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Sobrerreacción en decisiones financieras

“No te enojes con personas o situaciones. Ambos son impotentes sin tu reacción”.
Buda.
Desde que empezaron a estudiarse los fenómenos relacionados con la conducta, en términos de las decisiones financieras, se han encontrado distintos mecanismos, denominados sesgos, los cuales inciden para influir la naturaleza y resultado final de las decisiones.
No se trata evidentemente de una condición determinista ni absoluta, se trata de estímulos que, dependiendo de las condiciones particulares de la persona, de factores de personalidad y de entorno, así como de información entre otros factores, pueden crear distorsiones en la forma en la que se percibe y se procesa la información, para llegar a decisiones y acciones específicas, financieras y de cualquier tipo.
Distintos estudios han tratado de determinar cuáles son los sesgos más relevantes que afectan a las personas al tomar decisiones y que llevan a que estas sean subóptimas. Tratándose de decisiones financieras, por ejemplo de inversión en acciones o instrumentos financieros, se busca analizar cuáles son los mecanismos que potencialmente pueden ayudarnos a disminuir el efecto de esos sesgos.
En la investigación Unlearning investment biases, de Moritz Mosenhauer, se abordó específicamente una condición denominada excessive trading, referida en este caso a la tendencia de los inversionistas (que manejan sus propios portafolios), a llevar a cabo de manera excesiva operaciones de compraventa de activos.
Se trató de encontrar los mecanismos puntuales que provocan esta tendencia, centrándose en dos condiciones: la primera, relacionada con la inexperiencia de las personas en el mercado accionario y, la segunda, la tendencia a sobrerreaccionar ante movimientos bruscos de los precios de los activos.
Respecto del primer aspecto, se trató de corroborar si el exceso de operaciones de compraventa está relacionado con un proceso de aprendizaje mediante prueba y error, en las primeras fases de aprendizaje de los inversionistas inexpertos. La premisa sería que esta conducta tendería a modelarse en el tiempo en la medida que la persona tiene más conocimiento sobre los resultados de sus transacciones pasadas. La idea es que en esta fase las personas empiezan a realizar transacciones excesivas tratando de familiarizarse con la operación y que, transcurrido ese proceso, empiezan a adoptar posiciones más pasivas de inversión, lo que conduce a menor número de operaciones de compraventa, menor costos asociados y a un mejor retorno promedio de sus portafolios.
Desde el otro aspecto, se presume que la respuesta excesiva a condiciones de volatilidad en el mercado se deriva del que las personas tienden a presentar distorsiones psicológicas de percepción, que generan sobrerreacciones ante el comportamiento de los mercados, lo cual hace que ante condiciones de volatilidad (particularmente de caída de los precios) se aceleren operaciones de venta que deterioran la posición final de sus portafolios
El estudio concluye que, tanto la inexperiencia como la sobrerreacción de los inversionistas, son ambos mecanismos de sesgo que inducen un comportamiento negativo en el manejo de los portafolios de inversión, pero al mismo tiempo son independientes uno del otro.
Pero también se encontró que la mayoría de los sesgos no se reducen significativamente conforme se incrementa la experiencia.
En la mayoría de los casos, las personas pueden compensar estos sesgos, primero, a partir de reconocer su presencia y segundo, creando mecanismos de freno autoimpuesto para limitar los efectos negativos de los mismos. Un ejemplo lo constituyen los mecanismos de stop los o el establecimiento de límites de transacción.
Lo primero se refiere a que a priori se crean reglas mediante las cuales se determinan cuáles son los rangos máximos de pérdida permitida para detonar una transacción, limitando así en parte el efecto de sobrerreacción. Y lo segundo es acotar el número de transacciones en un periodo, lo que obliga a analizar cuidadosamente qué transacción conviene realizar.

