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Roger Waters, otra vez no
Debo ser el único fan del rock de mi generación (y de otras, como se puede ver en las recomendaciones musicales de Concepción Moreno) que no está ilusionado con la idea de ir a escuchar a Roger Waters tocando The Wall en vivo en el Palacio de los Deportes.
De la misma forma en que creo que haber sido el único cronista que confesó abierta y públicamente haberse aburrido hace algunos años cuando Waters vino a tocar, además de algo de su material como solista, Dark Side of the Moon en el Foro Sol.
Ambas excepciones están relacionadas, por supuesto.
No se trata de una animadversión contra el que reconozco que ha sido uno de los máximos genios-héroes-estrellas musicales del siglo XX. Al contrario, no me cabe duda de que yo era uno de los fans del rock de mi generación que con más ilusión fue al concierto de Dark Side of the Moon (me sé las casi todas las letras y siempre pongo a Money como ejemplo de una gran canción que puede hacer accesible un tiempo difícil, el 7/4). Tampoco me cabe duda de que por eso la decepción me pareció tan grande y dolorosa. El pedestal en que yo tenía a Waters era alto.
¿En qué consistió esa decepción? A ver si puedo explicarlo
Igualito
El otro día, paseando por el cuadrante radiofónico (qué bonito es el castellano y qué fea es la palabra zapping, por cierto), me detuve en una estación de esas que dependen de una televisora y escuché una enorme tontería contradictoria.
Unos locutores hablaban sobre un grupo que había tocado en vivo y que, a juicio de uno de ellos, la banda lo habían hecho muy bien , tan bien que había sonado igualito al disco
Por eso aclaré que la estación, que no supe cuál era, estaba ligada a una televisora, pues sólo de un medio acostumbrado a la mediocridad del playback podía salir semejante declaración.
Porque todo músico que se respete a sí mismo sabe que una presentación en vivo debe sonar mucho, muchísimo mejor que una grabación, que debe crear una sinergia con el público que haga crecer y (perdón por la cursilería, pero así es) le dé vida a la música.
Vamos, hasta un DJ, aunque no haga música tal cual, lo sabe y, si es bueno, lo hace.
Sólo un músico chafa, que en realidad no sabe tocar su instrumento o cantar, aspira a sonar como el disco , es decir, sólo espera que le salgan las partes difíciles, no equivocarse.
Vergüenza universal
Pues bien, una cosa es que un grupo toque en un concierto de una radiodifusora mexicana y toque quién sabe qué canciones tan bien como en el disco , lo cual no está tan mal, y otra que llegue Roger Waters con un grupo a tocar una de las máximas obras del rock y sólo suene como en el disco .
El primer caso puede ser considerado una vergüenza nacional y el segundo es más bien universal.
Y eso fue lo que pasó en el Foro Sol. Daba casi lo mismo poner el Dark Side of the Moon bien fuertote y poner a la banda a hacer como que tocaba. Y el casi es porque pequeños errorcillos (sobre todo del guitarrista que quería imitar a David Gilmour) hacían que no sonaran exactamente igual. E insisto, eran errores no diferencias interpretativas.
Qué diferencia con The Police, que llegó al mismo foro con absolutamente todas sus canciones retrabajadas, distintas, emocionantes, renovadas, nada que ver con las de los discos.
Ahí sí, ni hablar
Claro que el trío de Sting, Copeland y Summers estaba completo y tal vez Waters no esté ebn posibilidades de hacer interpretaciones sin arriesgarse a una demanda millonaria de sus ex colegas, en especial del quisquilloso Gilmour.
Ahí si ni hablar
Pero entonces habrá que poner el ejemplo de Paul McCartney, que con una superbanda mejora las canciones de The Beatles sin alterar las notas (bueno, Abe Laboriel sí sale con más tambores y mejor usados que Ringo Starr). Deep Purple también lo hace con sus nuevos integrantes, pone sorpresas, cambia solos Vamos, hasta The Doors, que no pueden llamarse así sino Riders on the Storm, con su imitador de Jim Morrison suenan mejor que sus discos.
¿Que los discos sobreproducidos de Pink Floyd sonaban mejor que los de los grupos que he mencionado? ¿Que no es justo pedir que se haga una versión en vivo que modifique tamañas obras de arte?
Muy cierto. Ahí sí, también, ni hablar.
Pero el disco también suena bien en mi casa. De hecho suena igual y estoy más cómodo que en el Foro Sol y puedo invitar a mis amigos sin que tengan que pagar hasta $4,000, o ver la película o imaginarme cosas más amables que unos cuates haciendo como que se emocionan o se inspiran al tocar otra vez las notas que ni siquiera se inventaron ellos (salvo Waters).
Pero igual iré
Pero igual iré al concierto y no sólo porque me saldrá gratis (si es que aún me quieren invitar después de este post).
Iré con la esperanza de que Waters esté a la altura de su leyenda y nos ofrezca algo más que el disco bien fuertote Algo más desde el punto de vista musical, se entiende. La escenografía y lo que suceda en las pantallas gigantes seguramente serán espectaculares, pero bueno, es lo mínimo que se le puede pedir a un espectáculo, ¿no?
De igual manera, lo mínimo que se le puede pedir a este músico que se presenta en vivo es que haga música viva.
Y más a este músico, que se salió de Pink Floyd justamente porque sentía que la banda se escudaba en la escenografía y tenía cada vez menos contacto con el público.
Y más con The Wall, que, entre otros muchos significados, tiene también el de esa barrera entre los músicos y su público
No podemos aún saber si esa esperanza es fundada. La gira empieza el 15 de septiembre en Toronto (nada tiene que ver con el Bicentenario, ese que también vamos a poder vivir a través de pantallas gigantes )
Sirva esta manifestación de desconfianza para que el pedestal no sea tan alto Porque en el fondo sé que Waters es grande, que The Wall es su obra maestra y que, a diferencia del Dark Side of the Moon, es más suya que de Pink Floyd.