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Opinión

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Rupturas

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Ezra Shabot Askenazi

Uno de los desafíos más difíciles de resolver en los partidos políticos es el de evitar la ruptura como consecuencia de no contar con mecanismos de inclusión que disminuyan la posibilidad de que los perdedores en una elección abandonen sus filas. Así, mientras el poder consolida a los grupos, su ausencia provoca deserciones.

En el Frente Amplio por México, cuya candidata presidencial debería ser quien decidiera junto con los partidos y los representantes de la sociedad civil el reparto de posiciones para la elección de junio, parecen no contar con la altura de miras para llevar a cabo procesos de selección que satisfagan a sus participantes.

Los acuerdos cupulares que asignaron las candidaturas para la Jefatura de Gobierno de la CDMX al PAN no fueron compartidos por aquellos aspirantes que como Adrián Rubalcava veían como real la posibilidad de competir contra Santiago Taboada. De hecho, el problema de la fractura en la oposición tiene que ver más con las divisiones dentro de los propios partidos del Frente, que en función del proyecto político de Xóchitl como abanderada presidencial.

Los liderazgos de Moreno, Cortés y Zambrano se mueven a partir de una lógica que no ve en su candidata presidencial el eje de la campaña rumbo al 2024. Xóchitl se mueve como figura autónoma que recurre a los partidos para demostrar únicamente el cumplimiento de los compromisos adquiridos, sin que exista una especie de simbiosis que proyecte a la hidalguense por encima de las burocracias partidarias.

Si Gálvez no toma directamente las riendas de su campaña como un todo, incluyendo la selección de candidatos a puestos de elección popular, los partidos terminarán por repartirse los restos de una derrota frente a un aparato de poder que cuenta con recursos y la presencia del todavía popular presidente de la República.

Xóchitl no es un personaje dispuesto a someterse a la disciplina partidaria, pero sí es capaz de dar un manotazo en la mesa tanto para recuperar el mando de su campaña, como para evitar que las rupturas provocadas por la soberbia de los lideres partidistas la aíslen de un electorado que tiene que verla como representante de una ola ciudadana independiente y ajena a la miseria moral de los partidos.

Así, mientras el pegamento del poder ha evitado que Morena sufra de rupturas a pesar de que decisiones provenientes del caudillo han hecho temblar la estructura partidaria, la oposición, fragmentada y carente de fuerza y organización para aglutinar la diversidad que la conforma, no tiene otra opción que la de cederle el mando a su candidata que es lo único que puede ofrecerles la esperanza del triunfo. A menos de que se trate de perder para administrar las migajas de la derrota.

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Ezra Shabot Askenazi

Ezra Shabot Askenazi es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la UNAM. Como académico ha sido jefe del Departamento de Ciencias Sociales y Jefe de Planeación Académica en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Acatlán.

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