Para dicha de algunos y desdicha de muchos, se han iniciado las campañas electorales que culminarán en las elecciones del 6 de junio. Sin duda esta fecha será decisiva para el rumbo de la sociedad en los próximos años. La relevancia de las elecciones, sin embargo, no basta para entusiasmar o interesar a las y los votantes en el proceso electoral.  Necesitamos propuestas y programas y solemos recibir promesas vagas. Ante la recurrencia de fórmulas añejas, quizá convenga plantear algunas preguntas básicas a quienes buscan nuestro voto, con el fin de determinar si éste u otra merece, o no, “servir a la ciudadanía”. Si no encontramos respuestas, al menos habremos enunciado preocupaciones concretas que deberían ocupar a quienes pretenden gobernar o legislar en nuestro nombre.

Cada quien tendrá preguntas específicas ante la promesa unánime de “cambio”, “compromiso”, “honestidad” o “bienestar”. Sin embargo, hay interrogantes generales que quienes aspiran a un cargo público deberían plantearse y contestar.

Un tema nada novedoso pero candente es la violencia contra las mujeres y niñas. Si la candidatura de un presunto violador ha sacado a la luz la urgencia de hacer respetar la constitución, también lleva a cuestionar la aprobación de nuevas normas, contra la presencia de agresores en la política, por ejemplo, si no se cumplen. El asesinato de Ivonne Gallegos, candidata a presidenta municipal en Oaxaca, pone en jaque el nudo de impunidad de homicidios y feminicidios y lleva a  preguntar por el sentido de las continuas reformas a una ley (contra la violencia machista) que tampoco se cumple.

¿Por qué se insiste en  reformar leyes o aumentar penas sin cambiar el sistema de justicia, sin dar seguimiento desde el congreso a los presupuestos destinados a seguridad, sistema de justicia, educación? ¿Qué propone la oposición para mejorar la vida de niñas y mujeres sin caer en el reparto asistencialista de tarjetas con dinero (ínfimo)? ¿Piensan restaurar las guarderías y estancias? ¿Cómo? ¿Promoverán la prevención de la violencia contra mujeres y niñas? ¿Con qué programa y qué fondos? ¿Cómo impulsarán el fortalecimiento de refugios? ¿Les importa garantizar servicios de salud sexual y reproductiva? ¿y de salud mental? ¿Votarían a favor de la despenalización del aborto? ¿Conocen el problema de trata de personas en su zona? ¿Qué harán al respecto?

Otro asunto urgente es la crisis de salud que no se limita a la pandemia y la deficiente actuación del Estado. También abarca el desabasto de medicamentos, el subejercicio del presupuesto para el sector, la impericia administrativa del IMSS y el ISSSTE que afecta a personas con VIH-Sida y otras enfermedades, la discriminación del personal médico privado. La exacerban además la contaminación del aire, del agua y de la tierra a través de políticas que nos afectan a todos, como la quema de combustóleo, la construcción de megaproyectos depredadores, la deforestación y la destrucción de humedales o manglares…

¿Qué proponen,  por ejemplo, quienes aspiran a gobernar o legislar en Guanajuato? ¿Cómo pondrán freno a la destrucción de la salud en Salamanca o la contaminación del agua en Guanajuato capital? ¿Qué harán las alcaldesas en la Ciudad de México contra la impunidad del feminicidio y la desaparición? Aunque el sistema de justicia sea estatal, este asunto las incumbe. ¿Mantendrá la oposición (si gana) su indiferencia  ante la destrucción ambiental alentada o tolerada por el gobierno de la Ciudad, junto con empresas y constructores? ¿Qué proponen para salvar  de la catástrofe este valle desecado?

Habrá quien diga que una diputada, alcaldesa, regidora o gobernadora “no tiene facultades” para resolver “todo”. Cierto. No obstante, desde cualquier posición de poder se puede influir,  hablar y actuar “en favor de la ciudadanía”.  Lo menos que podemos exigir es que cada aspirante  tome una postura ante éstos y otros problemas que afectan a la sociedad y proponga soluciones. Si no nos explican para qué quieren el poder, ¿por qué les daríamos nuestro voto?

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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