“Soy terco, necio, obcecado, perseverante”, febrero 18, 2018.

“Recuerden que soy muy perseverante, soy muy terco”, agosto 12, 2019.

Las dos frases arriba anotadas son algunas de las muchas que durante años ha utilizado el presidente Andrés Manuel López Obrador para autodefinirse.

Y es indudable que cualquier ser humano que pretenda alcanzar altas metas, no sólo necesita ser necio, obcecado, terco y persistente, como lo asegura AMLO; también debe ser obsesivo, apasionado, testarudo, tenaz, insistente, empecinado, empedernido, obstinado, pertinaz, aferrado, disciplinado, indomable, egocéntrico.

Me consta que todas las personas exitosas que he conocido poseen, si no todas, sí muchas de esas cualidades y en diferentes proporciones, sin importar la actividad humana en que hayan destacado.

La historia humana registra innumerables casos de hombres y mujeres que, por poseer esas cualidades, se separaron del montón y trascendieron.

Gracias a Google y al Internet es posible conocer las vidas, obras y legados de quienes se han destacado, tanto para el bien como para el mal, desde el Cuarto Milenio a. C. —que  es cuando nuestros ancestros empezaron a registrar sus actos— hasta el día de hoy.

Y todos, cada uno de ellos, reunían en su persona varias de las calidades que he referido líneas arriba, incluyendo las que Andrés Manuel reconoce poseer.

Dichas cualidades son similares a las que tuvieron algunos de quienes lo antecedieron en el cargo, entre ellos el que más admira, Benito Juárez, que muchas veces ha sido descrito por sus detractores como un “indio terco”. Opino que quienes así lo han calificado o califican, sin querer lo enaltecen.

Hasta ahora he comentado sobre las cualidades que caracterizan a quienes se destacan sobre los demás en lo que hacen.

Sin embargo, para que el éxito alcanzado por esas mujeres y hombres no sea efímero —como es el caso de tantas y tantos que con el tiempo han sido olvidados— o que su legado en verdad sea positivo para sus semejantes —sean éstos unos cuantos o millones— es necesario que quienes son exitosos, también tengan una cualidad que raramente se ve en ellos: la humildad, entendida ésta como la “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento” (Diccionario de la Real Academia Española).

Y es que por carecer de humildad, muchos hombres y mujeres que alcanzaron el éxito terminaron perdiéndolo lenta o súbitamente; o concluyeron sus carreras, mereciendo la desaprobación y hasta el odio de quienes antes los admiraron; o llevaron a la ruina las organizaciones, pequeñas o inmensas, que les tocó encabezar.

La historia también está repleta de quienes por carecer de humildad, se cayeron de la cima después de alcanzarla, gracias a que poseían las cualidades que anoté en los primeros párrafos, entre ellas las que constantemente menciona el presidente de México, quien hasta el momento ha demostrado sobradamente que carece de la humildad necesaria para reconocer sus limitaciones y errores, y poder escuchar a otros sobre el camino que le debe dar al país.

Por su perseverancia, terquedad, necedad y obcecación AMLO es presidente; por su falta de humildad está llevando al país, ahora sí, al despeñadero.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.