La FDA, la agencia del gobierno estadounidense encargada de la regulación de alimentos, medicamentos, productos cosméticos y médicos, lanzó una encuesta en línea recientemente para preguntar a las personas cuál era su concepción de lo que significaba que un alimento o producto, sea natural. Todo esto surgió, a raíz de protestas y demandas a la industria, en relación al etiquetado de alimentos que proclamaban ser naturales. Y es que este ha sido un debate de orden filosófico que incluso en las respuestas que se pueden leer de los participantes, adquiere un carácter teológico. Así, se pueden leer respuestas del tipo Lo natural es todo lo que es creado por Dios, lo demás no lo es . Para algunos otros, lo natural tiene que ver con la forma en la que ciertos alimentos se dan en la naturaleza, sin agregar nada, ni modificarlos por la acción humana. Para algunos otros, un alimento modificado por la acción humana, ya no es natural. El debate es complejo, ya que universalmente, de acuerdo a estudios de creencias populares en relación a alimentación, es una constante que se relacione a lo natural con lo saludable. Condición que si analizamos más a fondo, no constituye un sine qua non.

Por un lado podemos entender que las creencias de orden teológico hayan permeado en una encuesta de legislación de alimentos en un país donde 42 % de la población cree en las teorías evolutivas creacionistas y rechazan todo rastro de darwinismo; en un país donde una ex estrella de reality shows chauvinista y racista tiene serias posibilidades de obtener la presidencia de Estados Unidos. Apartando todo debate teológico de las respuestas de la encuesta de los vecinos gringos, podemos afirmar que la definición de lo natural es una idea que ha permeado desde la filosofía Aristotélica, en la que se hacía la distinción de lo natural versus lo artificial por medio de la intervención de la acción humana.

Pero, ¿no es acaso la agricultura una intervención de la acción del hombre para obtener alimentos? He aquí uno de los problemas: los límites no son fácilmente definibles. Además de esto, la preferencia o creencia de lo natural como sinónimo de algo más saludable, es una construcción que no data de hace mucho tiempo en la línea histórica de nuestra relación con la alimentación. Anteriormente, y como lo mencionamos en la entrega de la historia del azúcar en este mismo espacio, entre más refinado era un alimento, más refinado era quién lo consumía. En escritos antiguos y en algunas culturas escandinavas de hoy en día, la cocción de la carne es un símbolo de civilización, así mediante la intervención de la acción humana la carne cruda se convierte en carne cocida. Es hasta finales del siglo XIX con el boom de la química y el desarrollo de las ciencias de la dietética cuando se descubre que tal vez algunos alimentos enteros como el trigo, otorgan mayores beneficios a la salud. Es entonces cuando el debate sobre lo natural se centra en los procesos químicos: el agregar sabores o conservadores artificiales hace a un alimento menos natural, según algunas voces. Pero, sobre este argumento, también resulta difícil definir una línea de sanidad, ya que gracias a procesos químicos como la pasteurización, tenemos una leche más saludable. Si la sal de mar no fuera yodatada, tendríamos altas incidencias de enfermedades por carencia de yodo. Sin nixtamalización del maíz, (que además es una técnica química milenaria), el calcio, el fósforo y algunos aminoácidos de la masa del maíz serían menos biodisponibles. Incluso, en la naturaleza existen metales pesados, y plantas venenosas que al ser consumidas como alimento, pueden representar un alto riesgo de contraer cáncer o por lo menos de ser intoxicado.

Así, lo natural no necesariamente es más seguro, del mismo modo que lo artificial, o lo que ha sido modificado por el hombre no necesariamente es más inseguro. Sin embargo, es evidente que muchos de nosotros preferimos comer un buen pescado zarandeado al borde de la playa que unos palitos de pescado empanizados congelados y empacados. Aún entre culturas, investigadores como Paul Rozin han encontrado que la consideración de natural difiere significativamente: Mientras que en Estados Unidos la leche enriquecida con vitamina D obtiene una calificación más alta en cuanto a su naturalidad en contraparte a la calificación obtenida en Reino Unido. Por el contrario, la leche descremada se considera más natural en Reino Unido que en Estados Unidos. La leche con vitamina D representa un alimento modificado al que se le agrega algo, y la leche descremada, un alimento al que se le quita algo (la grasa).

Teniendo en cuenta estas consideraciones, entendemos por qué la legislación sobre el etiquetado de un alimento natural ha resultado tan compleja. Aunque es evidente que el análisis de todos los testimonios de las personas que participaron voluntariamente en la encuesta resulta complejo y tal vez no arroje una definición objetivamente aplicable a la legislación, es de aplaudir que se hagan intentos por establecer las definiciones no sólo en base a los comités de expertos , sino también en base a las creencias de la población, factor que muy típicamente es dejado de lado en las legislaciones y diseños de políticas públicas, y que en muchas ocasiones, determina el éxito o fracaso de las mismas.

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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