ser una forma de decir: no queremos llegar a un acuerdo, o quizá es un arma para lograr concesiones significativas en otros temas. Podría ser el de las reglas de origen, uno de los temas que se esperaba más candente en esta cuarta ronda que se está escenificando en un hotel de la zona de Arlington.

Estamos en uno de los puntos más complicados de la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Quizá ha llegado el momento de releer el libro de Trump, El arte de la negociación. Hablo en serio, les dejo unas probaditas: “La clave de lo que yo propongo es jugar con las fantasías de la gente...algunas veces, parte de construir un acuerdo implica denigrar a tus competidores”.

¿Qué les parece? A mí me suena lo de las fantasías y la denigración.

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.