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Que tus propósitos de año nuevo no se queden en buenas intenciones
Concentrémonos en una, dos o hasta tres cosas que realmente sean importantes, alineadas a nuestros valores.
Cada año las personas hacen los mismos propósitos: hacer más ejercicio, bajar de peso, leer más, salir de deudas o dejar de fumar. Y la verdad es que lo intentan: los primeros días hay una motivación que va menguando hasta desaparecer poco tiempo después. Antes del final del mes, muchos de esos “propósitos” se han olvidado, retomando así los viejos hábitos. Se han quedado, así, en puras buenas intenciones.
Hay varias razones por las que esto pasa y una de las más importantes es que para lograr un cambio verdadero, profundo, debemos empezar por cambiar nuestros paradigmas. Por ver el mundo de otra manera, más alineada con nuestros valores, con nuestras prioridades, con lo que más nos importa.
Por ejemplo, pensemos que hemos tenido problemas de salud y queremos lograr un cambio de hábitos que nos permita mejorarla de manera sostenida y duradera. Para hacerlo, tenemos que estar convencidos de que eso es lo que queremos y que es más importante que cualquier otra cosa. Así podremos enfocar toda nuestra fuerza, nuestra energía, en lograr un cambio profundo.
Entonces, antes de establecer propósitos que parecen simplemente deseos, cosas que nos gustaría mejorar, tenemos que hacer un alto en el camino. ¿Qué es lo que realmente queremos lograr? ¿Cuál es nuestro propósito en la vida? ¿Qué es lo que más valoramos? Eso nos permitirá lograr un enfoque y definir metas que sean concretas, simples, alcanzables y medibles.
No hagamos una lista interminable de metas, no funciona. Concentrémonos en una, dos o hasta tres cosas que realmente sean importantes y que estén alineadas con nuestros valores, con lo que realmente queremos lograr.
Entonces pongamos manos a la obra. Vayamos haciendo pequeños cambios en nuestra vida: no se trata de correr, sino de dar pequeños pasos. La verdad es imposible hacer cambios radicales, de la noche a la mañana, como por ejemplo dejar una vida sedentaria para ir dos horas diarias al gimnasio. Eso es muy difícil de lograr, la gran mayoría de las personas lo hará una o dos semanas y luego terminará por claudicar.
La idea es empezar a cambiar nuestros hábitos poco a poco. Establecer rutinas. Por ejemplo: comprometernos a ir media hora tres veces por semana. Pongámoslo en la agenda, en el calendario, como otra cita más, antes o después de trabajar según se nos facilite. Dejemos la mochila preparada el día anterior.
Se ha comprobado que dar pequeños pasos, establecer metas fáciles de lograr nos da motivación y nos ayuda a ser consistentes, ésa es la clave para formar nuevos hábitos. En cambio, intentar modificaciones radicales rara vez funciona. Es parte de la naturaleza humana.
Lo mismo sucede en nuestras finanzas personales. Si jamás hemos ahorrado es muy difícil intentar, de golpe, separar 10 o 15% de nuestro salario para metas de largo plazo. Siempre habrá algo que se cruce en el camino. Pero sí podríamos empezar con 1 o 3% de lo que ganamos, veremos que es dinero que no extrañamos para nada. Así, tendremos un hábito iniciado y siempre podemos ir incrementando ese porcentaje hasta lograr nuestro objetivo.
Revisa entonces tus propósitos de año nuevo. ¿Son los mismos de siempre? ¿Por qué quieres implementar esos cambios? ¿Cuál es el verdadero propósito? ¿Están alineados con tus valores? Transfórmalos en metas claras, sencillas, medibles, alcanzables. ¿Cuáles son los “pequeños pasos” que vas a implementar para alcanzarlos, poco a poco, pero de manera consistente y sostenible?
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