Una de las interrogantes más importantes planteadas en las reuniones regionales de la Mont Pelerín Society, las cuales se celebraron la semana pasada en Buenos Aires, se centra en buscar las razones por las que el populismo, en cualquiera de sus modalidades, tiende a florecer y renacer en forma permanente en la región latinoamericana.

Si el mercado bien entendido, con un sistema de derechos de propiedad bien definido, competencia abierta en todos los sectores económicos, reglas sencillas para nuestro mundo complicado, apertura al comercio global y con una unidad de cuenta estable genera prosperidad y mayores niveles de vida, entonces ¿porqué el romance continuo y constante con el populismo?

Vaya, ¿a qué se debe que una criatura del neopopulismo como Ollanta Humala esté a un paso de ser el próximo Presidente del Perú, país que ha gozado de una extraordinaria bonanza económica bajo las normas de una sociedad abierta?

La pregunta no tiene explicación fácil o inmediata. Se puede fincar responsabilidad, quizá, en la pésima reputación de los empresarios o capitalistas latinoamericanos, los cuales son producto no de un mercado bien entendido, de genuinos caminos de la libertad, sino producto del uso y abuso del proceso entre el proceso político por los corporativistas que buscan sus rentas monopólicas, sus privilegios, usando la corrupción, la violación de contratos, y el cuatismo, en toda la expresión del mercantilismo moderno.

Pero la verdadera solución a este terrible mal no es el populismo, que en su modalidad más reciente se destaca por su mesianismo (caudillos que son amos de la verdad, ahora hasta del amor) y su corolario natural, su autoritarismo: si yo caudillo hablo con la verdad y represento la soberanía popular, hablar en contra del caudillo es traición a la nación, ameritando el castigo consiguiente.

Así pasa en Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros ejemplos del populismo latinoamericano.

Así estuvo a punto de pasar en Buenos Aires, cuando el gobierno consideró que Cristina Fernández de Kirchner contempló la recomendación de intelectuales locales de la ortodoxia política ¡de prohibirle la entrada al escritor Mario Vargas Llosa por sus opiniones sobre como promover una cultura de libertad!

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