Muy arraigada en mis convicciones democráticas se encuentra mi creencia de que las elecciones —con todos los defectos que se les puedan endilgar— son el mejor procedimiento para elegir a los gobernantes en los países del mundo. A diferencia, aun a pesar de esas convicciones democráticas, sostengo que el plebiscito —como mecanismo de la democracia— es un muy deficiente procedimiento para decidir sobre problemas de naturaleza técnica.

El argumento impacta con toda precisión en el blanco de la muy peregrina propuesta planteada por el presidente electo López Obrador para decidir sobre el futuro del llamado NAIM (Nuevo Aeropuerto Internacional de México). Con toda racionalidad, en lugar de un plebiscito sobre ese tema de naturaleza tan técnica, AMLO debería proponer la conformación de una comisión de expertos tanto locales como extranjeros que emitiera una opinión lo mejor fundamentada posible sobre la materia. La opción del plebiscito equivaldría a echar un volado, a comprar un billete de lotería, a convocar a un astrólogo para que decida ese asunto con base en la alineación de los planetas.

Desde luego, yo no debería ser llamado a formar parte de ese comité de expertos en aeropuertos. De la materia sólo sé lo que es obvio: que la capital de México necesita de uno nuevo en razón de la incapacidad del actual para ser ampliado con el ritmo al que crece el tráfico aéreo local. A cargo de ese muy necesario comité de expertos estaría pronunciarse sobre los tres asuntos clave en el NAIM: a) la idoneidad de su localización, b) la pertinencia del proyecto y c) la eficacia en su implementación. De entrada señaló que, si en este último aspecto se encontraran evidencias de malos manejos, debería aplicarse la ley con todo rigor. Pero tampoco estoy anticipando nada en este muy delicado sentido. Que los expertos digan la última palabra en las tres materias enunciadas.

Asimismo, hay que decírselo con toda claridad, aunque también con todo respeto, a AMLO: invocar en este asunto del NAIM la supuesta “sabiduría del pueblo” para que decida con base en tan sólo su intuición y sus prejuicios es fatalmente un mero recurso retórico. Un mero recurso retórico vacío de toda racionalidad y fundamento técnico. Y además otro aspecto de mucha importancia administrativa: AMLO no tomará posesión hasta el 1 de diciembre. ¡No sería legal que previamente lleve a cabo ningún acto ejecutivo!

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico