Se estima que en los últimos 20 años el tiempo medio de traslado en la Ciudad de México se ha incrementado en poco más de 50 por ciento.

El uso del automóvil puede generar dos tipos de externalidades negativas. La primera es cuando un automovilista al circular en su vehículo incurre en costos privados (gasolina, depreciación), pero además impone un costo sobre terceros al arrojar gases contaminantes al aire que se respira. La segunda es la congestión vehicular que se deriva cuando un automovilista, al incorporarse a las vías de circulación, hace que la velocidad promedio de todos (incluyendo el transporte público) se reduzca, lo que aumenta el tiempo de traslado. Este fenómeno se va haciendo cada vez más notorio y más costoso (el tiempo utilizado en el traslado tiene usos alternativos y por lo mismo tiene un costo de oportunidad) a medida que el número de autos en circulación se incrementa. Así, se estima que en los últimos 20 años, como resultado de la creciente congestión vehicular, el tiempo medio de traslado en el área metropolitana de la Ciudad de México se ha incrementado en poco más de 50 por ciento.

La solución más eficiente a ambos tipos de externalidades es imponer un gravamen local a la gasolina tal que encarezca el costo de utilizar el automóvil para que quienes las generan internalicen el daño causado y usen menos el auto. Dado que esto puede no ser posible, una alternativa es cobrar por el uso de las vías de circulación en toda la ciudad (no sólo en el segundo piso). Una forma de hacerlo es con un sistema de permisos comerciables de circulación. La idea, de Haynes Goddard, es que los autos en circulación (de lunes a sábado) nunca sean mayores a 67% de los autos domiciliados.

Operaría de la siguiente manera: cada auto domiciliado recibiría un permiso para circular tres días de la semana; los días serían asignados aleatoriamente con la condición de que todos los días el parque vehicular en circulación con permisos asignados se reduzca 50% (por ejemplo, habría quien recibiera permiso para circular lunes, martes y sábado mientras que otro lo podría hacer lunes, miércoles y viernes y otro martes, miércoles y viernes, etcétera). Estos permisos de circulación serían comerciables de forma tal que si un automovilista tiene permiso para circular el jueves, pero no desea usar su auto ese día, podría venderlo a alguien que requiera circular ese día, pero no tiene el permiso para hacerlo. El precio en este mercado secundario reflejaría el valor que cada automovilista le asigne a usar su auto. Inclusive, el precio podría llegar a un nivel tal que alguien que no pensaba vender su permiso lo haga.

Además, habría un mercado primario operado por el gobierno. La cantidad de permisos que se ofrecerían diariamente estaría limitada a que en un día cualquiera no estén en circulación más de 67% de los autos domiciliados en el área metropolitana. Estos permisos podrían ser adquiridos por automovilistas foráneos o por residentes que no pudieron/desearon acudir al mercado secundario. El precio de los permisos que se vendieran en el mercado primario se fijaría todos los días a las 5 de la mañana y no podría ser menor al promedio del precio observado en el mercado secundario del mismo día de la semana previa. Además, a lo largo del día, el precio en el mercado primario iría aumentado a medida que la cantidad de permisos disponibles se fuese reduciendo. La tecnología para hacerlo está disponible. ¿Utópico? Sí, igual de utópico que pensar que algún día tendremos un sistema público de alta calidad.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.